Renuncia del gobernador Gallo

En 1886, a causa de la presión política del "juarismo". Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.

10 Abr 2009
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A FINES DEL SIGLO XXI. Durante una fiesta patria, una carroza pasa frente a los arcos de nuestro Cabildo. El edificio colonial sería posteriormente demolido para edificar allí la Casa de Gobierno.

Uno de los gobernadores de Tucumán que debió dimitir a causa de las presiones políticas, fue don Santiago Gallo (1851-1909). Hermano del destacado político Delfín Gallo, se había concentrado Santiago en la industria azucarera. Manejaba el importante ingenio Luján y también el llamado El Colmenar, en nuestra provincia, así como el ingenio Contreras, en Santiago del Estero.
Gallo fue elegido gobernador de Tucumán, como sucesor de Benjamín Paz, y asumió sus funciones el 12 de octubre de 1884. Le tocaron malos tiempos de entrada. Era opositor de la candidatura presidencial de Miguel Juárez Celman -que iba viento en popa-, y los partidarios de éste buscaron a toda costa desplazarlo del cargo.
Utilizaron para tal propósito un recurso jurídico. Acababa de entrar en vigencia la nueva Constitución de Tucumán, cuyo artículo 13 decía que el gobernador actual cumpliría su período hasta el fin, pero que el sucesor ya debía amoldarse a la nueva carta. ¿Lo de "actual" se refería a Benjamín Paz, a quien faltaban pocos días para cesar cuando se sancionó la Constitución, o a Gallo, quien empezaba inmediatamente después?
Si era a Paz, Gallo tenía tres años de mandato. Si era a Gallo, solo le correspondían dos. La cuestión se planteó en el Colegio Electoral Permanente, curioso instituto que había pergeñado la Constitución de 1884. Aunque triunfó la tesis de los 3 años, la minoría pidió al Congreso la intervención federal. Entonces, hubo que arreglar las cosas en Buenos Aires.
El presidente Julio Argentino Roca habló con franqueza con Delfín Gallo, el intermediario. Le advirtió que mientras él estuviera en la presidencia, respetaría a los opositores tucumanos; pero que no podía garantizar que lo mismo ocurriera después.
Quedaron, entonces, en que Gallo renunciaría para ser reemplazado por alguien "potable" para el "juarismo", como era el industrial Juan Posse.
En junio de 1886, las elecciones nacionales consagraban presidente a Juárez Celman, sin el voto de los tucumanos. De acuerdo a lo arreglado con Roca, el 3 de setiembre renunció Gallo a la gobernación, y Posse fue elegido para reemplazarlo.
Nadie sospechaba que Posse tampoco se libraría del acoso "juarista", que habría de derrocarlo en 1887 con una revolución.

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