Unos 1.400 años en deuda

26 Dic 2010
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LA GACETA / ARCHIVO

Para referirse a "los deberes del buen gobernante", Mahmud Aid, sheij de la mezquita "El Mártir", envió a LA GACETA "los consejos de hace 1.400 años de Ali ibn Abi Taleb, paradigma de rectitud y justicia, y sucesor de Mahoma":
"Haz de tu mente el origen y fuente de buenos pensamientos, buenas intenciones y buenos actos. Esto sólo se logra si mantienes un estricto control de tus deseos.
Sé amable, compasivo y ama a tus gobernados. No sientas vergüenza de perdonar y olvidar. No te apresures a castigar. No te enorgullezcas de tu poder de castigo.
Sé imparcial y justo (...); o serás tirano y opresor.
Nunca degrades tu dignidad y prestigio. Los murmuradores son un grupo indigno y sagaz. 
Evita que cualquier persona codiciosa aspire a ser tu asesor. Tus peores ministros serán aquellos que han sido ministros de los gobiernos tiranos y opresores. Solamente compañeros y ministros honestos y humanos deberían obtener tu completa confianza. Confía en que te dirán las más amargas verdades sin temor a tu rango. Reúne a tu lado a personas piadosas, honestas y veraces: la adulación y las falsas súplicas engendran la vanidad y la presunción.
Estudia con hombres de conocimiento y conversa con los sabios.
La pobreza de la gente es la causa real de la devastación de un país. La causa principal de la pobreza es el deseo de sus gobernantes y funcionarios de amasar riquezas y posesiones, por medios justos o injustos. Temen perder sus gobiernos, y quieren hacer las mayores cosas en el menor tiempo.
Tu responsabilidad es velar por los derechos de los pobres y cuidar su bienestar. El gobernante que no presta atención a la prosperidad de sus gobernados y a la fertilidad de la tierra, concentrándose sólo en la recaudación de las rentas, asola la tierra, arruina al Estado y lleva la destrucción a la gente
Si los contribuyentes se quejan de la pesada incidencia de las tasas e impuestos, de cualquier calamidad accidental (...), y, si son quejas verdaderas, entonces reduce sus impuestos. La disminución de los ingresos del Estado por tales razones no debería deprimirte, porque la mejor inversión para un gobernante es la ayuda a sus gobernados en tiempos de dificultad".
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