Barbarita hoy no llora, pero perdió la esperanza

La nena que en abril de 2002 sollozó de hambre es hoy una jovencita que lucha por terminar el secundario; ayer votó por primera vez. Bárbara Flores pudo sufragar ayer por primera vez. "Que pasen una noche como nosotros; se mueren si les toca vivir así", dijo sobre los dirigentes políticos

12 Ago 2013 Por Martín Dzienczarski
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UN TRABAJO. "Barbi", como la llaman en su familia, pide a gritos por un trabajo digno: ya no quiere más regalos. LA GACETA / FOTOS DE ANALIA JARAMILLO

Bárbara Flores espera que el presidente de la mesa 1.009 en la Escuela para la Vida asista con su mirada para que ella suelte, con displicencia, su voto en la urna.

Cuando se anunció, las autoridades de mesa nombraron su número de documento y su ubicación en el padrón. Un relámpago cruzó la mirada de los miembros de la mesa.

Bárbara es "Barbarita" Flores. Samuel Flores, su padre, la espera unos pasos detrás del último lugar de la cola, refugiado del frío en los rayos de sol. Los dos están desencantados.

Desde que aquella niña de 8 años lloró por hambre frente a una cámara de televisión pasaron 11 años y tres meses. ¿Qué quieres ser de grande? "Nada", había respondido, secándose las lágrimas de sus ojos. Se había desmayado en la escuela porque llevaba más de 24 horas sin probar bocado.

Su rostro fue el símbolo de la pobreza de un enorme sector de la población argentina y de una de las etapas más duras de la historia de la provincia. Ayer votó por primera vez porque en 2011 no figuraba en los padrones.

Barbi, no "Barbarita"

Barbarita ahora es Bárbara. O Barbi, como le dicen en su casa. "Los medios son los que me dicen Barbarita", agrega y precisa que los medios nunca le preguntaron cómo la llaman en su familia. Tiene dos décadas y cursa el último año del secundario (volvió a clases tras dejar la escuela por un tiempo).

Camina con su padre por el frente de la escuela, ambos con las manos en los bolsillos de sus abrigos y la mirada cansada. No comenta cómo votó. No se muestra nerviosa ni ansiosa. Mucho menos esperanzada.

Hasta llegar a su casa, en el barrio ATE, se cruzan con 13 autos que llevan un cartel naranja con la leyenda "Morof" en sus parabrisas. Todos ellos numerados.

Recuerda con claridad todo lo que le pasó, así como el rostro de la periodista que la entrevistó en abril de 2002. Sentada junto a su padre sobre un sillón, con un cubrecamas encima, pierde su vista en el suelo y sólo mira a los ojos cada tanto cuando supera su timidez.

"No he comido nada"

"Después de que salí de la internación vino el gobernador (José Alperovich) a visitarme a la casa: yo estaba en una cama sobre ladrillos. 'Pedime ahora que estoy buenito', me dijo. Y alcancé a decirle que me hacía falta una cama y una mochila", recuerda Barbi. Nueve meses después recién llegó lo prometido, según narró.

Samuel valora la ayuda que recibió. A su casa llegaron cajas con comida, chapas, maderas. "En ésa época no teníamos revocadas las paredes y por los agujeros de los bloques caminaban las cucarachas. Como no teníamos para comer, mucho menos íbamos a disponer para matar esa plaga. Para cuidar la comida usábamos la heladera como baúl", relata el padre de Barbi y de otros siete hijos.

Dos años después del revuelo, allá por 2003, Samuel finalmente entró a trabajar como ordenanza en el Ministerio de Gobierno y Justicia.

Barrio "Néstor Kirchner"

Agotados de las burlas y de los celos de los vecinos que no recibían el mismo trato que la familia Flores, en 2011 se trasladaron con dos casillas al barrio Néstor Kirchner, a pocas cuadras del ATE.

En noviembre del año pasado una tormenta causó estragos en el barrio. "Barbarita" volvió a ser noticia en la prensa. Al día siguiente fue gente del Gobierno para instalar una casilla sólo para ella. Los celos de sus vecinos regresaron.

"Es una guerra de pobres contra pobres", justifica Samuel. Admite que mucha gente sigue pensando que él y su esposa "lucraron" con sus hijos. "El Gobierno reconoce una sola 'Barbarita', entonces ayuda únicamente a una sola persona", reflexiona.

"La verdad es que pienso que la política es una porquería. Yo voté en blanco porque no me interesa. Los políticos sólo piensan en sus necesidades y en las de la gente que los rodea", lanza Bárbara. Barbi considera que votar a un candidato es apoyar a la corrupción. "A los que salgan electos en estos comicios y lleguen a diputados, yo les diría que vengan a los barrios, que vean cómo vivimos en estas zonas. Que vivan cerca de basurales, que sepan lo que es la inseguridad. Que pasen una noche como nosotros: se mueren si les toca vivir así. Hay muchísima gente que la pasa peor que mi familia, pero a ellos no los ayudan", expresa.

"¿Esta es la década ganada o desperdiciada?", se le pregunta. "Yo no sé qué pensar. No me interesa pensar en lo que hicieron o no hicieron en una década o en el tiempo que estuvieron. La gente de estos barrios no vive mejor que antes. A mí me interesa terminar la escuela, conseguir un trabajo digno y poder ayudar a mi familia", responde con convicción. Y prosigue: "como dice mi papá, es la desidia de los dos lados. Si a ellos no les interesamos las personas que vivimos en estos barrios, a mí no me interesa la política".

Después de tantos años, Bárbara rechaza las dádivas. "Nosotros no queremos nada regalado porque todo lo que viene así se acaba pronto. Nosotros queremos una casa decente -que queremos pagar- y, para ello, necesitamos tener trabajo digno. Con el trabajo vamos a poder salir adelante. Es muy duro ver a mis hermanos que estuvieron varios meses desempleados. Ahora trabajan como ambulantes, pero el único ingreso fijo es el de mi papá", describe.

Samuel cuenta que cada vez que reciben ayuda es porque se produce la intervención de un medio de comunicación. "Todo mejora con el trabajo, sé que con eso vamos a lograr estar mejor", añade esperanzado.

Bárbara no se desabriga ni siquiera dentro de su casa. Y, a modo de despedida, anticipa que volverá a sufragar en blanco en las próximas elecciones: "cumpliré con mi deber yendo a votar, pero nunca voy a poner nada en el sobre".

Lebbos y Trimarco, contracara

En su Alderetes natal

El padre de Paulina Lebbos votó ayer a las 11 en la escuela Fray Manuel Pérez, de Alderetes. Allí saludó a vecinos, y tras hacer fila, las autoridades de mesa lo reconocieron. "Vengo contento: es el día en que empieza la caída del tirano", les dijo Alberto Lebbos, papá de la joven asesinada en 2006. El caso sigue impune. El presidente y los fiscales a cargo de la urna no hicieron comentarios sobre la frase de Lebbos.

En la Técnica N° 3

La madre de 'Marita' Verón arribó a la Avenida Mitre y Marcos Paz a las 10.30. Mientras esperaba su turno, aseguró que se trataba de "un día muy importante para todos los argentinos, ya que es muy importante elegir a nuestros representantes", dijo Susana Trimarco. Además, espera que continúe la gestión que "mejoró la vida de los argentinos" y aseguró que Micaela -su nieta- no ve la hora de votar en 2015.

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