Significativo centenariode los padres salesianos

El centenario de la instalación de la Congregación Salesiana en Tucumán, es una fecha hondamente significativa para la historia social, religiosa y cultural de nuestra provincia. Era un pequeño grupo, constituido por dos sacerdotes, un acólito y tres coadjutores, el que llegó a Tucumán el 11 de febrero de 1916. Nadie sospechaba entonces la dimensión que adquiriría este paso. Aunque ya podía conjeturarse lo que los salesianos eran capaces de hacer: lo habían demostrado desde 1875 –año de su llegada a la Argentina- en la vasta tarea de evangelización y de civilización que llevaron a cabo en la Patagonia.

No fue sencilla la radicación de los hijos de don Bosco en Tucumán. Ya hacia 1880, el gobernador de la Provincia, Miguel M. Nougués, impactado por la obra salesiana en un viaje que hizo a Montevideo, gestionó ante el superior de la orden la creación de una casa en Tucumán. Se le contestó que era imposible, por la falta de sacerdotes. Idéntica respuesta recibió el industrial Pedro G. Méndez, a pesar de que ofreció donarles una casa escuela en el centro de la ciudad.

Pocos años después, en 1886, el gobernador Juan Posse reiteró el pedido, e incluso logró que el entonces superior, padre Santiago Costamagna, viniera a Tucumán a examinar el local que se le ofrecía. Era la antigua capilla del Señor de la Paciencia, ubicada en el solar donde luego se instaló el Buen Pastor. Pero el propósito no pudo cristalizar, por la revolución armada que derrocó a Posse al año siguiente, dejando las gestiones en la nada.

Siguió pasando el tiempo. La entonces presidenta de los Vicentinos, Serafina Romero de Nougués, en 1895 efectuó otra gestión directa ante las autoridades de la congregación. No pudo obtener más que promesas. Pero en 1915, el obispo diocesano de Tucumán, monseñor Pablo Padilla y Bárcena, y su auxiliar, monseñor Carlos Echenique y Altamira, reanudaron los trámites ante la inspectoría salesiana. Los apoyaba con firmeza el gobernador Ernesto Padilla. Coincidieron en que fundarían una escuela de artes y oficios.

Facilitó esto, el hecho de que el presbítero Julio Zavaleta, ansioso de que perdurara el asilo que él había fundado, resolvió confiarlo a los padres de don Bosco.

En diciembre de 1915, se concretó esa cesión, y el Gobierno de la Provincia aportó 20.000 pesos para las primeras reparaciones y la compra de las máquinas que utilizarían los futuros talleres. El año siguiente, como decimos al comienzo, arribó el grupo inicial. Su primer colegio con talleres fue el “General Belgrano”. Luego, en 1923, se inauguraría el monumental “Tulio García Fernández”, erigido sobre la manzana que donó la señora de Nougués, y edificado gracias a la impresionante donación de 1 millón de pesos, del industrial Manuel García Fernández.

Desde entonces en adelante, la obra salesiana en Tucumán no ha dejado de crecer. Generaciones de niños y adolescentes se educaron en sus colegios. Tuvo también gran vinculación con nuestro diario, ya que sus talleres formaron, durante décadas, a los tipógrafos y linotipistas. El modo de ser de estos sacerdotes, de fácil trato con la juventud y auténtica vocación de servicio, les daría enorme popularidad, y su influencia en Tucumán ha sido de incalculable significación. Así, complace a toda la comunidad tucumana, la celebración de esta fecha centenaria.

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