14 Marzo 2005 Seguir en 
Escondida entre troncos, en tubos de gas o en encomiendas. El transporte de droga en la provincia aumenta a pasos agigantados y a los agentes se les dificulta frenar a los narcotraficantes, que renuevan su ingenio cada día y hacen que sus modalidades sean cada vez más difíciles de detectar. Así lo sostienen los expertos, policías, jueces y la realidad: la comercialización y el consumo de estupefacientes en Tucumán han crecido en forma alarmante.
En 2004, en todo el país aumentaron los secuestros de sustancias. Se hallaron 55.000 kilos de marihuana y 3.061 de cocaína, según la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). Pero los expertos de la Sedronar son claros: se detecta sólo entre el 5% y el 7% de las drogas que pasan por un territorio.
En la sala de juicio del Tribunal Oral Federal puede observarse cómo crece el narcotráfico en la provincia, a pesar de que también ha mejorado el desempeño de la Policía, según el juez federal Gabriel Casas, del tribunal.
Durante 2004-dijo Casas- se notó un incremento en los casos de tenencia y venta, mientras que han disminuido las causas por transporte de estupefacientes. Sin embargo, remarcó que la lógica dice que si aumentan la venta y el consumo es porque crece también el narcotráfico, a pesar de que se detecte menos.Para detallar, informó que sobre un total de 34 juicios durante 2004, sólo seis se debieron al transporte de sustancias, mientras que hubo 22 por tenencia con o sin fines de comercialización. "Vemos que creció la venta de marihuana en las casas de familia. También se ve más cocaína, especialmente en el tráfico hacia otras provincias", detalló.En Tucumán, la droga que más circula es la marihuana. Le sigue la cocaína y, en menor medida, las drogas de diseño, como el éxtasis, según explicó el subcomisario Luis Vázquez Abad, jefe de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal.
Según el experto, Bolivia y Paraguay son los países proveedores de sustancias, que llegan a la provincia, casi siempre, elaboradas y listas para vender. "Aumentó el mercado de estupefacientes. Es difícil detener el transporte, que se perfecciona día a día y que, en general, trae la droga fragmentada. "Los ?narcos? prefieren enviar pocos kilos y con varias personas. Si los detectan, es menor la pérdida", dijo.
Mulas y camellos
Las mulas y los camellos son los que más caen aprehendidos por transporte de drogas. Con un detector, puede determinarse si llevan entre las ropas o en el estómago las sustancias. Además, ambos tienen en su contra el hecho de que pueden ponerse nerviosos y delatarse. Por eso es que en opinión del subcomisario Roque Sánchez, segundo jefe de la Dirección General de Drogas Peligrosas de la Policía provincial, estas figuras ya no son tan comunes en la ruta de la droga. "Ya no suelen traerla con personas, sino por encomiendas; por eso es que han bajado los secuestros de sustancias en el transporte. Ahora se halla más en los barrios, donde se comercializa", detalló. "La encomienda puede viajar en colectivo o en avioneta. Se suelen tirar paquetes en descampados", agregó.
La detección de la droga en el transporte, para los expertos, se ha convertido en una cuestión de suerte, a pesar de ingresar más sustancia a la provincia.
Aumentan los "trafiadictos" en barrios
A veces son quioscos. Pero, en la mayoría de los casos, son casas de familia. Como una que allanó la Policía de la Provincia en el barrio El Sol, de El Colmenar. Una vivienda sencilla, con dos dormitorios, un baño y un comedor. Y un detalle de interés: en un balde en la cocina había nueve kilos de pasta base de cocaína, conocida como "Paco", un alucinógeno que lleva a la muerte cerebral en siete meses. Por el hecho, fue detenido un bosnio.
