Prevención ante la llegada del dengue

29 Sep 2009
La imprevisión, el exceso de confianza y falta de constancia son algunas de las falencias más llamativas de nuestra idiosincrasia. Este año, varias provincias argentinas fueron invadidas por una de las llamadas "enfermedades de la pobreza: el dengue, trasmitido por el mosquito Aedes Aegypti.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señaló que el dengue había sido erradicado en Latinoamérica en la década de 1950, pero en los últimos 30 años ocurrieron fuertes brotes cíclicos que se repiten cada vez con más frecuencia. La OPS registró 826.000 casos en los países sudamericanos durante 2008 y 737.000 en 2007. En la Argentina, el mal reapareció en 1998 y desde entonces todos los años se registran casos, y en algunas ocasiones con brotes fuertes como en 1998 y 2004, cuando hubo más de 1.000 enfermos confirmados.
Las estadísticas indican que en el período 1997-2008 se registraron en nuestro país 3.452 casos de personas infectadas con el virus. En los cinco meses de 2009, esa cifra llegó a 24.437 enfermos, lo que representa un crecimiento del 700 %. En Tucumán, se registraron 1.749 son los casos de dengue registrados en la provincia, entre confirmados y sospechosos; 628 casos se registraron en la capital tucumana hasta marzo de 2009.
La enfermedad halló mal parados a los ministerios de Salud de varias provincias, incluyendo la nuestra, que tuvo que enviar profesionales a Bolivia para interiorizarse acerca de cómo combatir el mal. Se inició entonces una campaña de eliminación de cacharros y de fumigación, que dio sus frutos y logró que la población comenzara a concientizarse. Sin embargo, la preocupación colectiva por el dengue fue rápidamente desplazada por la llegada de la gripe A que lo convirtió rápidamente en un recuerdo.
De todos modos, el ministro de Salud había advertido en mayo pasado que el dengue había llegado para quedarse y que iba a haber un rebrote con la llegada de los calores.
Aguilares fue el epicentro de la epidemia; se registraron allí más de 500 casos entre marzo y mayo. Una gran preocupación existe entre los vecinos de la Villanueva de Monte Rico, barrio ubicado al norte de la ciudad sureña, por la presencia de una enorme chatarrería ubicada frente a la Escuela 383. Se trata de una montaña de materiales metálicos descartados, en la que también hay víboras, roedores y alimañas, de acuerdo con el testimonio de los pobladores. Según ellos, desde el verano pasado la precaria condición sanitaria de esa zona no mejoró en nada y nadie puede garantizar que el dengue no volverá a castigar con rigor a esa ciudad. Por otro lado, hay zonas de San Miguel de Tucumán, como el barrio Aguas Corrientes, donde la acumulación de botellas, basura y agua conforman un lugar ideal para la proliferación del Aedes Aegypti.
El ministro admitió que la cultura del cacharro está arraigada en la población y dijo que se están realizando diversas campañas en toda la provincia para concientizarla sobre el peligro de acumular elementos en los que pueda reproducirse el Aedes aegypti. Fue optimista respecto de la nueva arremetida del dengue porque se trabajó no sólo en Tucumán, sino en las provincias vecinas y en los países limítrofes. "De todos modos, habrá que estar atentos a lo que ocurra en el Norte de Argentina y en el sur de Bolivia y Paraguay", dijo.
La experiencia nos enseña que no hay que esperar que aparezca el primer caso para reaccionar. El exceso de confianza -creer que la población ya está concientizada- puede jugar en contra. Se ha pronosticado que las tormentas fuertes llegarán en noviembre. Sería positivo que se intensificara entonces la campaña de descacharreo para que evitar que el brote de dengue nos agarre en medio del río.

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