18 Marzo 2005 Seguir en 
La historia de Aldo Rubén Chávez parece estar rodeada de excesos. Está detenido, acusado por violación y corrupción de menores y, según dijeron fuentes judiciales, nada evitará que por lo menos se le pida la prisión preventiva. Pero a medida que pasan los días se van conociendo más detalles de Chávez, que hablan a las claras que mantenía una doble vida.
Ayer declaró en tribunales un adolescente, que indicó que, engañado, concurrió al departamento de Chávez y que lo amenazaron para que mantuviera relaciones, pero que finalmente el ataque no se concretó. Dijo además que conocía a otros menores, que también habían sido atacados por el ex empleado del Siprosa y por el otro acusado, Marcelo Bollero, aunque este en su declaración indicó que conocía sólo de vista a Chávez.
Amenazas y golpes
Pero ayer, mientras el menor declaraba en el interior de la fiscalía IV, en el exterior, un hombre contaba su patética experiencia, en la que también estaría involucrado el sospechoso. El hombre -cuya identidad se mantiene en reserva- contó que desde el año pasado sus sobrinos, de 10, 14, 16 y 18 años, eran víctimas constantes de los acosos de Chávez. "Les decía groserías; los seguía; los esperaba en la puerta del colegio. Quería que estuvieran con él a toda costa", explicó. El caso se complicó después del 21 de enero pasado. Aquel día el sospechoso (de quien luego conocerían el nombre) se paró frente a la casa de la familia, cuando no estaba ningún adulto y a través del portero eléctrico comenzó a decirles groserías y a relatar las experiencias sexuales que tendrían con él si accedían a acompañarlo. "Los chicos me llamaron a mí; yo fui, y denuncié lo que estaba pasando en la Policía. Tuve que correrlo yo, y lo atrapé, pero la Policía no quería hacer nada. Pretendían acusarnos a los dos por lesiones recíprocas", se quejó. Pero lo peor estaba por suceder. Tras las denuncias que hicieron contra Chávez, la madre de los adolescentes fue secuestrada por varios hombres, que la metieron en un automóvil. Allí la golpearon brutalmente y la dejaron abandonada en el parque 9 de Julio. "Vos no sabés con quién te estás metiendo", le advirtieron. Todo esto fue denunciado tanto en la Policía como en la Justicia, pero no se hizo nada. Hasta que el caso estalló, y la familia afectada se presentó en tribunales para aportar más pruebas en la causa contra Chávez. Chávez tiene un departamento en calle San Martín al 900 y sus vecinos advirtieron que lo visitaban menores en forma asidua, hecho que ya le había causado algunos problemas con los consorcistas.
La causa
Los padres del menor que fue abusado el sábado están todos los días en Tribunales, siguiendo la causa. "No vamos a estar tranquilos hasta que sepamos que no va a salir de la cárcel. Nosotros estamos recibiendo amenazas constantemente, pero nada nos va a amedrentar. Se trata de nuestro hijo, y por eso vamos a seguir adelante hasta que este tipo se pudra en la cárcel, que es donde debió haber estado desde hace mucho tiempo", dijo ayer la madre del menor.
Tenía trabajo en el Siprosa y en la UNT
Aldo Chávez tenía varios trabajos. Además de integrar la planta permanente del Siprosa, aunque estaba adscripto a la Secretaría del Interior cumplía tareas como administrativo en la Escuela de Enfermería, que depende de la Facultad de Medicina de la UNT.
Ayer en la Escuela todo era sorpresa, ya que nadie conocía las actividades de Chávez, ni mucho menos que ya tenía una condena por corrupción de menores en Buenos Aires. "El realizaba tareas administrativas y mantenía contacto con el alumnado, todos chicos ya egresados del secundario. Nunca tuvimos ningún tipo de problemas como este", dijo Elsa Mazza, secretaria de la escuela. La mujer, sin embargo, admitió que Chávez era una persona difícil de tratar. "Es muy impulsivo, muy arrogante y hubo denuncias por la forma como trataba a sus compañeros y a los alumnos", indicó Mazza.
El secretario administrativo de la Facultad de Medicina, Luis Abraham, y el asesor Norberto Rodríguez Vaquero indicaron que se enteraron del problema por la publicación en LA GACETA. "Iniciamos actuaciones de oficio, y lo primero que se hizo fue la suspensión preventiva del pago por la inasistencia. Pero hasta que no tengamos una comunicación de la Justicia, y en caso de haber una condena, no se puede hacer más", dijo Abraham. Explicó además que para entrar a trabajar en la Facultad no se pide certificado de buena conducta. "Las inasistencias (estuvo condenado en Buenos Aires y en Tucumán) las justificaba con certificados médicos", advirtió.
Un mayor control
Por Comisario Jorge Urueña
Ante las situaciones de abusos de menores que se dieron a conocer en los últimos días, los adolescentes y sus padres deben tomar precauciones y, sobre todo, informarse. Los abusadores que actúan en la provincia usan el mismo modus operandi: reclutan a menores a la salida de los establecimientos escolares, en los drugstores y en los cibercafés. Allí, los pedófilos suelen, mediante promesas de regalos o de trabajos, engañar a los chicos con la intención de ultrajarlos.
Es imprescindible que los progenitores profundicen el seguimiento de las actividades de sus hijos y de las compañías que tienen. Los adolescentes suelen acceder a las invitaciones por la necesidad de adquirir ciertos objetos que sus padres no pueden comprarles. El grupo más sensible a estos casos de abusos es el de los chicos de entre 13 y 16 años, etapa en que los jóvenes quieren descubrir cosas pero no conocen las consecuencias. Tanto los padres como los docentes deben advertirles que nadie regala, ofrece o promete algo sin obtener algo a cambio.
