14 Enero 2005 Seguir en 
El logró lo que quería. La Justicia también. Gerardo Artaza, el hombre que llegó a acumular más de 50 causas en Tribunales, recibió un beneficio pocos días antes de fin de año. A raíz de un hábeas corpus que presentó su abogado, le concedieron la detención domiciliaria. Pero para evitar cualquier problema, en la puerta de la casa hay tres policías; sus amigos tienen días especiales para visitarlo y cualquier persona que trasponga la puerta debe ser requisada. Igual que en la cárcel.
En 2005 Artaza deberá ser sometido por lo menos a un juicio oral. Sucede que durante 2004, en medio del escándalo de las 4x4 en Tribunales, su nombre salió a la luz por la cantidad de causas que había en su contra, todas relacionadas con la cesión presuntamente fraudulenta de vehículos. La mayoría de las causas es por estafas. Ante esto, la Justicia, en mayo pasado, ordenó su detención, y el ministro fiscal Luis de Mitri determinó que todos los expedientes sean girados a una sola fiscalía.
Sin que se realice una pericia psiquiátrica, el abogado de Artaza, Roberto Flores, logró que se ordene que el acusado permanezca internado en el hospital Obarrio. Estando en ese lugar, denunció que varios policías intentaron asesinarlo.
Flores siguió con su embestida judicial y solicitó, también mediante un hábeas corpus, que se le otorgue el beneficio de prisión domiciliaria. En un principio, el juez de Instrucción Víctor Pérez lo denegó, pero Flores apeló y la Cámara, a través del juez Eudoro Albo, le dio la razón.
El último día hábil del año, Artaza fue trasladado a su domicilio, en calle Monteagudo 1.234. Pérez dejó en manos del juez de Instrucción de Feria las medidas que debían tomarse para preservar la seguridad del detenido. Entonces, el juez Juan Francisco Pisa fue inflexible. En su decreto afirma que quienes quieran visitar a Artaza en su casa sólo podrán hacerlo los jueves y los domingos, de 10 a 19. Además, para evitar que le entreguen objetos prohibidos al detenido, los visitantes serán requisados por los tres policías que, deurante las 24 horas, están apostados enfrente de la casa. Los amigos también serán registrados en un libro de guardia, que será elevado luego a la Justicia para saber quiénes fueron a verlo. También se restringió el número de visitantes. Artaza, además, cada 10 días, debe someterse a una revisión médica. Todo como si estuviera en la cárcel. Para colmo, la casa está toda enrejada. Es como si se hubiera decidido a abrir una pequeña sucursal de Villa Urquiza en Villa 9 de Julio.
En 2005 Artaza deberá ser sometido por lo menos a un juicio oral. Sucede que durante 2004, en medio del escándalo de las 4x4 en Tribunales, su nombre salió a la luz por la cantidad de causas que había en su contra, todas relacionadas con la cesión presuntamente fraudulenta de vehículos. La mayoría de las causas es por estafas. Ante esto, la Justicia, en mayo pasado, ordenó su detención, y el ministro fiscal Luis de Mitri determinó que todos los expedientes sean girados a una sola fiscalía.
Sin que se realice una pericia psiquiátrica, el abogado de Artaza, Roberto Flores, logró que se ordene que el acusado permanezca internado en el hospital Obarrio. Estando en ese lugar, denunció que varios policías intentaron asesinarlo.
Flores siguió con su embestida judicial y solicitó, también mediante un hábeas corpus, que se le otorgue el beneficio de prisión domiciliaria. En un principio, el juez de Instrucción Víctor Pérez lo denegó, pero Flores apeló y la Cámara, a través del juez Eudoro Albo, le dio la razón.
El último día hábil del año, Artaza fue trasladado a su domicilio, en calle Monteagudo 1.234. Pérez dejó en manos del juez de Instrucción de Feria las medidas que debían tomarse para preservar la seguridad del detenido. Entonces, el juez Juan Francisco Pisa fue inflexible. En su decreto afirma que quienes quieran visitar a Artaza en su casa sólo podrán hacerlo los jueves y los domingos, de 10 a 19. Además, para evitar que le entreguen objetos prohibidos al detenido, los visitantes serán requisados por los tres policías que, deurante las 24 horas, están apostados enfrente de la casa. Los amigos también serán registrados en un libro de guardia, que será elevado luego a la Justicia para saber quiénes fueron a verlo. También se restringió el número de visitantes. Artaza, además, cada 10 días, debe someterse a una revisión médica. Todo como si estuviera en la cárcel. Para colmo, la casa está toda enrejada. Es como si se hubiera decidido a abrir una pequeña sucursal de Villa Urquiza en Villa 9 de Julio.







