“Bajarnos del auto y buscar otras formas de transportarnos es una cuestión que tenemos que resolver y que la Covid nos puso de frente a esta problemática”, advirtió Daniel Rodríguez, director del Instituto de Transporte de la Universidad de Berkeley (California, EE.UU), uno de los mayores expertos en la materia del continente.

Rodríguez participó hace dos semanas de una charla virtual organizada por la argentina Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.

En ese encuentro dijo que “la pandemia encuentra a la región con problemas que ya veníamos arrastrando, como el tema del financiamiento del transporte público, su envejecimiento por falta de mantenimiento y la necesidad de expansión para competir con el transporte privado”, y que “otro gran reto se relaciona con los costos que el automóvil privado está llevando a la población, en polución y congestión”.

Sobre la contaminación que genera el motor a combustión es un tema que ya nadie discute. Un auto particular grande, por ejemplo una 4x4, que traslada a una sola persona, produce 100 veces más kilos de dióxido de carbono por habitante y por kilómetro (0,44 en el índice de emisiones GEI), que un auto ecológico que traslada a cuatro personas (0,042) y mil veces más que un colectivo, siempre dividido por personas trasladadas y por kilómetro (0,003).

Una bicicleta, lo mismo que caminar, producen cero.


Menos veneno en el aire

Durante la cuarentena rígida, hay ciudades que redujeron drásticamente su contaminación, como Bogotá (80%), Buenos Aires (60%), Río de Janeiro, donde el confinamiento no fue tan estricto (30%) o Tucumán (70%), según imágenes satelitales que publicó la Universidad de Buenos Aires.

Dicho de otro modo, dejamos de respirar tanto veneno, nosotros, los animales y las plantas.

Acerca de la congestión y los graves problemas en el tránsito que padecen las ciudades modernas a causa de los vehículos, es otro enfoque que ya nadie pone en tela de juicio. Seguir ampliando calles, avenidas y autopistas sólo prolonga la agonía y empeora el cuadro. Como dicen los urbanistas, aflojarse el cinturón no te hace más delgado, por el contrario, te invita a comer más.

Otro de los problemas que menciona Rodríguez es el déficit del transporte público, una encerrona que venimos arrastrando desde mucho antes de la pandemia. Ahora mismo atravesamos un nuevo paro nacional de colectivos, en donde los empleados reclaman por su salario, los empresarios aducen que trabajan a pérdida, y los políticos dicen que ya no pueden incrementar los subsidios.

Esta situación, post pandemia, será mucho más complicada. El 70% de los pasajeros que utiliza el transporte público en el mundo lo hace por trabajo o por estudio, según la Universidad de Berkeley.

Ya sabemos que el trabajo remoto llegó para quedarse en muchas empresas, públicas y privadas, que comprobaron durante la cuarentena que ahorran tiempo y dinero e incluso mejoraron la eficiencia en determinadas áreas. Lo mismo con las clases en algunas materias, sobre todo en las universidades.

Si a esto se le suma que muchas personas, por temor o por precaución, no volverán a subirse a un colectivo por largos meses, además de los protocolos de distanciamiento que deberá mantener el transporte público, está claro que el déficit del sector sólo tenderá a profundizarse.


Medidas concretas

“Algunos países están ofreciendo incentivos para que las personas usen más la bicicleta. En Francia y en el Reino Unido están ofreciendo 50 euros para ser usados específicamente en talleres para mantenimiento de bicicletas”, contó Rodríguez.

Venecia acaba de distribuir 800 bicicletas, 200 con pedales asistidos por motores eléctricos, en los barrios más populosos de esa ciudad.

Perú también anunció subsidios a las bicicletas y en ciudades como Bogotá, Oakland y Nueva York se cerraron calles a los vehículos para que sean de uso exclusivo para peatones, ciclistas y usuarios de monopatines. Buenos Aires también lo hizo, desde hace tres semanas, en plazas y parques.

“Otras ciudades esperan un aumento de tráfico de autos particulares, porque suponen que algunos pasajeros de transporte público preferirán usar su auto. Aunque esto puede amilanar dudas sobre exposición a Covid por parte de los viajeros, genera otros costos muy altos como congestión vehicular, polución ambiental, y sedentarismo”, advirtió Rodríguez.


Las ferias barriales

Otro de los cambios que trajo aparejados la pandemia, y que llegaron para quedarse, es que se están fomentando las ciudades policéntricas. Esto es, según Rodríguez, “que se reparta la carga de gente, el resurgimiento de la tienda de barrio, ofrecer productos a los vecinos y de esta manera se logra que no todo el mundo vaya en la misma hora al mismo lugar y a su vez permite un distanciamiento más equilibrado”.

En esta línea, Yerba Buena habilitará desde hoy una feria vecinal, en el predio de la Casa de la Cultura, donde emprendedores locales ofrecerán carnes, lácteos, verduras, panes, especias y productos de limpieza. Además, habrá un espacio para que los artesanos locales puedan exhibir sus trabajos. También habrá puestos gastronómicos y actividades recreativas y saludables, según anunció el municipio.

Respecto de la forma en que nos trasladamos, Yerba Buena y Tafí Viejo están siendo pioneras en la provincia en rediseñar las ciudades y en recuperar la escala humana, es decir que la prioridad sean las personas y no los autos. Para esto avanzan en varios proyectos de ciclovías, peatonales, bicicletas de alquiler como medio de transporte público y ferias vecinales, más cerca de la casa de la gente.

Ahora se sumó la Universidad Nacional de Tucumán, con asesoramiento técnico, que además pretende extender estas ideas a toda el área metropolitana.

En la capital, el concejal José “Lucho” Argañaraz, interventor de la UCR, está terminando un proyecto de ordenanza de ciclovías urbanas, que se complementaría con el resto del trazado metropolitano.

En otros despachos del Concejo Deliberante están debatiendo además la necesidad de cerrar calles de la capital para uso saludable y recreativo, los fines de semana, y la ampliación de peatonales y semipeatonales.

En Tucumán se dice mucho y se hace poco, ya lo sabemos, no somos ingenuos. Pero al menos se han puesto en agenda temas vitales para mejorar la calidad de vida de los vecinos.


Objetivos comunes

Reducir la polución, lo que redundará rápidamente en un millonario ahorro en salud, descongestionar el tránsito, fomentar usos más económicos y saludables de transporte, ahorrar tiempo y dinero en traslado, ampliar los espacios de esparcimiento e incentivar la economía barrial, generando nuevas fuentes genuinas de trabajo, son objetivos que están en la cabeza de algunos dirigentes. No son muchos, pero ojalá sean los suficientes.

De nosotros depende que los dueños de los votos piensen menos en las elecciones del año que viene y se ocupen más de los problemas importantes, como disminuir la contaminación, aumentar la seguridad, mejorar las cloacas, bajar la congestión, lograr transportes más baratos y saludables y poder vivir en ciudades más amigables. Pensar que los vecinos puedan ir en bicicleta o caminando a la feria del barrio, en vez de sacar el auto para comprar cigarrillos a tres cuadras, no es un sueño imposible. Otras ciudades lo están pudiendo hacer, sin grandes presupuestos, por el contrario, ahorrando mucho dinero mal gastado.

Todo cambio cultural es complejo y prolongado y la política tiene una cuota importante de responsabilidad en toda transformación. Pero el único rol imprescindible es el que ocupa la gente, el de los vecinos dispuestos a cambiar, a vivir mejor. De todos nosotros depende.