17 Marzo 2005 Seguir en 
Entre lágrimas y con rosarios apretados fuertemente entre las manos, los familiares del sargento Miguel Angel Rodríguez esperaban ayer ante la puerta de la sala de unidad respiratoria del hospital Padilla. El martes él le disparó a Mirta Peñaflor, que había sido su mujer, y luego intentó suicidarse en la vereda de un supermercado, en Córdoba al 600. El policía se encuentra en gravísimo estado; la mujer, pese a que fue herida en la cabeza, está mejorando.
No fue la primera vez que Rodríguez actuaba violentamente con la mujer, según afirmaron los familiares de la víctima.
"¿Por qué tenía que pasar esto?", gritó, mientras las lágrimas le ahogaban la frase, Silvia Rodríguez, hija del policía. La joven lloraba porque los pronósticos médicos sobre la salud de su padre no son alentadores. "Cuando me dijeron que estaba herido, pensé que había sido en un tiroteo. El era una persona tranquila, que sólo hacía su trabajo", dijo a su vez Juan Rodríguez, uno de los hermanos menores del sargento.
Otro era el clima que se vivía cerca de la cama de la mujer que recibió el disparo, en una sala de internación normal. "La bala le perforó parte del cráneo pero, por suerte, ahora está mejorando", comentó su hija Norma Ponce. "Cuando mi mamá descubrió que él era casado quiso dejarlo. A partir de ese día se puso violento. Una vez amenazó con pegarnos y nos dijo que si nosotros hacíamos la denuncia él se enteraría y que todo sería peor", recordó la joven.
No fue la primera vez que Rodríguez actuaba violentamente con la mujer, según afirmaron los familiares de la víctima.
"¿Por qué tenía que pasar esto?", gritó, mientras las lágrimas le ahogaban la frase, Silvia Rodríguez, hija del policía. La joven lloraba porque los pronósticos médicos sobre la salud de su padre no son alentadores. "Cuando me dijeron que estaba herido, pensé que había sido en un tiroteo. El era una persona tranquila, que sólo hacía su trabajo", dijo a su vez Juan Rodríguez, uno de los hermanos menores del sargento.
Otro era el clima que se vivía cerca de la cama de la mujer que recibió el disparo, en una sala de internación normal. "La bala le perforó parte del cráneo pero, por suerte, ahora está mejorando", comentó su hija Norma Ponce. "Cuando mi mamá descubrió que él era casado quiso dejarlo. A partir de ese día se puso violento. Una vez amenazó con pegarnos y nos dijo que si nosotros hacíamos la denuncia él se enteraría y que todo sería peor", recordó la joven.







