Las 12 homilías que escuchó Alperovich

Las homilías de los Tedeum en los 9 de julio siempre han tenido contenido político. En sus 12 años de gestión, el gobernador, José Alperovich, pese a profesar la fe judía, asistió a la ceremonia religiosa y atendió los mensajes de la lglesia. La pobreza, la inmoralidad, la necesidad de diálogo, de menos confrontación, la crisis moral, la falta de trabajo y la necesidad de transparencia y de un liderazgo, fueron algunos de los aspectos que abordaron los mensajes de los arzobispos Luis Héctor Villalba (2004-2011) y Alfredo Zecca (2012-2015)

10 Jul 2015
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EN 2004. Fue la única vez que el presidente Néstor Kirchner asistió a la ceremonia religiosa, en la que el arzobispo Villalba aludió a las desigualdades entre las zonas ricas y pobres del país. la gaceta / foto de juan pablo sanchez noli (archivo)

2004
Brecha entre regiones pobres y ricas

“La Argentina es un país con profundos desequilibrios y desigualdades entre las regiones. Existe una gran brecha que afecta a las regiones en la distribución del ingreso, con una disparidad de 10 a 13 veces entre la jurisdicción más pobre y la más rica. Hay una gran asimetría regional, siendo las provincias del Norte las más pobres. Cinco jurisdicciones concentran el  85% de la riqueza del país. No podemos construir una nación ignorando la realidad de todo el país. El mapa de la desigualdad muestra la distancia que separa a las provincias del norte con respecto a las del resto del país. El norte argentino, integrado por el NOA y el NEA, presenta el porcentaje más alto de personas pobres y con Necesidades Básicas Insatisfechas; y la mayor proporción de hogares que están bajo la línea de pobreza y de indigencia”.


2005
Se padece una crisis moral, no sólo política y económica

“Congoja y esperanza son nuestros sentimientos en esta hora de la patria. Están heridas nuestras familias porque en muchas de ellas el padre carece de trabajo y de una remuneración digna; está herida nuestra salud, por una atención cara y deficiente; está herida la educación por docentes mal pagados y dificultades para la asistencia escolar; está herida nuestra juventud, por una pérdida de esperanza y de posibilidades; está herida la ancianidad desprotegida; está herida nuestra justicia por la pérdida de confianza. Está herida la política por la pérdida de credibilidad. Pero por grave que pueda parecer todo esto, no es sino la superficie de un mal mucho más grave. Padecemos una crisis no sólo económica y política, sino fundamentalmente moral. La causa de todos estos males es de orden moral. Se ha olvidado la ley moral que señala lo legítimo y reprueba lo ilegítimo”.

2006
Desconcierto ante los fenómenos de la inmoralidad

“¿Qué debemos hacer? Ésta es la pregunta que debemos hacernos hoy los argentinos. Aún los no cristianos y los no creyentes se la plantean a su manera, pues es la pregunta por el sentido pleno y último de la vida. ¿Qué debemos hacer frente a la actual situación de nuestra Patria? ¿Qué debemos hacer para construir la casa, que es nuestro país, sobre roca firme y no sobre arena movediza? Porque la pérdida de los valores humanos y morales fundamentales nos afectan no sólo como personas, sino también como sociedad, planteamos este interrogante, aún a aquellos que no comparten nuestra fe, pero que son sensibles por el bien del hombre y están atentos al futuro de la Nación. ¿Qué debemos hacer? Muchos ciudadanos se sienten desconcertados frente a los graves fenómenos de inmoralidad”.

2007
La falta de trabajo constituye una deuda social no saldada

“Los hoy llamados “chicos de la calle”, ya forman parte de nuestra realidad cotidiana. La pobreza, la miseria, la desunión de la familia, el abandono de la educación, son otras tantas causas de este mal. En nuestro país hay 400.000 chicos de entre cinco y trece años que trabajan. El trabajo infantil alimenta el círculo vicioso de la pobreza. Se debe, seriamente, combatir el flagelo de la droga cuyas víctimas principales son nuestros jóvenes. La droga, mata, destruye a la persona. Hay que hacer más. Son muchos los adultos que viven en la pobreza y en la indigencia. Hay que reconocer que el crecimiento económico no resolvió el problema de la exclusión y la iniquidad social. Si bien los planes sociales fueron, en su momento, una necesidad para enfrentar la crisis, no solucionan los problemas y cuando se prolongan en el tiempo desalientan la cultura del trabajo. La falta de trabajo sigue siendo una deuda social no saldada”.

2008
El poder político debe dar un ejemplo de concordia

“Renovemos nuestro compromiso de ser constructores de una sociedad más solidaria, más justa, de ser artífices de la paz verdadera. Sabemos, por experiencia, que estas tareas nos desbordan. El espíritu de concordia -de “consenso”- es un bien común que nadie puede poner en peligro por ninguna clase de intereses, aunque parezcan muy legítimos. Confío firme y plenamente en la sociedad argentina. Tiene grandes virtudes y entre ellas la solidaridad, cuando se la dirige con acierto, con grandeza de espíritu y con amor. Es relativamente fácil conseguir la convivencia en paz, siempre que desde el poder -político, eclesial, económico, social - se dé un ejemplo de concordia y sepa utilizarse el diálogo sincero y honrado. El diálogo es la expresión culta y civilizada de una sociedad pluralista y democrática”.