En muchas casas de familias humildes el fenómeno se extiende. Según los expertos, cada vez hay más personas desocupadas que se dedican a venderles droga a sus propios vecinos. "Muchas personas hacen de la droga un medio de vida", explicó el subcomisario Luis Vázquez Abad, de la Policía Federal. Muchos son conocidos como "trafiadictos " porque se inician consumiendo y terminan vendiendo para sostener su adicción. Las detenciones realizadas en 2004 confirman el fenómeno: cayeron casi 30.000 personas en el país en procedimientos por drogas: el 25% de ellas son traficantes, mientras que el 75% restante venden y son consumidores.En el barrio Costanera, muchos vecinos cuentan que algunas casas ponen luces rojas o verdes y en otras suelen colgar un par de calzados en los cables que están sobre sus veredas para marcar los puntos de venta. "Allí hay porros los días de semana. Los fines de semana traen blanca (cocaína)", dijo Carmen R.
Muchas madres del barrio sostienen que la droga está perforando la zona y arruinando a la juventud. "Aquí se puede conseguir en cualquier esquina. Es común ver a alguien parado en una calle y que luego de unos minutos los jóvenes se acerquen a comprarle porros", remarcó Silvia Lescano. Zulema, otra vecina, se enfrentó a varios vendedores. Su hijo ya es adicto. "El drama lo vivimos todos los días. La canchita de fútbol amanece con bolsas de pegamento. Lucho para que esto no siga pasando. Pero la Policía nunca entra al barrio; parece que tiene miedo", dijo.
Según la mujer, en la zona hay almacenes donde no hay demasiados artículos corrientes para comprar, pero sí muchos clientes todo el día. Como el caso de "Quique", quien fue detenido por la Policía el martes, en el barrio 11 de Marzo. En su quiosco, los efectivos hallaron un par de alfajores y 200 porros. En el barrio El Sol, en El Colmenar, donde se secuestró la última gran cantidad de estupefacientes, los vecinos relatan idénticas historias. Sostienen que muchos se dedican a venderles porros a los jóvenes, según Tomasa Chávez.La leyenda de las zapatillas colgantes se repite en muchos barrios: Villa 9 de Julio, Villa Alem, barrio Ejército Argentino y La Bombilla, entre otros, según el subcomisario Roque Sánchez. Según explicó, la estructura de estos sectores marginales favorece a la venta de droga, ya que muchos tienen pasadizos. "La delincuencia los ampara y ataca a la Policía cuando entra", dijo.
Además de vender drogas a los vecinos, hay un método que se mantiene: muchos van en auto a comprar sustancias a estos barrios. Un código difundido: hacer un guiño de luces al llegar.
En 2004, en todo el país aumentaron los secuestros de sustancias. Se hallaron 55.000 kilos de marihuana y 3.061 de cocaína, según la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). Pero los expertos de la Sedronar son claros: se detecta sólo entre el 5% y el 7% de las drogas que pasan por un territorio.
En la sala de juicio del Tribunal Oral Federal puede observarse cómo crece el narcotráfico en la provincia, a pesar de que también ha mejorado el desempeño de la Policía, según el juez federal Gabriel Casas, del tribunal.
Durante 2004-dijo Casas- se notó un incremento en los casos de tenencia y venta, mientras que han disminuido las causas por transporte de estupefacientes. Sin embargo, remarcó que la lógica dice que si aumentan la venta y el consumo es porque crece también el narcotráfico, a pesar de que se detecte menos.Para detallar, informó que sobre un total de 34 juicios durante 2004, sólo seis se debieron al transporte de sustancias, mientras que hubo 22 por tenencia con o sin fines de comercialización. "Vemos que creció la venta de marihuana en las casas de familia. También se ve más cocaína, especialmente en el tráfico hacia otras provincias", detalló.En Tucumán, la droga que más circula es la marihuana. Le sigue la cocaína y, en menor medida, las drogas de diseño, como el éxtasis, según explicó el subcomisario Luis Vázquez Abad, jefe de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal.
Según el experto, Bolivia y Paraguay son los países proveedores de sustancias, que llegan a la provincia, casi siempre, elaboradas y listas para vender. "Aumentó el mercado de estupefacientes. Es difícil detener el transporte, que se perfecciona día a día y que, en general, trae la droga fragmentada. "Los ?narcos? prefieren enviar pocos kilos y con varias personas. Si los detectan, es menor la pérdida", dijo.
