Francisco Grahl, una pieza importante en Atlético

Las lesiones complicaron al volante durante su carrera, pero con optimismo y la ayuda de su familia pudo recuperarse.

01 Oct 2014
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DISTINTO. Grahl, que pasó por Boca y sufrió dos lesiones que casi lo empujan a dejar el fútbol, hoy brilla en Atlético. El líder de la B Nacional lo tiene a él como uno de sus pilares estratégicos en la cancha.

Recién había entrado en la mayoría de edad cuando Boca se interesó en él. Chico de barrio, figura de Almirante Brown, Francisco Grahl era el diamante que el “xeneize” estaba dispuesto sumar en 2010, para foguearlo a su medida. Las condiciones de este enganche con despliegue de carrilero y con el plus de no hacer escándalos si el trabajo lo obligaba a ensuciarse la ropa fueron algo así como la firma adelantada de su check in a La Ribera. Era otro mundo el que le esperaba al juvenil en uno de los clubes más importantes del país.

Llegó y se sintió como en casa. Debutó al mando de Roberto Pompei contra Olimpo y lo que era un sueño, a la semana siguiente mutó en una pesadilla. Un patadón de un pibe de Independiente, tal cual lo describe, en un cotejo de la Reserva lo sacó de la cancha y del resto de la temporada. “Me rompí los ligamentos cruzados de la rodilla derecha”, recuerda ahora con cierta nostalgia el cerebro de este Atlético, líder de su zona de la B Nacional que hoy, a las 20.30 (televisa Canal 10) buscará estirar su buen presente ante Santamarina, en Tandil.

Esa lesión le complicó la vida, en todo sentido. “Había ido a préstamo por un año y no me quedaba mucho tiempo”, evoca Grahl. Pero el hombre se recuperó y volvió a entrar en consideración del DT de la Reserva. “En 2011 volví, jugué medio torneo y Boca decide comprarme el 80% del pase”, en esas palabras con aroma añejo relata el anticipo de un nuevo tormento. “Firmé por tres años. Jugamos en Santa Fe contra Unión y me lesioné solo. Descubren que sufría osteocondritis en la rodilla derecha”. En aquel instante, después de recibir los estudios médicos “Fran”, prácticamente, miraba el futuro como un retirado. El anhelo de vivir del fútbol era ya un espejismo. No fue cualquier lesión. La osteocondritis destruye el tejido óseo, afecta el crecimiento de los huesos.

“Estuve un mes en cama sin poder pisar. Tenía pensado dejar todo”. Si no lo hizo fue porque Candela, su hija, lo empujó a lo imposible. “Me preguntaba por qué no jugaba, que me quería ver. Me mataba cada vez que me decía eso”, dice. Eso lo llevó a consultar a profesionales y realizar la rehabilitación necesaria para dejar atrás el problema. Entonces empezó la reencarnación del futbolista. “Me recuperé, volví a Brown, tuve un muy buen campeonato y vino la chance de Atlético”, repasa en limpio sus pasos luego de salir del mismísimo infierno.

En Tucumán encontró ese mundo que no llegó a disfrutar en Boca. “Se formó un grupo sin diferencias entre chicos y grandes. Cualquiera bromea con cualquiera. Hay una armonía total y eso dentro de la cancha se nota. El compañerismo es un plus, como también lo es que sabés que entrás a jugar y a disfrutar”, revela lo que para él y sus compañeros son los pilares de un “decano” fortalecido en un certamen donde varios de sus rivales intentan sobrevivir.

Y como el ego es grupal, las estrellas solitarias no caben en esta familia. “Si el equipo no hace las cosas bien, difícilmente uno pueda ser figura. Necesitamos estar bien todos”, afirma el mismo Grahl que todavía sigue sorprendiéndose por el cariño del hincha “decano”.

“Después del partido con Sportivo volvíamos caminando con mi señora y le contaba cómo nos trata la gente acá. Esto es nuevo para mí. Es muy lindo que te reconozcan por lo que hacés”.

Pensar que si Candela no pedía por un papá en cancha, quién sabe dónde estaría Grahl. “Sí, la verdad. Hoy sigo preguntándome qué hubiera hecho de mi vida. Gracias, ‘Cande’, je”.

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