El desaire de Cristina a Macri, la imagen que corporizó la grieta

El análisis de Hugo Lescano, consultor de la OEA en Comunicación no Verbal y Negociación; además dirige el Laboratorio de Investigación en Comunicación no Verbal con sede en Buenos Aires.

11 Dic 2019

El acto de asunción del nuevo presidente en Argentina ha dejado entrever algunos mensajes que no han sido expresados verbalmente pero que han tenido la clara contundencia del mensaje corporal.

El momento en el que el presidente saliente, Mauricio Macri, ingresa y ocupa un lugar junto a Alberto Fernández, momentos antes de cederle los atributos presidenciales, le extiende la mano a Cristina Fernández y ella lo saluda quitándolo de su campo visual, pese a los esfuerzos de Macri de cruzar mirada con ella y mostrando en su rostro una expresión de rechazo profundo.

Segundos después, Cristina amplía la distancia corporal entre ambos, manifestando en esa proxemia, una correlación con la lejanía ideológica y conceptual que separan a ambos.

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Como contraste de este episodio de gran significado y contenido simbólico, Alberto se fundió en un abrazo con Mauricio Macri. Ese abrazo visibilizó una cronemia -nos referimos a la duración de ese acto-, sostenida y afectuosa. Alberto culmina el abrazo plagado de palmadas leves, tocando parte de la cara y cuello de Macri con su mano derecha. Un gesto paternal y afectuoso que no necesariamente implica coincidencia ideológica.

Ese gesto del nuevo Presidente podría interpretarse claramente en línea con sus palabras en su discurso al hablar sobre la necesidad de sobreponernos a la grieta que separa nuestra sociedad y dirigirnos a un encuentro en la diversidad.

En dos fotos, dos expresiones que conviven y convivirán o intentarán hacerlo en un nuevo Gobierno: la de los antagonismos y la de la reconciliación. El tiempo dirá cuál de las dos se impone.

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