Cortázar, el Perseguido

En sus distintas visitas a México, el escritor argentino fue espiado por agentes de la Dirección Federal de Seguridad. Aquí se reproducen fragmentos de cartas y documentos que hoy pueden encontrarse en el Archivo General mexicano

31 Ago 2014
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UNA LEYENDA. El autor de “Rayuela” y “Bestiario” habría cumplido 100 años el martes pasado. Getty Images

Por Jacinto Rodríguez Munguía - Para LA GACETA - México DF

Julio Cortázar habría cumplido 100 años este 26 de agosto. Perseguidor de formas y estilos narrativos que rompieron los esquemas de la literatura, también buscó incesantemente el acercamiento con los mundos nuevos y los que se gestaban o abortaban a punto de botas y metralletas en América Latina: Cuba, Chile, Argentina, Nicaragua.

Puntal del mundo literario latinoamericano, el escritor visitó muchas veces México. En todas ellas habló contra las dictaduras, defendió a la Revolución Cubana a capa y espada y colocó su capital intelectual en favor de los sandinistas.

Y eso no podía ser pasado por alto por la policía política encabezada por Fernando Gutiérrez Barrios. Los muchachos de la Dirección Federal de Seguridad lo siguieron, espiaron sus conversaciones, interceptaron sus cartas, violaron y copiaron su correspondencia. Lo siguieron como su sombra.

Segmentos de su vida pública y privada hoy descansan en el Archivo General de la Nación, de donde los rescatamos para recordarlo y celebrar junto con él su primer centenario. Feliz cumpleaños, Julio.

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Querido Julio:

En una de tus visitas a México, en agosto de 1980, escribiste a Laure Breton: “Nos alegró mucho recibir tus noticias en esta lejana y solitaria playa. Nos pareció casi un milagro, porque se han perdido muchas cartas provenientes de Francia… Siempre es desagradable pensar que entre esas cartas podía haber alguna cosa realmente importante, y que alguien en algún rincón del mundo está esperando una repuesta que no va a llegar nunca”.

Acaso es un poco tarde para que lo sepas, pero cuando caminabas y escribías desde una playa de Zihuatanejo acompañado de Carol Dunlop, ya eras uno de los “objetivos” del C-047, el grupo especial de la Dirección Federal de Seguridad, el aparato mexicano de espionaje en aquellos años de guerras frías y sucias.

Por los agentes del C-047 no sólo pasaban tus cartas, que por eso tardaban más de lo común en llegar. Desde por lo menos 1967 seguían las cartas que tus amigos de Cuba mandaban. También te seguían cuando te encontrabas con amigos, atendían tus conferencias, registraban tus declaraciones. En pocas letras: te habías convertido en un perseguido del espionaje mexicano.

Te reirás de lo fantástica, absurda e irónica que resulta en este caso la llamada realidad. Mira, si no. Tú, que tanto levantaste la voz por la libertad de los presos políticos, hoy vives y convives en papel al lado de los expedientes de aquellos estudiantes del movimiento estudiantil de 1968 y de “subversivos” de los años 70.

Cuando viniste por primera vez a México, en 1975, lo que hoy es el Archivo General de la Nación (AGN) hospedaba a la cárcel donde permanecían detenidos decenas, quizá centenas, de guerrilleros mexicanos, a los que el gobierno de entonces llamaba con odio “subversivos” y “terroristas”.

En esa ocasión escuchaste las historias de detenidos por la junta militar de Augusto Pinochet en Chile. Ellos, los agentes de la policía política, también lo hicieron. Siguieron registrando tus palabras, tus reuniones, las conferencias que ofreciste en Bellas Artes y en la UNAM, tus esfuerzos por conseguir la libertad de los presos en Argentina, Uruguay y otras naciones.

Así que hoy 14 de agosto de 2014 he encontrado en la galería 1 del AGN lo que los que agentes del C-047 reportaban de ti.

Querido Julio Cortázar, estás a punto de celebrar tu cumpleaños número 100 y, mágicamente, aquí aún vives “gracias” a los espías que durante años te persiguieron.