Ayer declaró en tribunales un adolescente, que indicó que, engañado, concurrió al departamento de Chávez y que lo amenazaron para que mantuviera relaciones, pero que finalmente el ataque no se concretó. Dijo además que conocía a otros menores, que también habían sido atacados por el ex empleado del Siprosa y por el otro acusado, Marcelo Bollero, aunque este en su declaración indicó que conocía sólo de vista a Chávez.
Amenazas y golpes
Pero ayer, mientras el menor declaraba en el interior de la fiscalía IV, en el exterior, un hombre contaba su patética experiencia, en la que también estaría involucrado el sospechoso. El hombre -cuya identidad se mantiene en reserva- contó que desde el año pasado sus sobrinos, de 10, 14, 16 y 18 años, eran víctimas constantes de los acosos de Chávez. "Les decía groserías; los seguía; los esperaba en la puerta del colegio. Quería que estuvieran con él a toda costa", explicó. El caso se complicó después del 21 de enero pasado. Aquel día el sospechoso (de quien luego conocerían el nombre) se paró frente a la casa de la familia, cuando no estaba ningún adulto y a través del portero eléctrico comenzó a decirles groserías y a relatar las experiencias sexuales que tendrían con él si accedían a acompañarlo. "Los chicos me llamaron a mí; yo fui, y denuncié lo que estaba pasando en la Policía. Tuve que correrlo yo, y lo atrapé, pero la Policía no quería hacer nada. Pretendían acusarnos a los dos por lesiones recíprocas", se quejó. Pero lo peor estaba por suceder. Tras las denuncias que hicieron contra Chávez, la madre de los adolescentes fue secuestrada por varios hombres, que la metieron en un automóvil. Allí la golpearon brutalmente y la dejaron abandonada en el parque 9 de Julio. "Vos no sabés con quién te estás metiendo", le advirtieron. Todo esto fue denunciado tanto en la Policía como en la Justicia, pero no se hizo nada. Hasta que el caso estalló, y la familia afectada se presentó en tribunales para aportar más pruebas en la causa contra Chávez. Chávez tiene un departamento en calle San Martín al 900 y sus vecinos advirtieron que lo visitaban menores en forma asidua, hecho que ya le había causado algunos problemas con los consorcistas.
La causa
Los padres del menor que fue abusado el sábado están todos los días en Tribunales, siguiendo la causa. "No vamos a estar tranquilos hasta que sepamos que no va a salir de la cárcel. Nosotros estamos recibiendo amenazas constantemente, pero nada nos va a amedrentar. Se trata de nuestro hijo, y por eso vamos a seguir adelante hasta que este tipo se pudra en la cárcel, que es donde debió haber estado desde hace mucho tiempo", dijo ayer la madre del menor.
Aldo Chávez tenía varios trabajos. Además de integrar la planta permanente del Siprosa, aunque estaba adscripto a la Secretaría del Interior cumplía tareas como administrativo en la Escuela de Enfermería, que depende de la Facultad de Medicina de la UNT.
Ayer en la Escuela todo era sorpresa, ya que nadie conocía las actividades de Chávez, ni mucho menos que ya tenía una condena por corrupción de menores en Buenos Aires. "El realizaba tareas administrativas y mantenía contacto con el alumnado, todos chicos ya egresados del secundario. Nunca tuvimos ningún tipo de problemas como este", dijo Elsa Mazza, secretaria de la escuela. La mujer, sin embargo, admitió que Chávez era una persona difícil de tratar. "Es muy impulsivo, muy arrogante y hubo denuncias por la forma como trataba a sus compañeros y a los alumnos", indicó Mazza.
El secretario administrativo de la Facultad de Medicina, Luis Abraham, y el asesor Norberto Rodríguez Vaquero indicaron que se enteraron del problema por la publicación en LA GACETA. "Iniciamos actuaciones de oficio, y lo primero que se hizo fue la suspensión preventiva del pago por la inasistencia. Pero hasta que no tengamos una comunicación de la Justicia, y en caso de haber una condena, no se puede hacer más", dijo Abraham. Explicó además que para entrar a trabajar en la Facultad no se pide certificado de buena conducta. "Las inasistencias (estuvo condenado en Buenos Aires y en Tucumán) las justificaba con certificados médicos", advirtió.
Por Comisario Jorge Urueña
Ante las situaciones de abusos de menores que se dieron a conocer en los últimos días, los adolescentes y sus padres deben tomar precauciones y, sobre todo, informarse. Los abusadores que actúan en la provincia usan el mismo modus operandi: reclutan a menores a la salida de los establecimientos escolares, en los drugstores y en los cibercafés. Allí, los pedófilos suelen, mediante promesas de regalos o de trabajos, engañar a los chicos con la intención de ultrajarlos.
Es imprescindible que los progenitores profundicen el seguimiento de las actividades de sus hijos y de las compañías que tienen. Los adolescentes suelen acceder a las invitaciones por la necesidad de adquirir ciertos objetos que sus padres no pueden comprarles. El grupo más sensible a estos casos de abusos es el de los chicos de entre 13 y 16 años, etapa en que los jóvenes quieren descubrir cosas pero no conocen las consecuencias. Tanto los padres como los docentes deben advertirles que nadie regala, ofrece o promete algo sin obtener algo a cambio.