2009
El país reclama honestidad y transparencia

“La patria no comienza hoy con nosotros, pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Por eso nos toca a nosotros seguir creando y construyendo la patria. Edificar la patria: esa es nuestra tarea. Esta tarea hace renacer en nosotros una gran esperanza. Pero, también, una gran responsabilidad hacia esa inmensa multitud de hermanos nuestros que necesitan pan, trabajo, educación, seguridad, paz. Queremos ser para ellos constructores de un mundo más solidario, más justo, más humano, el mundo que anhela el corazón del hombre. Si hay algo que el país reclama es la honestidad, la transparencia: en una palabra, la moral de todos sus ciudadanos, comenzando por quienes tienen mayores responsabilidades políticas, económicas, sindicales, culturales, religiosas”.

2010
Se necesita un liderazgo que supere la omnipotencia del poder

“Necesitamos generar un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la mera gestión de las urgencias. Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente debe ser, antes que nada, un testigo. Es decir, alguien que, con su testimonio personal sea expresión de coherencia y ejemplaridad. El dirigente merecedor del respeto de sus adversarios, escucha, genera confianza, dialoga, busca consensos y sabe construir, defendiendo su posición con argumentos nobles. Extrañamos al dirigente que, sin mentir y con lealtad a sus convicciones, antepone  el “bien común” a sus ambiciones personales de poder. El dirigente auténtico sabe y tiene presente que el poder es servicio”.


2011
Se debe construir un mundo más solidario

“La Patria es un don, la Nación una tarea. Edificar la Nación: esa es nuestra tarea. Por eso venimos también a orar por el porvenir de la Argentina. En este día de la Patria renovemos nuestro compromiso de ser constructores de una sociedad más solidaria, más justa, de ser artífices de la paz verdadera. Esta tarea hace renacer en nosotros una gran esperanza. Pero, también, una gran responsabilidad hacia esa inmensa multitud de hermanos nuestros que necesitan vivienda, alimento,  trabajo, educación, salud, seguridad. Queremos ser para ellos constructores de un mundo más solidario, más justo, más humano, el que anhela el corazón del hombre”.

2012
Fortalecer las instituciones democráticas

“Los obispos argentinos, con vistas al Bicentenario de la Nación, proponemos algunas metas que estimamos prioritarias para la construcción del bien común. Son las siguientes: recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas, avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo, alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables, fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad, mejorar el sistema político y la calidad de la democracia, afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de bienes, implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral, promover el federalismo y profundizar la integración en la Región”.

2013
Procurar el consenso a través del diálogo

“El camino al Bicentenario y las posibilidades que tiene Argentina son inmensas, pero para aprovecharlas debemos ser honestos y reconocer que en el camino recorrido hemos cometido errores que es indispensable corregir. Toda democracia padece momentos de conflictividad y estamos atravesando uno de ellos. La confrontación puede parecer el camino más fácil. Pero el modo más sabio y oportuno es procurar el consenso a través del diálogo. Argentina necesita hoy más que nunca reconciliación, diálogo y consenso. Ello hará posible concretar políticas públicas que permitan solucionar de modo definitivo los problemas de injusticia e inequidad”.

2014
Construir un proyecto común fiel a nuestra identidad

“Los argentinos compartimos un territorio, una historia, una cultura, y, fundamentalmente, la decisión de construir un proyecto común fiel a nuestra identidad, capaz de recoger de nuestra propia historia, no tejidos muertos, sino líneas inspiradoras de vida. La historia marcha irrevocablemente hacia el futuro y ese proyecto común, fiel a nuestra identidad, ha de realizarnos como pueblo y hacer de nuestra nación una Patria cada vez más fraterna, justa y soberana. Esta dinámica de fidelidad a nuestros originales rasgos culturales y, a la vez, de proyección hacia el futuro tiene, sin embargo un supuesto insoslayable: la autoconciencia como pueblo, como argentinos, que debe ser siempre rememorada y enriquecida”.

2015
Se sancionan leyes de dudosa legitimidad

“Argentina y el mundo, Occidente en particular, han cambiado, pero,  desgraciadamente, han cambiado para peor. Los valores que sustentaron nuestra nacionalidad han sido dejados, en gran medida, de lado. Así vemos que se sancionan leyes de dudosa legitimidad jurídica, basadas en un positivismo inaceptable se articulan políticas públicas que ignoran  elementales derechos humanos se  ataca impunemente a la Iglesia y se vulneran sus derechos y, hasta en algunos medios de comunicación social, se la agrede injustamente, ridiculizando valores religiosos y a quienes los profesan. No se persigue abiertamente, pero se intimida, no se respeta el derecho de actuar conforme a la propia conciencia y, con ello mismo, se va creando un ambiente de temor en el que ya no es posible confesar abiertamente la fe y actuar en consecuencia. Esto en una sociedad que  se dice democrática y pluralista. Me pregunto ¿de qué pluralismo y democracia se habla? ¿De la de un discurso único y excluyente que convierte automáticamente en enemigo al que con todo derecho discrepa?”

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