20 Enero 2005 Seguir en 
Una mujer de 27 años fue asesinada ayer a la madrugada en una humilde casa de un barrio de Concepción, aparentemente luego de haber mantenido una discusión con su novio a quien le habría comunicado -teniendo en cuenta que se había enterado de que él era cansado- que ya no quería ser más su pareja. El sospechoso está detenido y la Policía secuestró lo que se supone es el arma homicida.
La tragedia se habría desencadenado a las 4 en un asentamiento ubicado sobre la ruta 329, que une Concepción con La Trinidad. Allí vivía Mirta Mansilla Aguilera junto con una pequeña hija. La mujer trabajaba como inspectora de tránsito de la Municipalidad de Concepción.
María Laura Aguilera de Mansilla, la madre de la víctima, relató que su hija salía con Julio Rivadero, un albañil de la zona. Todas las personas que fueron entrevistadas por los policías coincidieron en que fue justamente Rivadero quien dio la voz de alarma sobre lo que había sucedido, aunque les dijo a los vecinos que Mirta se había suicidado.
Sin embargo, los miembros de la comisión policial supervisada por los comisarios Ramón Quinteros, René Roldán y Enrique Tarascio desconfiaron de la versión, sobre todo porque encontraron la pistola calibre 22 oculta bajo un montón de ropa. El domingo, la esposa de Rivadero había ido a la casa de Mirta y le habría recriminado el hecho de estuviera viviendo un romance con su marido, lo que llevó a esta a comunicarle el martes a la noche a su novio que no quería estar más con él. Ese habría sido el desencadenante de la tragedia.
Por orden de la fiscal de Feria, Cecilia Tasquer, el subcomisario Luis Brito y el oficial Gustavo Gómez detuvieron al acusado.
La tragedia se habría desencadenado a las 4 en un asentamiento ubicado sobre la ruta 329, que une Concepción con La Trinidad. Allí vivía Mirta Mansilla Aguilera junto con una pequeña hija. La mujer trabajaba como inspectora de tránsito de la Municipalidad de Concepción.
María Laura Aguilera de Mansilla, la madre de la víctima, relató que su hija salía con Julio Rivadero, un albañil de la zona. Todas las personas que fueron entrevistadas por los policías coincidieron en que fue justamente Rivadero quien dio la voz de alarma sobre lo que había sucedido, aunque les dijo a los vecinos que Mirta se había suicidado.
Sin embargo, los miembros de la comisión policial supervisada por los comisarios Ramón Quinteros, René Roldán y Enrique Tarascio desconfiaron de la versión, sobre todo porque encontraron la pistola calibre 22 oculta bajo un montón de ropa. El domingo, la esposa de Rivadero había ido a la casa de Mirta y le habría recriminado el hecho de estuviera viviendo un romance con su marido, lo que llevó a esta a comunicarle el martes a la noche a su novio que no quería estar más con él. Ese habría sido el desencadenante de la tragedia.
Por orden de la fiscal de Feria, Cecilia Tasquer, el subcomisario Luis Brito y el oficial Gustavo Gómez detuvieron al acusado.







