La imputabilidad penal de los menores

23 Ene 2011
Con la brasa en las manos pareciera titularse la historia nacional, referida al delito, al crimen, a la impunidad y a la inimputabilidad de los menores. Se sabe que la inseguridad es uno de los flagelos sociales que ha ganado protagonismo en la Argentina de los últimos años. Los asaltos suceden en cualquier momento, en las urbes o en los pueblos, a la luz del día o entre las sombras y las víctimas van desde niños a viejos. La lumbre se reaviva cuando los homicidas con menores y un juez dispone su liberación.

El martes pasado, a las 8, en la localidad platense de Tolosa, Fabián Esquibel, de 42 años, sacó el auto de su casa para ir a trabajar. El momento fue aprovechado por tres delincuentes que lo encañonaron y lo obligaron a reingresar a su casa. Uno de los delincuentes mató de un tiro al dueño de casa y el grupo se dio a la fuga. En el instante del atraco, el hijo de la víctima, de 11 años, se refugió en un placard, desde el cual vio cómo asesinaban a sangre fría a su padre. El adolescente de 15 años que fue detenido acusado de haber participado en el robo y asesinato de Esquibel, acumuló entre 2009 y 2010 por lo menos seis antecedentes por robo y la Policía lo buscaba desde hacía una semana por su vinculación con otro asalto.

En nuestro país, la Ley 22.278, sancionada el 28 de agosto de 1980 y que está prevista en el Código Penal, es la que se ocupa del Régimen Penal de Menores. La norma señala: "No es punible el menor que no haya cumplido 16 años de edad. Tampoco lo es el que no haya cumplido dieciocho años, respecto de delitos de acción privada o reprimidos con pena privativa de la libertad que no exceda de dos años, con multa o con inhabilitación".

Luego del asesinato, el ministro de Justicia de la Nación se refirió a la necesidad de promover un nuevo marco jurídico que apunte a reforzar la seguridad y a readaptar a los menores que delinquen. El funcionario definió al crimen de Esquibel como un hecho que nuevamente pone en análisis la necesidad de promover una ley penal juvenil y pidió que ese debate no tenga sólo el objetivo de incriminación de los jóvenes, sino también de reinclusión social. Aseveró que es importante tener en cuenta que ningún chico nace delincuente, pero es necesario establecer sistemas en los que puedan ser reeducados y agregó que la droga es un mal endémico mundial, contra el cual hay que luchar con toda intensidad.

Hubo sectores políticos que bregaron por bajar la imputabilidad de los menores. Mientras el ministro del Interior de la Nación rechazó esta posición y afirmó que los jueces tienen herramientas para actuar en estos delitos, su colega de la provincia de Buenos Aires, consideró que resulta necesaria una ley que regule la situación de los menores que cometen delitos y solicitó que pidió que se diseñe un marco legal que permita actuar ante los chicos que cometen delitos graves y que hoy son considerados como no imputables.

Mientras jueces y políticos, Gobierno y oposición, polemizan una vez más por un tema que amenaza con convertirse en crónico, en la Cámara de Diputados de la Nación yace el proyecto de ley de Reforma Penal Juvenil que fue aprobado en 2009 por el Senado. La iniciativa que tiene media sanción no ha sido considerada.

En esta Argentina, mientras suceden usurpaciones violentas con muertes y diariamente los ciudadanos son asaltados -y en algunos casos asesinados, como Esquibel- nuestra clase dirigente discute posiciones ideológicas y políticas, en lugar de abocarse con seriedad y la premura que el caso se merece a encontrar una solución que beneficie a toda la sociedad. Con acusaciones y verborragia inútil no se evitará que menores delincan y maten con impunidad ante el pavor de las víctimas y sus familiares.