¿La candidatura de Juan Manzur estaba viciada de legalidad? Sí, lo estaba.

¿La Corte Suprema de Justicia de la Nación actuó políticamente? Sí, lo hizo.

El Estado desmadrado queda en evidencia cuando un toque de más voltea el dominó que mantiene en pie las instituciones. Cabía la posibilidad de que el máximo tribunal interviniera y cuestionara su postulación a vicegobernador. El oficialismo, o el manzurismo, subestimó esa opción del múltiple choice de la política. En aquella certeza de que la “fórmula invertida” iba a llegar (e imponerse) radica el argumento de los que hoy afirman que el único responsable de la interrupción de las elecciones es Manzur.

El impecable -e imbatible- estratega Manzur cometió su primer error no forzado en un momento delicado, que lo deja con pocas chances de quebrar el saque. ¿Podrá hacerlo? A esta hora se dice de todo: que no declinará su postulación, que sí lo hará, que buscará refugio en el Senado (es el suplente de Yedlin), que mantiene e incrementa sus chances nacionales con esta “subida” de imagen puertas adentro del oficialismo. ¿Será?

Mientras el gobernador medita qué hacer, su vicegobernador ensaya un muro de escudos a lo “vikingo”, con sus fieles de siempre, y se prepara para las batallas que se avecinan: la interna y la opositora.

Jaldo parece signado por un gualicho que le entorpece el andar siempre que se acerca a la cima. Le pasó cuando en 2003 un José Alperovich lo corrió de lo que era su candidatura segura para la Gobernación; le volvió a suceder cuando aquel ungió a un novato Manzur para sucederlo, y le pusieron otra roca con una interna feroz hace dos años.

Ahora se le abre el arco para quitarse de encima al gobernador ya, pero con el riesgo de que la debacle económica y el payasesco gobierno de Alberto Fernández lo compliquen en las urnas si la fecha para sufragar se patea para junio.

Mientras tanto, los especialistas faciales anduvieron anoche atendiendo urgencias: los pacientes eran decenas de opositores con “risitis” aguda…

Desamparo

La explicación a la segunda aseveración del texto deviene de los plazos con los que actuó la Corte. Los integrantes del máximo tribunal exhiben argumentos débiles para explicar por qué ahora, cinco días antes de los comicios, emite un fallo devastador para las pretensiones del oficialismo comarcano. Alegar desconocimiento, “ingenuidad”, plazo razonable o imposibilidad técnica para resolver antes el planteo de Germán Alfaro deviene en poco aceptable. Los argumentos del amparo positivo develan que predominó la interpretación por sobre lo jurídico. El máximo tribunal terminó tomando con sus manos el barro que le venía aventando el kirchnerismo, se lo tiró encima y fortaleció la teoría de que en la Argentina juega fuerte “el partido judicial”. Incluso opositores (como Martín Correa, del Frente de Izquierda Unidad) formulan el mismo análisis: Manzur forzaba la Constitución con su candidatura a vice, pero la Corte jugó políticamente al suspender recién ahora los comicios.

La visión agrietada de nuestra sociedad hacia la “cosa pública” habilita que los de un lado vean sólo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. El fallo contra Manzur, al igual que el muy similar contra el sanjuanino Sergio Uñac, no hace más que incrementar la desconfianza hacia quienes conducen la Justicia, en particular, y los poderes del Estado, en general. Si la Corte tucumana y la nacional, los Ejecutivos local y de la Nación, y los legislativos de aquí y de allá fueran confiables, los cuestionamientos o las dudas serían anecdóticos.