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Había pensado enviar esta carta al panteón de Montparnasse, donde habitas desde el 14 de febrero de 1984. Pero no, la mandaré a la dirección que los espías mexicanos tenían registrada: 9 Place du General Beuret, Paris XV Francia, a esa pequeña casa que compraste con lo que la Universidad de Puerto Rico te pagó por la traducción de los cuentos completos de Edgar Allan Poe y donde vive aún Aurora Bernárdez, tu primera esposa.

Ahí, dicen los reportes, recibías propaganda comunista de La Habana, la cual previamente era traída a México en valija diplomática, “aquí la portean y despachan disfrazando así su verdadera procedencia a fin de causarle problemas”. Ves, tenían acceso a tu correspondencia.

“La Casa de las Américas aprovecha el envío de la correspondencia relacionada con el concurso de Grabado Contemporáneo, como la que se anexa, consistente en una tarjeta en la que aparece la fotografía de Regis Debray, con la leyenda: ‘En Bolivia el imperialismo no juzga a Debray sino el derecho de los pueblos a conocer la verdad’”.

Esta era la deducción que hacían, “descifraban” las maniobras cubanas para hacerte llegar los documentos que te pedían firmar en adhesión a su causa; interceptaban cartas de tus amigos José Lezama Lima, Roberto Fernández Retamar, Haydée Santamaría y tantos más.

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El mundo y la vida son un mapa permanente de ironía. Quien un 21 de enero de 1967 firma el primer reporte de espionaje es el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), el mismo que detuvo a Fidel Castro y Ernesto Guevara cuando preparaban en México el lanzamiento de la revolución en Cuba. Exacto, el mismo.

Ese mismo, Fernando Gutiérrez Barrios, se convertiría en amigo casi personal de Fidel Castro, tan cercano que el comandante mandó levantar en algún lugar de La Habana una estatua para honrar al policía. No era para menos, en las manos de “Don Fernando”, como le decían amigos y enemigos, estuvo el destino de la Revolución Cubana, esa misma que abrazaste, defendiste; por la que te enfrentaste a tus amigos escritores.

Pues él ordenó que te comenzaran a perseguir. Su firma está en varios de los reportes. Los papeles dicen que desde 1967. El primero porque, en una reunión del Partido Comunista Mexicano, a alguien se le ocurrió mencionarte como uno de los firmantes de aquel documento del 11 de enero.

Anota el reporte: “Abogan por la urgente transformación de la estructura en América Latina e instan a una lucha armada, proclaman la urgencia de la celebración de una asamblea de Escritores Latinoamericanos de izquierda para afrontar la nueva situación y exhortan a la unidad de los intelectuales de izquierda pese a las diferencias de opiniones que pudieran haber”.

Dicen que estaba tu firma y la de Emanuel Carballo, Roque Dalton, Mario Vargas Llosa, David Viñas, Manuel Galich…

Si recuerdas esos días, no es sólo el documento del Partido Comunista que te menciona lo que llamó la atención del DFS. Recién habías estado en Cuba. En una larga carta que le escribiste a Francisco Porrúa, se lo cuentas:

“A pesar de que La Habana me dio de esa vida tropical en la que uno se pregunta a cada momento cómo es posible sobrevivir a un régimen de tres horas de sueño, ocho o doce vasos de ron ‘en la roca’ como dicen ellos… súmale a eso mi trabajo (una semana de batallas verbales en la revista Casa de las Américas, hasta culminar con la declaración que quizá ya conocés y la lectura de 40 novelas 40, o sea más de 10.000 mil páginas casi siempre borrosas o copiadas con tinta roja o verde. Súmale también la cordial pero multiplicada ansia de diálogo de los argentinos, mexicanos, peruanos, uruguayos…”.

De esa carta, tenían copia. Ni modo, Julio, tuvieras o no razón, apostaras o no hoy por Cuba, con ese discurso había razones de sobra para que te persiguieran. Máxime si además interceptaban la correspondencia de tus amigos cubanos y la tuya propia.

© LA GACETA

Jacinto Rodríguez Munguía - Periodista mexicano. Un especial multimedia sobre Julio Cortázar puede verse en www.m-x.com.mx y en http://latiraniainvisible.com/

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