"Buchino" Juárez: "A los brasileños se los puede hacer llorar”

El tucumano recordó con LG Deportiva el histórico día en el que jugando para la Selección venció a Brasil en el Morumbí. “Es un triunfo que siempre es recordado”, aseguró el ex Ferro, Huracán y River.

31 May 2014

“Cuando se les gana se quieren morir. Ellos lloran cuando pierden con la Argentina”, explica Ernesto Juárez, el tucumano que se dio un gusto histórico: vencer a Brasil en el Morumbí. “Fue casi una hazaña, porque lo dejamos sin un invicto de más de siete años. Se querían matar, pero los derrotamos 3 a 2”, agrega emocionado.

“Buchino” no puede ocultar las lágrimas que riegan su rostro al recordar que esa hazaña fue compartida con otro comprovinciano: David Íñigo, otra leyenda futbolística que, como él, nació en la república de Villa 9 de Julio, cuya capital es nada menos que Sportivo Guzmán. “Disculpe… (NdelaR: se excusa mientras respira hondo para recuperarse) Con él compartimos muchísimas cosas y este triunfo fue una de ellas. Es imposible olvidar lo que logramos ese 13 de abril de 1963”, reconoce emocionado.

Como si se tratara de un cuentito de hadas, esta historia comenzó a escribirse en Bolivia, cuando se disputó el Sudamericano 1963. “Los clubes más importantes se negaron a ceder los jugadores a la Selección porque suponían que era un campeonato muy cansador. Entonces les dieron la oportunidad a varios muchachos que no eran muy conocidos”, comenta.

Juárez recuerda que en La Paz perdieron el título en la última fecha porque los hinchas locales se hicieron sentir, no con su aliento, sino porque cada vez que llegaban al área, les arrojaban de todo. “Sentíamos ruidos extraños en las tribunas, pero no le dimos mucha importancia. Pero cada vez que protagonizábamos un ataque, nos respondían tirándonos pedazos de botellas”, cuenta aún con miedo.

Dos semanas después, Argentina debía viajar a Brasil para disputar la Copa Roca, trofeo que se ponía en juego cada vez que se enfrentaban ambos equipos. Era una serie especial: se disputaban dos partidos y era local el país que se había quedado con el desafío del año anterior. “Tuvimos algunas bajas y por eso lo convocaron a Íñigo para reforzar. Sabíamos que no sería sencillo, pero viajamos con toda la confianza del mundo, a pesar de que nos enfrentábamos a un monstruo de esa época”, cuenta el tucumano que, entre sonrisas, reconoce que un tal Luis César “Flaco” Menotti ocupaba un lugar en el banco de los suplentes.

Juárez, en la charla con LG Deportiva, relata que al llegar a Brasil, comenzaron a analizar cómo frenar ese equipo que contaba con Pelé, Gilmar, Dorval, Mauro Coutinho y Pepe, entre otros monstruos que acaban de ganar el Mundial de Chile 1962. “La delegación argentina era presidida por Valentín Suárez, un gran directivo que sabía un montón de fútbol. “Él nos hizo avivar. Sabía que si les dábamos la pelota, ellos nos golearían. El local jugaba con un 4-2-4 y decidimos presentar un innovador 4-4-2 para ver qué pasaba”, comenta.

“Buchino” jura que todavía recuerda cómo le temblaron las piernas al salir del vestuario. “Las tribunas estaban colmadas. Nos dijeron que ese día en el Morumbí había unas 70.000 personas. Todo era amarillo, salvo por ese grupo de 20 marineritos argentinos que nos alentaban a rabiar”, relata entusiasmado.

El árbitro uruguayo Esteban Marino fue el encargado de controlar las acciones del encuentro, que tendría un final impensado para todos. “Empezamos mal, aguantando, pero de a poco nos adueñamos de la pelota y ahí los matamos. Ese día jugamos a lo Brasil, es decir, tocando y tocando hasta que llegábamos al arco y lo golpeamos seguido. Se querían morir cuando les ganamos”, cuenta.

Fue tal el dominio argentino que a nadie le causó sorpresa la caída. Dos tantos de Juan Lallana y uno de Juárez sirvieron -el local descontó con dos tantos de Pepe- para marcar un triunfo histórico que los medios argentinos calificaron como el segundo maracanazo de la historia. “Fue una victoria importantísima en esos tiempos. Ellos venían con una racha impresionante. Para el partido revancha, en el que nos golearon 5 a 2, se habían acreditado periodistas de todo el mundo. Y era lógico, porque le habíamos ganado al gran equipo de Pelé”, opina “Buchino”.

El ex delantero recuerda que festejaron horas en el vestuario y, camino al hotel, se dieron cuenta de lo que habían conseguido. “La ciudad parecía un cementerio. Estaban todos tristes. Terminamos de cenar y con David decidimos salir a dar una vuelta. Todos nos miraban mal y cuando los jefes de la delegación se enteraron de lo que habíamos hecho, nos querían comer crudos. “‘¡Tucumanos locos! Si la gente los hubiera reconocido, los habrían matado sin problemas’, nos dijeron”, recuerda emocionado.

Los años pasaron y “Buchino” vistió las camisetas de Ferro, Huracán y River, entre otros clubes, hasta que terminó siendo captador de talentos en el semillero tucumano; pero la mayor joya que luce en su corona fue haber logrado ese éxito. “Fue impresionante y es un triunfo muy comentado que ahora, a días de que comience el Mundial, los brasileños recordarán mucho. Saben que los argentinos sabemos cómo ganarles y hacerlos llorar”, concluye.

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