“En la intervención estatal en el mercado de la soja dos puntos merecen ser destacados. El ‘dólar soja’ de septiembre fue clave para que aumenten las reservas y para que se cumplan las metas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero en rigor, se trató de un programa de emergencia que permite salir del paso, pero que, más adelante, generará otro problema”, advirtió Manuel Alvarado Ledesma, docente de Agroeducación.

Los resultados del nuevo programa de “dólar soja”, actualmente vigente, resultan distintos de los del aplicado durante septiembre. “Aquel permitió que la diferencia entre la capacidad de compra entre la industria y la exportación sea negativa. Ergo, algo más de un 30% de las exportaciones del complejo sojero fueron de poroto de soja. Pero ahora es distinto. La situación ha mejorado, la competitividad de la industria, que tiene un diferencial favorable”, explicó Alvarado Ledesma.

Causas del cambio

El especialista precisó que, en gran medida, esta diferencia se debió a la modificación en el derecho de exportación.

“Se ha vuelto a un diferencial. En rigor, histórico: ahora los subproductos han vuelto a pagar un 31%, en lugar de un 33%; y el poroto, un 33%. Es decir que ha vuelto a darse una diferencia -de dos puntos- entre lo elaborado y el poroto sin procesar. A primera vista parece una diferencia escasa. Pero la realidad es que resulta muy importante y de alto impacto. Porque la industria paga un producto con un 33% de castigo y vende con un 31%, una alícuota, claramente, menor”, puntualizó el docente.

Añadió que desde que comenzó a regir el nuevo programa “dólar soja”, las ventas al exterior de poroto de soja han sido casi nulas. “Prácticamente la totalidad de las exportaciones comprenden a derivados de soja”, dijo.

Indicó que, obviamente, no es lo mismo un derecho que un arancel. “La aplicación de aranceles es una forma de proteger la industria, sin afectar a la producción. Diferente es el cuadro cuando se aplican derechos de exportación. Ellos afectan directamente a la producción. Podría decirse que el arancel es un premio para la producción y el derecho, un castigo”, sintetizó.

Razonabilidad

Alvarado Ledesma consideró que la modificación de derechos tiene cierto sentido, si se toma en cuenta lo que sucede en el mundo. “Los principales importadores tienen una malla de castigos a la entrada de nuestros productos de esta industria. China grava sus importaciones de aceite de soja con un arancel de un 9%; y las de la harina, con uno de un 5%. Y así es que resulta ser el primer importador mundial de poroto de soja, con casi 100 millones de toneladas”, explicó. Y agregó que Estados Unidos también grava las importaciones de aceite de esta oleaginosa, de la Argentina, con un arancel de un 19%.

“El segundo punto a remarcar está directamente relacionado con la oferta del poroto. No se necesita ser demasiado perspicaz para caer en la cuenta que el volumen de stocks de soja se ha reducido fuertemente. El primer programa de ‘dólar soja’ logró ello. Y el segundo, ahora, acentuará más aun el problema”, advirtió.

Explicó que al escaso volumen de stocks al que se llegará al momento de la trilla habrá que agregar la sustancial caída de la próxima cosecha. “Difícilmente, la cosecha alcanzará el volumen de 38 millones de toneladas. Este número surge de considerar que las precipitaciones siguen ausentes. Y lo peor de todo, esta escasez se ha acentuado en la zona núcleo, cosa que no es lo usual”, puntualizó.

Con este cuadro, expresó que resulta lógico que se aguarde una reducida oferta de soja para la exportación de poroto y para cumplir con la demanda de la industria. “Y cuando la oferta resulta menor a la demanda será totalmente razonable que los precios internos tiendan a la suba”, manifestó Alvarado Ledesma.