La angustia que traen las inundaciones

La angustia que traen las inundaciones

31 Enero 2011
Hace unas cinco décadas, el casi olvidado escritor Ernesto Luis Castro, Premio Nacional de Literatura de 1947, contó en su novela Los isleños (1942) el drama de los habitantes del Delta del Paraná. Cada vez que el río crecía arrasaba con las islas e islotes, llevándose sus pertenencias y animales. Sin embargo, tras la tragedia, estos connacionales volvían a recomenzar la vida en el mismo lugar. La historia de amor en ese marco de lucha y desesperanza motivó al director Lucas Demare a llevarla al cine en 1951. El film titulado Los isleros, protagonizado por Tita Merello, es una de las producciones más logradas de la cinematografía nacional.

Algo parecido suele suceder durante la época de precipitaciones estivales con los tucumanos que viven en zonas bajas de la capital o de otras localidades, como Lules, Villa Quinteros (Monteros), El Manantial Bella Vista, Gobernador Piedrabuena (Burruyacu) y Yerba Buena. La intensa lluvia del jueves produjo el anegamiento de estos lugares que angustió a los vecinos afectados. Producto de su enojo e impotencia, los vecinos cortaron la ruta Nº 38 a la altura de Villa Quinteros. Un funcionario municipal de Lules atribuyó el desborde del río Colorado en la localidad Finca María Elena a la extracción de áridos que realizan particulares en el curso de agua y al desmonte necesario para el paso de las máquinas, lo que significa la eliminación de las barreras naturales que contienen las crecientes. Las aguas de ese río socavaron las bases de otro puente ubicado a cinco kilómetros de Lules, así como parte de la ruta provincial 301, que une San Miguel de Tucumán con Famaillá. La destrucción de un tramo de la ruta Nº 304 a la altura del kilómetro 74 aisló a vecinos de tres localidades en el departamento Burruyacu.

Un ingeniero especialista en recursos hídricos y docente de la UNT, que vivió en carne propia la inundación porque tiene una casa en La Rinconada, dijo que el drenaje principal de la zona era el arroyo Polonio, que fue obstruido con la construcción de un country. "La obra no contó con los permisos debidos. Los organismos ambientales no aplican la ley y ahora se ven las consecuencias", afirmó. Según los perjudicados, las quintas de limones redujeron su capacidad de absorción y dejan sueltos materiales sólidos como barro y piedras. El country anuló el zanjón Polonio y no se respetó el acuerdo con la Dirección Provincial del Agua para encauzar las corrientes que bajan del cerro. El resultado está a la vista.

En Gobernador Piedrabuena, el agua avanzó sobre las casas, los vecinos se quejaron por la falta de respuesta de la delegada comunal. En El Manantial se vivió un jornada de desesperanza, con casas y calles inundadas por la lluvia y los aluviones que bajaron desde el cerro. Máquinas de la Dirección de Vialidad quitaron el barro y las piedras que obstruían la ruta 301, pero algunos accesos quedaron totalmente destruidos.

Desde hace años, los expertos vienen alertando sobre la tala indiscriminada en el piedemonte, la falta de control en la extracción de áridos en los ríos, la destrucción de la cubierta vegetal y el peligro de los aluviones. Sin embargo, la construcción de barrios privados sigue su marcha a paso redoblado sin planificación y sin que el Estado ponga límite a los excesos. Un ejemplo del autismo de la autoridad es haber permanecido indiferente ante la decisión de la UNT de impedir la extracción de áridos en el río Muerto. La medida fue violada por quienes venían realizando ese trabajo desde hace meses (generaron además un conflicto con los guardaparques), seguramente con la autorización estatal. "El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra", decía el Oráculo de Delfos. En Tucumán, será tal vez así hasta que la naturaleza reaccione algún día en forma más violenta y sea tarde para evitarlo.

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