Un radical en el PE y Menem en la Rosada

Cuando el riojano anunció el viraje ideológico del PJ ante el Congreso el 8 de julio, Ramón Isauro Martínez gobernaba Tucumán. El efecto destructivo de la hiperinflación. Por Carlos Abrehu - Columnista invitado

26 Jul 2015
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El mes de julio de 1989 marcó un profundo cambio en la vida del país. Tucumán no fue una excepción en un panorama social convulsionado. En lo político, el mes se abrió y se cerró con negativas a la intervención federal a la provincia.

La inestabilidad se apropió también de la banca de senador que el peronismo le había reservado a Osvaldo Cirnigliaro, cuyo aporte fue clave para la consagración de José Domato. Estos datos no taparon los efectos destructivos de la hiperinflación en los hábitos de los argentinos.

De desaprensiva tildó Domato a la versión de intervención. Antes de asumir, Eduardo Bauzá, ministro del Interior de Carlos Menem, llevó tranquilidad al asegurar ayuda especial para Tucumán.

El nuevo escenario

Menem juró el 8 de julio ante la Asamblea Legislativa. Domato y el presidente del Senado, Hugo Lazarte, viajaron a Buenos Aires con ese motivo.

A cargo del Poder Ejecutivo local quedó el radical Ramón Isauro Martínez, vicepresidente del Senado, que encabezó los festejos del Día de la Independencia. Menem en la Rosada y Martínez en el sillón de Lucas Córdoba, por algunas horas, simbolizaron el bipartidismo gobernante en la Argentina. Martínez, entre 1958 y 1962, fue intendente municipal de esta ciudad por la UCRI.

La Argentina está sacrificada, pero resucitará con el aporte de los argentinos, profetizaba la Iglesia en la homilía del tédeum del 9.

Argentina, levántate y anda, reclamó Menem en su primer discurso. Anunció el inicio de un nuevo tiempo y prometió reglas claras y equitativas para los capitales extranjeros. Cirugía mayor para el Estado, planteó en un giro novedoso del discurso peronista. Ese tiempo nuevo que anticipaba Menem no era otra cosa que la adecuación al escenario mundial signado por la economía de mercado.

El rumbo elegido estaba señalado por las privatizaciones y las desregulaciones, apuntó el politólogo Hugo Quiroga

Con esas definiciones repiqueteando en sus oídos, regresaron Domato y Lazarte a Tucumán. Todas las provincias están en crisis, se consolaba el gobernador.

Precios por los nubes

Estamos angustiados por la desenfrenada escalada de precios que está produciendo el pánico, reconocía el radical Martínez, durante su breve interinato en el gobierno.

La pulverización del ingreso por la suba incontenible de los precios impactó negativamente en distintas esferas del consumo. En ese gélido julio de 1989 el pesimismo se apoderó del comercio y empezaron los despidos. Los cines y los bares estaban desiertos. Se verificó también un significativo descenso en las operaciones con tarjetas de crédito. Al mismo tiempo, las heladas estragaban los cañaverales, sobre todo en el este de Tucumán. El agotamiento de los alimentos que entregaba Caritas derivó en incidentes que marcaban la gravedad de la situación social, en los últimos días de julio. A todo esto, la Unión Industrial de Tucumán manifestó su apoyo al plan menemista.

Preparativos bélicos

Mientras el peronismo intentaba asimilar el discurso ideológico de Menem, el choque por la senaduría adjudicada a Cirnigliaro en 1987 empezó a tomar cuerpo.

Eduardo Menem, presidente del Senado, notificó a Domato y a Lazarte que Tucumán debía designar el nuevo senador antes de diciembre. Lazarte giró entonces la resolución de la Asamblea Legislativa con el pliego de Cirnigliaro. Pero Roberto Castro -titular de Diputados- arguyó la invalidez de la designación. Ante eso, la conducción del congreso del PJ defendió el título de Cirnigliaro, por haber sido elegido por Menem.

Ya en funciones, Bauzá repetía el 24 de julio: no se intervendrá a Tucumán.

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