La fe mariana movilizó a los peregrinos

Ayer se celebró la solemnidad de la Inmaculada Concepción y La Reducción fue uno de los centros de la fiesta. Este año, familias jóvenes coparon el evento. La salud, la razón principal para pedir y agradecer.

La fe mariana movilizó a los peregrinos

Él se acerca de rodillas a tomar gracia, mientras su esposa lleva en brazos a la pequeña milagro. Esteban Juárez y Daiana Acevedo viajaron a La Reducción para cumplir una promesa que le hicieron a la Virgen del Valle justo el 8 de diciembre de 2022. Hace un año, su hija Nuria (ahora de 4 años) fue sometida a una operación “de la que casi no sale”. Estuvo varios días internada, y sus papás le prometieron a la Virgen que si la salvaba, iban a llevarla todos los años a honrarla. Ahora, un año después, cumplen la promesa, entre lágrimas y con las emociones a flor de piel. La nena está, vestida de virgen, a punto de saludar a su “mamá del cielo”.

Y como el caso de Nuria hay cientos. Es que desde el jueves, el Santuario de la Virgen del Valle de La Reducción se volvió punto de encuentro para los fieles peregrinos cristianos. Con motivo de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el paraje se llenó de visitantes para homenajear a María Inmaculada, en todas sus advocaciones. Tal y como sucede cada 8 de diciembre, el santuario y sus alrededores están repletos: hay familias en carpas, grupos de jóvenes con canciones de alabanzas y personas de todas las edades haciendo fila para pedir, agradecer y prometer a la Virgen.

Peregrinos

Con sombrillas o con gorras para evitar el sol, los fieles hacen fila para entrar a tomar gracia en el predio. Adentro ya están los que llegaron temprano. Nahir Olea está en su carpa con su esposo Carlos y las adolescentes Delfina e Indiana. Viven al pie del cerro en Yerba Buena y, como todos los años, salieron de casa a las 23.30 (del jueves) a pie. “Venimos a agradecer y a pedir, por un vecino, por la sobrina de mi esposo y por una cuñada. Siempre venimos caminando toda la noche, alumbrándonos con el celular, y nos vamos después de la misa de las 11”, cuenta. “Es mucho sacrificio; y cuesta, pero se puede”, añade Delfina.

Las carpas ocupan bastante del jardín. Pero quienes también llaman la atención son los ciclistas. Mientras se realiza una de las misas, “Las cicloides” -dicen, así se llaman- están ubicados a la sombra con sus rodados. Ya visitaron el predio en 2022, y decidieron repetir la experiencia este año, también en bici. “Queremos dar gracias a la Virgen. Sabemos que algunos (bikers) han ido a Catamarca, pero nosotros no estamos tan preparados. Por eso venimos acá, a 24 kilómetros de San Miguel de Tucumán”, comenta Julio Estefan, uno de los miembros del grupo. “La Virgen nos motiva a esto; yo, personalmente, vengo a agradecer. Mi hijo tuvo un accidente en moto el sábado pasado, y gracias a la Virgen está bien, conservó su pierna. Por eso estoy acá. Hoy, en vez de cuidarlo, vengo a darle las gracias a ella”, añade Fabiana Díaz.

La fe mariana movilizó a los peregrinos

En la misma zona de carpas están descansando Juan Córdoba y su familia. Su madre, de 70 años, custodia la imagen de la Virgen del Valle que la familia llevó a La Reducción. “Llegamos a las tres y media de la mañana; salimos a las siete de la tarde de Las Talitas. El camino estuvo tranquilo, por suerte”, cuenta Juan mientras sus hijos juegan con la mamá, Rita Zamorano. “Venimos a pedir y a agradecer, por nuestros hijos, que nacieron enfermitos, pero ahora están bien”, agrega él y resalta: “es un día especial. ¡hasta nos cortamos el pelo para venir!”.

Por los más pequeños

A diferencia de otros años, en los que la presencia de adultos mayores es regla, en esta ocasión el público joven es mayoría. Destacan los padres que llevan a sus hijos para agradecerle a la Virgen. Luego de una larga fila, salen de saludar a la histórica imagen de La Venerada Virgen del Valle Nadia Sosa y su papá Roberto. Él, en brazos sostiene a su nieta Joseline Ludmila; como puede, intenta que el sol no se pose sobre la piel de la recién nacida. “Tiene 17 días -cuenta su mamá-. Cuando nació, se le estaba pasando la hora, estaba mal. Estuvo días internada porque le faltaba el oxígeno; yo le pedí a la Virgen que la salvara. Y le devolvió la vida. Nosotros venimos todos los años, y ahora ella nos va a acompañar”. “Dios existe, y la Virgen también. Por eso venimos siempre. Ahora con ella, que es una hermosura”, agrega Roberto, sin quitarle la mirada a la bebé.

Con motivo del Día de la Virgen también se realizaron bautismos en el santuario, de 11 a 12. Con el lema “Felices los que caminan juntos con María del Valle”, padres y padrinos ingresaron al templo para que los niños tomaran el primer sacramento. Ahí están Carlos Alberto Velázquez y Analía Díaz; ella sostiene en brazos a su hija Paula Agustina, de 11 meses. “Elegimos este día porque Analía, antes de que naciera nuestra hija, tuvo dos meses complicados, con dengue, bronquiolitis y neumonía. Estuvo internada dos o tres semanas, siempre apoyándose en su fe a la Virgen. Este es un día muy especial para nosotros”, resume Alberto.

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