Apoyar al deporte amateur es una necesidad

20 Dic 2015 Por LA GACETA
El poderoso mensaje que entregó la imagen del puño cerrado de Miguel Amargós al recibir el premio al Mejor Deportista del Año de LA GACETA es, en esencia, el que en la actualidad brinda todo el deporte amateur de la provincia. En un instante quedó sintetizado todo el esfuerzo, la dedicación, la pasión que miles ponen día a día para transitar un camino por demás regado de inconvenientes. Y que por lo general apenas es conocido, reconocido, difundido y apoyado como corresponde, en oposición a la atención que generan la mayor parte del tiempo disciplinas consideradas profesionales.

Salvo en ocasiones puntuales, como en los Juegos Pananamericanos o en los Olímpicos, los deportes amateurs pasan a un plano protagónico. Aunque no todos corren la misma suerte. Esta especie de invisibilidad a la que varias disciplinas se ven sometidas a lo largo del tiempo reconoce orígenes profundos en nuestro país, con décadas de inacción, tanto en los estamentos públicos como privados. Es una realidad marcada por el desinterés y la desidia, ya no sólo por una disciplina en particular, sino por la actividad física propiamente dicha. Queda claro que, para la sociedad argentina en general, los deportes no constituyen más que un entretenimiento, cuando debiera ser un componente básico de calidad de vida. Mente sana en cuerpo sano, como pregona la cita latina de las Sátiras de Juvenal.

Transitar la ruta del deporte de alto rendimiento como lo hace Amargós no es para cualquiera, queda claro. Pero sin dudas que sería más llevadero si quienes así lo eligen contaran con el apoyo necesario y con el interés de quienes tienen la gran posibilidad de decidir. Y esto debe ser algo que los acompañe desde una temprana edad. Son los deportistas de este nivel quienes habitan un mundo de exigencias permanentes, en el que mantenerse ya es un triunfo. Es de imaginarse entonces qué sucede cuando finalmente logran un objetivo mayor y cuánto eso puede repercutir en aquellos que recién se inician o están ante el desafío de llegar a la meta trazada.

El dato sobre que apenas uno de cada 10 chicos practica deportes de manera sistemática en la Argentina marca un génesis para entender con algún sustento el asunto. También es determinante suponer que buena parte de los impulsores sociales que son los clubes, los complejos y los gimnasios, se han convertido prácticamente en puntos que sólo atraen deportistas de todas las edades, pero sin ofrecerles buenas infraestructuras y recursos, y pecando por orfandad de dirigentes. Muchos de esos sitios son usados por diversos intereses, otros ignorados. En su diario transitar, semejan contenedores de voluntades sin un lógico contexto de planificación que permita desarrollar proyectos de vida.

En ese campo de acción minado, se torna extremadamente difícil seguir una lógica de acción si lo que se pretende es sumar a nuestra sociedad más ejemplos como el de Amargós. Ni siquiera la reciente aprobación de la Ley del Deporte sobre el final de la gestión de gobierno de Cristina Kirchner aporta claridad sobre qué rumbo puede tomarse en la materia, dado el cambio político producido en el manejo del poder.

La sociedad toda tiene el permanente desafío de entender que deporte, salud y educación van de la mano. Y en ese pensamiento nadie puede quedarse de brazos cruzados. Entender que es necesario hacer un trabajo de base inteligente se torna imperativo. Comprender la esencia misma de la naturaleza humana de querer superarse surge como una necesidad. El puño cerrado de Amargós puede ser un mensaje para que de una vez por todas se produzca la reacción que lleve a la acción.

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