Mulas y camellos
Las mulas y los camellos son los que más caen aprehendidos por transporte de drogas. Con un detector, puede determinarse si llevan entre las ropas o en el estómago las sustancias. Además, ambos tienen en su contra el hecho de que pueden ponerse nerviosos y delatarse. Por eso es que en opinión del subcomisario Roque Sánchez, segundo jefe de la Dirección General de Drogas Peligrosas de la Policía provincial, estas figuras ya no son tan comunes en la ruta de la droga. "Ya no suelen traerla con personas, sino por encomiendas; por eso es que han bajado los secuestros de sustancias en el transporte. Ahora se halla más en los barrios, donde se comercializa", detalló. "La encomienda puede viajar en colectivo o en avioneta. Se suelen tirar paquetes en descampados", agregó.
La detección de la droga en el transporte, para los expertos, se ha convertido en una cuestión de suerte, a pesar de ingresar más sustancia a la provincia.
A veces son quioscos. Pero, en la mayoría de los casos, son casas de familia. Como una que allanó la Policía de la Provincia en el barrio El Sol, de El Colmenar. Una vivienda sencilla, con dos dormitorios, un baño y un comedor. Y un detalle de interés: en un balde en la cocina había nueve kilos de pasta base de cocaína, conocida como "Paco", un alucinógeno que lleva a la muerte cerebral en siete meses. Por el hecho, fue detenido un bosnio.
En muchas casas de familias humildes el fenómeno se extiende. Según los expertos, cada vez hay más personas desocupadas que se dedican a venderles droga a sus propios vecinos. "Muchas personas hacen de la droga un medio de vida", explicó el subcomisario Luis Vázquez Abad, de la Policía Federal. Muchos son conocidos como "trafiadictos " porque se inician consumiendo y terminan vendiendo para sostener su adicción. Las detenciones realizadas en 2004 confirman el fenómeno: cayeron casi 30.000 personas en el país en procedimientos por drogas: el 25% de ellas son traficantes, mientras que el 75% restante venden y son consumidores.En el barrio Costanera, muchos vecinos cuentan que algunas casas ponen luces rojas o verdes y en otras suelen colgar un par de calzados en los cables que están sobre sus veredas para marcar los puntos de venta. "Allí hay porros los días de semana. Los fines de semana traen blanca (cocaína)", dijo Carmen R.
Muchas madres del barrio sostienen que la droga está perforando la zona y arruinando a la juventud. "Aquí se puede conseguir en cualquier esquina. Es común ver a alguien parado en una calle y que luego de unos minutos los jóvenes se acerquen a comprarle porros", remarcó Silvia Lescano. Zulema, otra vecina, se enfrentó a varios vendedores. Su hijo ya es adicto. "El drama lo vivimos todos los días. La canchita de fútbol amanece con bolsas de pegamento. Lucho para que esto no siga pasando. Pero la Policía nunca entra al barrio; parece que tiene miedo", dijo.
Según la mujer, en la zona hay almacenes donde no hay demasiados artículos corrientes para comprar, pero sí muchos clientes todo el día. Como el caso de "Quique", quien fue detenido por la Policía el martes, en el barrio 11 de Marzo. En su quiosco, los efectivos hallaron un par de alfajores y 200 porros. En el barrio El Sol, en El Colmenar, donde se secuestró la última gran cantidad de estupefacientes, los vecinos relatan idénticas historias. Sostienen que muchos se dedican a venderles porros a los jóvenes, según Tomasa Chávez.La leyenda de las zapatillas colgantes se repite en muchos barrios: Villa 9 de Julio, Villa Alem, barrio Ejército Argentino y La Bombilla, entre otros, según el subcomisario Roque Sánchez. Según explicó, la estructura de estos sectores marginales favorece a la venta de droga, ya que muchos tienen pasadizos. "La delincuencia los ampara y ataca a la Policía cuando entra", dijo.
Además de vender drogas a los vecinos, hay un método que se mantiene: muchos van en auto a comprar sustancias a estos barrios. Un código difundido: hacer un guiño de luces al llegar.







