15 preguntas para sincerarnos

15 preguntas para sincerarnos

Repartir culpas es muy cómodo. Los tucumanos somos expertos en sacarnos las responsabilidades de encima. Así nos va. Por Guillermo Monti - Prosecretario de Redacción.

05 Octubre 2008

Dejemos de lado por un momento los gobernantes que votamos y los funcionarios que ellos designaron; los legisladores que elegimos; los jueces y los fiscales; todos aquellos a los que responsabilizamos a diario por lo que le pasa a Tucumán y por lo que nos pasa. Ensayemos un pequeño mea culpa. Sincerémonos.
1) ¿Quién ensucia las veredas, las tapiza de papeles, saca la basura a cualquier hora o la arroja donde no se debe?
2) ¿Quién conduce sin respetar mínimamente las normas de tránsito, por los carriles indebidos, a velocidades peligrosas? En nuestras calles y avenidas se ha perdido el respeto por la vida.
3) ¿Qué sabemos de la vida de nuestros hijos, de sus sueños, sus anhelos, sus alegrías, sus decepciones y sus necesidades?
4) ¿Y qué sabemos de nuestros padres? ¿Nos involucramos en su lucha diaria a través de, al menos, una cuota de contención afectiva?
5) ¿Qué efecto nos produce la depredación de nuestro medio ambiente? ¿Cuáles son las acciones concretas que encaramos para cuidar el aire, el agua y la tierra en la que habitamos?
6) ¿No nos provocan indiferencia las protestas legítimas de los que sufren? ¿Cuántos acompañan a los abuelos que, semana a semana, reclaman una mejora para sus miserables ingresos? ¿Quiénes se acercan a los familiares de las víctimas de casos impunes? Están en la plaza Independencia, lugar de paso para todos.
7) ¿Acaso no nos molesta cuando un chico se acerca a limpiar el parabrisas en un semáforo?
8) ¿Qué reacción nos provoca el incesante machacar de la picota en nuestros edificios? Con cada balcón señorial que se derriba, con cada fachada que se demuele, nuestra ciudad pierde un cachito de identidad. Y las estructuras de vidrio y metal siguen multiplicándose.
9) ¿Conocemos las leyes y las ordenanzas? ¿En qué medida nos preocupamos por hacerlo?
10) ¿Somos respetuosos?
11) ¿Tenemos plena conciencia de las deficiencias del sistema educativo y de las condiciones en las que trabajan los docentes? ¿Qué conocemos de las escuelas, los colegios y las universidades a las que asisten nuestros hijos?
12) ¿Cuál es el grado de compromiso con nuestra profesión, con nuestro trabajo? ¿Cuántos aspiramos a un ascenso, lo reclamamos con insistencia, sin atender pautas mínimas de capacitación?
13) ¿Buscamos la excelencia a la hora de estudiar?
14) ¿Cuántos libros leemos en un año? ¿A cuántas muestras de arte concurrimos? ¿Cuántas películas vemos? ¿A cuántas conferencias asistimos? ¿A cuántos conciertos? No es casualidad que Tucumán aparezca tan abajo en las mediciones nacionales sobre consumo cultural. ¿Y cuántas de esas inquietudes transmitimos a nuestros hijos, familiares, amigos o compañeros de trabajo?
15) ¿Cómo nos comportamos cuando asistimos a un espectáculo deportivo?
Si nos sentimos ciudadanos de segunda -o de tercera- nos cabe buena parte de la responsabilidad, por más cómodo que resulte repartir culpas con cara de yo no fui. La construcción de una sociedad justa, armónica, libre y sana nace, necesariamente, de la actitud de sus integrantes, de su decisión de ser mejores. ¿Estamos dispuestos a eso?

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