Una cripta bajo un templo se convirtió en galería de arte moderno y sacro

Inauguración. El enorme sótano de la iglesia de Don Bosco estuvo inundado durante 60 años. Se abrió una muestra de trabajos de artistas tucumanos. Una construcción de estilo romántico italiano.

08 Sep 2008

El recinto parece salido de una escena de "El nombre de la rosa", la famosa novela de Umberto Eco ambientada en la Edad Media. De hecho, para acceder al lugar hay que bajar por una larga y oscura escalera, a la que se accede a través de una puerta ubicada detrás del altar del templo de Don Bosco (avenida Mitre y Don Bosco).
Cinco metros bajo tierra se encuentra la inmensa cripta que los sacerdotes de la comunidad salesiana hicieron construir en 1948 y que el viernes abrió sus puertas a la comunidad, pero como un nuevo espacio de arte moderno y sacro.
"El lugar es fantástico. Tiene misterio y belleza, la combinación perfecta para organizar grandes cosas", señaló Edmundo López, de 22 años, que estaba acompañado por su novia Alba Luz.
A la inauguración concurrió gente de todas las edades, familias con chicos, abuelos con sus nietos, jóvenes y grupos de adolescentes. Fue un acontecimiento que el público vivió con entusiasmo.
"Me parece una idea maravillosa. Este lugar es una joya arquitectónica que la gente debe conocer, sobre todo los turistas", señaló Olga Pérez, de 68 años, vecina de la zona.
El santuario, de 50 metros de largo por 30 metros de ancho, alberga las obras de varios artistas tucumanos. Durante la inauguración se realizaron intervenciones de arte abstracto a cargo del grupo dirigido por Bruno jiuliano. También se exponen pinturas de arte clásico del taller de Adriana Castagno y figuras de la iglesia de San Jorge. Además, hay artesanías realizadas por los integrantes de la Red por los Chicos, que coordina Cristina Nemiña.
Respetando los lineamientos del estilo arquitectónico románico italiano del 1200, el proyecto original imitaba la catedral de Módena, en Italia, del que sólo llegó a construirse el santuario subterráneo."A partir de la década del 60 comenzaron en Tucumán los problemas con las napas freáticas en varios edificios que, como este, tenían un espacio de más de cuatro metros de profundidad. Por ese motivo, se suspendió la construcción del templo y la cripta quedó sumergida porque, en ese entonces, no había modo de sacar el agua", relató el hermano Agustín Borzi.
Siguiendo la tradición italiana, el proyecto proponía una cripta que funcionase como una capilla para oficiar las misas diarias. En las paredes de ladrillo a la vista, blancas por la humedad, todavía hay rastros de los dos metros de agua inundaban el lugar y pequeñas canaletas construidas en los contornos evidencian el gran volumen de agua que, hoy, dos bombas succionan cada 15 minutos para evitar que vuelva a anegarse.
"En 1988 resurgió la idea de edificar la parroquia, lo que obligó a plantear nuevamente el problema de la cripta inundada, porque arriba de ella debía erigirse el templo. No obstante, recién en 1998 se instaló un sistema de bombeo para quitar el agua y esto permitió a los arquitectos reforzar la estructura para iniciar las obras arriba", contó el hermano Héctor Barchini, director del colegio Tulio García Fernández.

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