La misa de hoy: domingo de la Palabra de Dios

Presbítero Marcelo Barrionuevo.

26 Enero 2025

La Iglesia pone en consideración la importancia de la Palabra de Dios, que la tenemos en la Sagrada Escritura. San Jerónimo decía que quien conoce las escrituras, conoce a Cristo. Meditemos con este evangelio dominical la importancia de escuchar a Dios que nos habla.

Cristo anuncia la liberación de los pobres, los cautivos y los ciegos, carencias que engloban todas las necesidades humanas (corporales y espirituales). Abarca la totalidad de las ataduras humanas pero, especialmente, la del pecado. No existe ningún fundamento bíblico que lleve a confundir la salvación cristiana con las propuestas de signo político, con programas económicos o de promoción social y cultural, aunque no sean ignoradas. ¿Es preciso recordar que Cristo no fundó ningún dispensario médico, aun cuando curó a muchos?

La misión de la Iglesia es de naturaleza eminentemente espiritual, aunque a lo largo de su historia ha creado y promovido innumerables organismos de ayuda de todo signo. Los primeros cristianos manifestaron su amor a todos atendiendo las necesidades materiales sin olvidar las del alma. No daban sólo lo que les sobraba, eran generosos y espléndidos, sino que se daban “a sí mismos, primeramente al Señor y luego, por voluntad de Dios, a nosotros” (2 Cor 2,5). Con toda probabilidad alude San Pablo aquí a la evangelización. S. Tomás dice: “así debe ser el orden en el dar: que primero el hombre sea aprobado por Dios, porque si no es grato a Dios, tampoco serán recibidos sus dones”. Hemos de ser sensibles a las necesidades. “No puede un cristiano conformarse con un trabajo que le permita ganar lo suficiente para vivir él y los suyos: su grandeza de corazón le impulsará a arrimar el hombro para sostener a los demás, por un motivo de caridad, y por un motivo de justicia” (S. Josemaría ).

Pero hay una pobreza cultural religiosa, una esclavitud y una ceguera del alma, que deben ser atendidas con mayor desvelo aún. “El que ama a su prójimo, debe hacer tanto bien a su cuerpo como a su alma”, sentencia S. Agustín. Preguntémonos: ¿me preocupan quienes me rodean, su ausencia de espiritualidad, angustias, vacío, tristeza? ¿Olvido que si ayudo a los demás a conocer a Jesucristo y seguirle, pondré remedio a asuntos que no se solucionan con remedios humanos sólo y contribuiré a que, como en Nazaret, muchos lo alaben?

Es un tiempo global de muchas confusiones, de un cambio de época que parece irreductible: Inteligencia Artificial, comunicación instantánea, carencia de diálogo humano y cristiano, desconcierto en muchas realidades. La realidad nos impele a una búsqueda permanente de la verdad de Dios, del hombre y del mundo y lo podemos hacer en clave de Jesucristo.

Como nunca debemos afrontar el mensaje integral de Cristo: al cuerpo y a su espíritu del hombre de Dios. Recordando a S. Pablo, podemos distribuir todos nuestros bienes a los pobres, que si nos faltara el amor a Dios y, por él, a todos los hombres y a todo el hombre, no seríamos sino una campana que suena, alguien que se movió un poco, pero cuyo eco se pierde en el silencio del tiempo, como el tañido de las campanas cuando muere la tarde.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios