Aunque falleció hace 38 años, el nombre de monseñor Gregorio de Jesús Díaz aún resuena en los oídos de muchos ciudadanos de Banda del Río Salí. Al pensar en el legado espiritual que dejó con su paso, la esperanza por un futuro mejor continúa siendo un anhelo que entrelaza la fe con la realidad.

A partir de la década del 50, el cura tucumano se dedicó a apoyar a las familias obreras de la zona. Ponerle “el pecho” a la crisis social -profundizada por el cierre de los ingenios, en 1966- no resultó una tarea fácil. Sin embargo, monseñor Díaz demostró el alcance de su temple: construyó escuelas, un centro de atención de salud, huertas y varias capillas.

Recuperar estas escenas de entrega al prójimo fue lo que motivó la escritura del libro “El cura de los cañaverales”, de la periodista Magena Valentié. La obra intenta reconstruir (a través de entrevistas, manuscritos y otros documentos) la figura del religioso; sin perder de vista el factor humano.

La autora se especializa en temas referidos a la educación y religión y realizó diversas coberturas para LA GACETA. Entre ellas se destaca la beatificación del cura Brochero, Mama Antula y Fray Mamerto Esquiú. Por su labor, ganó en 2015 un reconocimiento de parte de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) en la categoría Solidaridad social.

Presentación

En el marco de la 19° edición del Mayo de las Letras, “El cura de los cañaverales” se presentará hoy, a las 17.30 horas, en la plaza Independencia. Como anticipo, la escritora comentó algunos detalles sobre la experiencia y el valor de la religiosidad popular.

- ¿En qué contexto surgió esta publicación?

- La idea de escribir sobre el cura Díaz surgió repentinamente. Fue un día en que dos vecinas de Banda del Río Salí, María del Carmen Domínguez y María Elisa Nieto, llegan con un papelito diminuto a la redacción de LA GACETA para pedir su publicación. Sólo anunciaban el traslado de los restos de monseñor Díaz, a pedido de los vecinos, desde el cementerio de Río Seco hasta la parroquia El Santo Cristo. Pregunté quién había sido este cura que hasta sus fieles lo reclamaban después de muerto. María del Carmen hizo un pequeño relato que me dejó impactada. “Esto merece un libro”, le dije; me salió del alma. “¿Usted se animaría a escribirlo?”, me retrucó. Esta es la historia.

- ¿Cuáles fueron los aportes más trascendentales que realizó Gregorio de Jesús Díaz?

- Mirando desde el presente la vida del padre Díaz en su contexto social, creo que su mayor aporte fue la esperanza y la paz a un pueblo que lo necesitaba. En tiempos en que los trabajadores estaban despojados de todo derecho, que no tenían casa porque el lugar donde vivían pertenecía al ingenio, no contaban con obra social ni un hospital cerca ni escuelas secundarias ni capillas, monseñor Díaz les enseñó a visualizar proyectos de bien común y a trabajar en ellos. Las demandas sociales se fueron solucionando. Consiguió que el ingenio San Juan pusiera en venta parte de las tierras para que los obreros pudieran comprarlas en cuotas bajísimas. Creó tres escuelas, un hospital, una casa de reposo, capillas que se convirtieron en parroquias, y supo ser el nexo entre los vecinos, los obreros, los empresarios, las instituciones educativas, el estado y la iglesia. Los puso a todos en diálogo y de ahí salieron la paz y la esperanza.

- Durante la etapa de búsqueda de archivos ¿descubriste algún hecho inédito? ¿Qué emociones o recuerdos primaron al escuchar a los entrevistados?

- Me llamó la atención cómo era la vida de los curas puertas adentro. Lo sacrificada que había sido su existencia volcada plenamente a los fieles, al tratar de acompañar todos los aspectos de la vida cotidiana. Había curas jóvenes que venían a ayudarlo a la casa parroquial y no podían soportar esa vida de servicio tan exigida y terminaban renunciando. Él lo cuenta todo en una agenda escrita de su puño letra, que me sirvió de base para el libro. En cuanto a las emociones que primaron voy a contar una anécdota: visité una de las ex colonias del ingenio en Colombres donde todavía se conservaban las huertas familiares que había promovido el padre Díaz. Me recibió un hombre muy añoso que caminaba apoyado en un trípode. Cuando le conté que quería entrevistarlo para el libro me dijo: “hace 30 años que la espero. ¿Por qué demoró tanto?”.

- El apodo de monseñor Díaz era “el cura de los cañaverales”. Esa referencia quedó plasmada en el título de la obra, ¿por qué lo llamaban así?

- En la década del 50 cuando llega el padre Díaz a la parroquia El Santo Cristo, sólo había cañaverales a su alrededor. La población era escasa y se concentraba alrededor de los dos ingenios que había, el Concepción y el San Juan. Banda del Río Salí aún hoy sigue siendo la Capital Nacional del Azúcar.

- ¿Por qué es relevante recuperar estas figuras de la religión local? ¿Disponer de ejemplos tan palpables y próximos mejora nuestro acercamiento a la fe?

- “El cura de los cañaverales” tiene la pretensión de saldar la deuda que tenemos con la historia de este hombre que tanto hizo por la comunidad de Banda del Río Salí, en su triple dimensión espiritual, social y comunitaria. Monseñor Díaz representa un modo de ser sacerdote, en un determinado momento histórico de la Iglesia. No era el único, pero de él tenemos muchos registros documentales. Era mucho más que un cura, era el “padre” de todos, enseñaba a vivir la fe puertas afuera del templo.

Para agendar: actividades gratuitas para hoy

- Feria Regional del Libro, de 10 a 21 horas, en la plaza Independencia. Habrá stands con venta de libros y conversatorios con escritores, además de contar con la presencia de al menos 15 editoriales del NOA.

- Teatro para niños “Trastabilidades”, a las 10, en la plaza Independencia.

- Presentación de 16 libros escritos por autores tucumanos, a las 19 horas, en la plaza Independencia. El ciclo estará coordinado por la gestora cultural Alejandra Burzac Saenz. Entre las obras que serán expuestas figuran: ““Zapatillas de Viaje” (Norma Cañizares), “Una lágrima al corazón” (Teresa González), “¿Te hacemos el cuento?” (Olga Martínez), “Numen de Tapera” (Luis Alberto Ibarra) y “Líricas” de Fátima Osores.