El tránsito, visto como un problema antropológico

La inseguridad vial es un problema cultural, más que de leyes. Sobre eso habría que trabajar, afirma el experto.

30 May 2013
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PRIMERO HAY QUE VER CÓMO SE ACTÚA EN LA CALLE. Pablo Wright sostiene que nos resulta difícil reconocernos en la indisciplina del tránsito. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO

Ya se ensayó de todo con respecto al tránsito. Campañas, multas, controles, exhortaciones, nuevas normas. Pero los accidentes siguen ocurriendo. ¿No se puede cambiar? Pablo Wright, licenciado en Ciencias Antropológicas, considera que es difícil, pero no imposible: "lo primero es reconocer que hay un problema que tenemos todos, que en el tránsito ya somos grandes y estamos como indisciplinados", describe. Y analiza que importa resolver la causa de que seamos indisciplinados y tratar de ver cómo se ve así misma la gente con respecto al tránsito, para empezar a cambiar.

Un modo diferente
Wright, que dictó una charla en la Universidad Tecnológica y participó de un grupo de trabajo en la Defensoría del Pueblo, cuenta que comenzó a estudiar el problema hace 20 años, en Estados Unidos, al observar que la gente tenía asimilada la idea de que había que respetar las rayas peatonales o la luz del semáforo. "Lo primero que pensé es que era posible que hubiera otra forma de encarar el problema", cuenta.

"Como peatones somos indisciplinados, y también como conductores. Hay una gran distancia entre la norma y las prácticas. Lo real son las prácticas. Lo abstracto son las normas. Estas pueden ser muy buenas y sin embargo lo que vemos son prácticas, personas disciplinadas (o indisciplinadas) por procesos histórico-culturales", dice. Y agrega: "lo que vemos es que cruzamos por mitad de cuadra; que las madres ponen el coche con el bebito en la calzada, esperando cruzar; que pasamos el semáforo en rojo; que vamos más rápido de lo que hay que ir; que tomamos el vinito con el asadito y luego manejamos".

La idea de trabajar sobre la antropología vial surge de tratar de ver que esa distancia entre la norma y las prácticas se vincula con que no nos reconocemos en el problema. "A los signos viales los trasformamos en símbolos... para otros. Yo estoy apurado como para respetarlos, nos decimos. Esa distancia es producto de un proceso social histórico que tiene que ver también con una ciudadanía débil y con un Estado del tercer mundo. Pasa en América Latina y pasa mucho peor en Africa", razona.

Tampoco -agrega Wright- entendemos la idea de prevención. "La prevención es muy abstracta para nosotros porque la idea de riesgo es abstracta; sólo la percibimos cuando el accidente se concretiza en la piel propia".

Como el problema es complejo, la solución también lo es. "El sistema ya está en funcionamiento; somos grandes y ya estamos como indisciplinados. El chico no; pero lo que pasa es que el chico ve al papá y a la mamá que no se ponen el cinturón", dice. Hay una tarea de mediano plazo y otra de corto plazo. "Capacitación a docentes para que ellos mismos puedan objetivar sus prácticas. Nuestro problema de grandes es objetivar las prácticas que hacemos. Es como el alcohólico anónimo, como el adicto... primero tenemos que reconocer que lo hacemos".

¿Cuál es el papel del Estado en esto? "Ahí es importante el poder del Estado. Pero que lo primero no sea sancionar sino reconocer que hay un problema de todos. Por eso planteo que se haga una campaña de educación y comunicación muy buena, con un núcleo ideológico breve y fuerte. Para eso tiene que haber consenso de los poderes y eso lleva tiempo. No hacer caer el cambio sólo en infraestructura o en educación, o en la sanción, sino todo al mismo tiempo: la educación es muy importante, porque nos implica a todos, jóvenes, viejos, fuerzas de seguridad, funcionarios... es desnaturalizar lo que hacemos y reeducarnos".

Por cierto, ya la Agencia Nacional de Seguridad Vial está en esa tarea de buscar consenso, pero Wright piensa que hace falta mucho más. "Hay que tener en una mano el consenso y en la otra la cosa operativa y de gestión. Lo que yo llamo la producción social de la seguridad vial. Es hecha por la gente, independientemente de si son funcionarios o no. Por eso digo que lo cultural es tan importante y no fue nunca tratado", explica.

A la criolla
Para él, el mensaje de la campaña tiene que romper el molde cultural sobre el tránsito. "Empezar a deconstruir, pero con respeto por la gente: el auto es como la continuación del living de mi casa. Hay que empezar a pensarlo diferente. Para poder transformar hay que hablarle a la gente de lo que es para ella el mundo vial, no la cosa normativa. Tenés que relacionar esa conducta con un riesgo".

Es difícil porque es un país federal tiene legislaciones diferentes y muchas jurisdicciones. "Creo que habría que aplicar los protocolos que ya existen -concluye-. No digo copiar lo que hicieron otros países, pensando que viene la magia de otro lado, sino hacerlo a la criolla. El proceso social significa toma de conciencia, reconocimiento de límites y a ver qué hacemos entre todos".

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