En San José, a metros de una escuela, los bolsones iban y venían

29 Ago 2011

El sol ya picaba en el mediodía tucumano. Una camioneta blanca, dando marcha atrás, se estacionó en la puerta de un boliche. Del interior, comenzaron a volar bolsas blancas que eran debidamente acomodadas en la caja del vehículo. En el parabrisas del rodado había un cartel en el que se podía leer "Tole2", la identificación del intendente Daniel Toledo.

El hombre que abrió la puerta del local descubrió a la fotógrafa de LA GACETA tomando la escena. Se movió rápido. Le avisó lo que estaba ocurriendo al chofer que, de inmediato, sacó el cartelito identificatorio. Con gestos y a los gritos, intentó que la reportera dejara de hacer su trabajo.

A los pocos minutos, una camioneta roja llegó con varios jóvenes en su interior y se estacionó delante del otro vehículo para tapar la escena.

Después de unos 20 minutos, partieron del lugar. El móvil de nuestro diario comenzó a seguirlos para determinar dónde y a quién les entregarían los bolsones con mercadería. Como era de esperarse, la camioneta roja persiguió a los periodistas.

El vehículo que transportaba la mercadería se metió por unos calles angostas de un barrio precario ubicado en la zona. La camioneta roja, como si se tratara de una custodia policial, le siguió bien de cerca su andar, no por cuestiones de seguridad, sino para evitar que LA GACETA retratara la escena.

"Acá se cansaron de entregar bolsones a todo el mundo. Llegaban, golpeaban las manos, y te dejaban las cosas", denunció Mirta Fernández, ama de casa domiciliada en San José.

Los vecinos del lugar reconocieron que el bolsoneo, como la práctica de ir a buscar a los electores en sus casas para llevarlos a votar, es una constante. "Aquí todo vale. Siempre aparecen decenas de candidatos prometiendo el oro y el moro. Después, con los bolsones, dejan los votos y se van. No vuelven nunca más y, mucho menos, cumplen sus promesas", destacó la vecina Juliana García.

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