El deporte blanco se tiñe de naranja

23 May 2011 Por Mariana Apud
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El tenis adopta como capital durante dos semanas a París. La ciudad francesa recibe a más de 200 tenistas que pelean por ser los reyes del polvo de ladrillo. Habrá lugar para siete coronas, incluidas las competencias de singles, dobles y juniors. El complejo tenístico de Roland Garros siente, en cada cancha, el paso incesante de los fanáticos y las patinadas de los tenistas.

Según la mayoría de los integrantes de la "legión", es el Grand Slam que mejor les sienta. En 1977, Guillermo Vilas y en 2004, Gastón Gaudio, encontraron su mejor tenis para conquistar el título francés.

Hay que urgar en la historia de la llegada del tenis al país para entender la comodidad de los argentinos en la superficie que propone la "Ciudad Luz". En pocos meses, se publicará la trilogía denominada "La Historia del Tenis en Argentina", de Eduardo Puppo y Roberto Andersen. En ella los periodistas explican, luego de una exhaustiva investigación que, cuando llegó el tenis patentado a la Argentina (1877), las canchas se demarcaban en el césped de los campos de cricket. Recién a fines de los '80, los clubes como Jockey de Córdoba, Gimnasia y Esgrima de La Plata, Círculo Trovador y Lomas Athletic empezaron a adoptar el deporte por pedido de sus asociados.

Las instituciones optaron, sin una razón clara, por las canchas de polvo de ladrillo. Más adelante, en 1892, Buenos Aires Lawn Tennis Club, a pesar de su nombre (lawn en inglés es césped), comenzó con canchas de polvo. De ahí en más la historia se escribió en naranja para el tenis argentino.

Características

La proliferación de canchas de polvo de ladrillo en el país generó lógicamente el surgimiento de tenistas con características para ese tipo de superficie, donde precisamente se juega el segundo Grand Slam de la temporada. Roland Garros es el torneo en el que los encuentros se tornan muy extensos por lo que la resistencia física es fundamental para llegar al triunfo.

Un factor que disminuye la efectividad de los potentes golpes que se exhiben hoy en día es que el polvo de ladrillo lentifica el pique de la pelota. Como consecuencia, el tiempo de impacto es más prolongado, por lo tanto el jugador puede ubicarse cómodamente para pegar. Los partidos en canchas lentas también demandan una mente fuerte ya que la paciencia es una virtud que poco se ejercita en otras superficies, y que el polvo de ladrillo obliga a potenciar.

Por ello, Roland Garros no es el ámbito adecuado para que el tenista pegador, que define los puntos con tiros ganadores, se luzca. Sucede que la efectividad de esos tiros se volverá muy baja en los jugadores acostumbrados a conectar tiros ganadores ya que hay menos dificultad para devolverlos.

Con todo ello, el Abierto de Francia ofrece la combinación para sacar a flote lo mejor del jugador nacido en el polvo de ladrillo. Ese que resiste peloteos largos desde fondo de cancha y que arriesga sus tiros, no con tanta potencia, sino más que nada con ubicación. París busca sus reyes, los tenistas argentinos van por el trono... ¿lo conseguirán?

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