Entre las múltiples sensaciones que provoca la pandemia de coronavirus en el mundo está la del aprendizaje. Todavía no se terminó y se habla de los cambios personales, radicales en cada ser humano. Eso le está pasando a Emmanuel Lucenti, triple representante olímpico, que como toda la humanidad está afectado por la pandemia, y encima en condición de “varado”. Al tucumano de 35 años el cierre de las fronteras lo sorprendió en Georgia (ver aparte), en el límite entre Europa y Asia, con su mujer, Agostina, y su hijo de un año, Camilo. Todavía no se cumplen tres meses del día en que la Organización Mundial de la Salud declaró la alerta mundial y a Lucenti la realidad ya le dejó igual cantidad de enseñanzas -quizás más- que en 20 años de carrera deportiva en el alto rendimiento.

- Tres Juegos Olímpicos y viajaste por todo el mundo. ¿Pensabas vivir algo así?

- Jamás. No me lo imaginaba ni estaba preparado para esto.


- ¿Cómo es la cuarentena en Georgia?

- Hace más de dos meses que estamos así, aun habiendo muy pocos casos y muertes. Siempre se pudo salir, pero lo menos posible. De hecho salgo a correr. No dejan estar a más de tres personas juntas. La policía pasa en los patrulleros alertando y tienen una especie de micrófono y les dicen que se separen. Sé que metieron presas a muchas personas que salieron a la noche y también secuestraron vehículos.

- De todos los países que conociste ¿a este cómo lo describirías?

- Acá se vive la situación con mucho respeto. Creo que hay una genética muy dura, muy fuerte y también por eso la gente no se infectó tanto o se recuperó tan rápido. Pero es un país un poco raro. Con algunas cosas nuestras y otras muy diferentes. Son muy serios y poco cordiales, no me llevo una buena impresión realmente. Hay cosas que hemos pasado con mi mujer que no nos gustaron y en que nosotros hubiésemos actuado de otra manera. Más allá de que algunas situaciones no fueron buenas, estoy contento porque aprendí.

- ¿Podrías ponerlo en comparación con algo parecido que te haya pasado?

- Pasé muchas situaciones más difíciles que esta. Para mí, muchas veces, cada viaje es una tortura porque voy por mi cuenta, con mis medios. Mis rivales duermen en hoteles cuatro o cinco estrellas y yo siempre estoy durmiendo en hostel. La mayor parte del presupuesto sale del apoyo que me da mi sponsor, Daedo, algo del Gobierno de Tucumán y ahorros míos de años y años. Siempre tengo que pensar cómo hacer más barato todo. Estoy acostumbrado a pasar este tipo de situaciones de cansancio, de largos viajes e incertidumbre.

- Después de tantos años de carrera tus rivales te conocen ¿cómo creés que te ven?

- Creo que me consideran un yudoca muy peligroso que puede tener muchos días malos, pero en uno bueno puede pasar cualquier cosa.

- Sos papá hace poco ¿la pandemia sería distinta si no lo fueras?

- Definitivamente. Uno maneja tiempos particulares: ahora yo me debo a mi hijo y a mi mujer. Esta situación me mostró que la vida y el amor me llevaron por este lado; realmente estoy muy feliz de estar en este momento con ellos. Poder ayudar a mi mujer como persona y a mi hijo, que crezca feliz. Son cosas que ni un torneo, ni tres Juegos Olímpicos, ni nada te lo dan. Yo pensaba que el éxito se trataba de ser un deportista exitoso y de superarse.

ENTRENÁNDOSE. Hasta que la cuarentena se declaró, Lucenti fue acompañado por su hijo en el tatami georgiano.

- Tu hijo cumplió su primer año de vida ahí. ¿Cómo fue?

- Al cumpleaños de Camilo lo pasamos un poco a los tumbos porque tuvimos tres malas experiencias en dos días con los alojamientos. Nos quisieron aumentar el doble las reservas, horas antes de entrar. El feliz cumpleaños se lo cantamos en la vereda. Mi hijo tiene un año recién, pero ya se va curtiendo, por así decirlo. Lo que trato de enseñarle es que la felicidad tiene que estar en cualquier lado, en cualquier momento. Él es un chico muy feliz y vive contento. Yo lo respeto mucho porque tiene una fortaleza tremenda.

- ¿Por qué lo decís?

- Porque desde los dos meses está viajando constantemente. Lo llevo de un país a otro, de un avión a otro. Por ahí me siento un poco culpable y no me siento bien por haberlo despojado de su casa, pero creo que va a estar orgulloso de su mamá y de mí. Hicimos todo para pelear por nuestro objetivo porque esto de los Juegos Olímpicos se volvió un objetivo de familia. La vida no empieza ni termina en eso, pero sí, es lo más importante para un deportista amateur.

- ¿Empezaste a hacer algo nuevo o retomaste algo que habías dejado?

- No empecé nada nuevo, pero siempre me gusta aprender. Me volví experto buscando pasajes, muchas veces termino yo pasando datos a las embajadas. También empecé a averiguar de otros idiomas, porque quizás tengamos pensado en un futuro emigrar a Europa ya que queremos darle una estabilidad a nuestro hijo. Y si Argentina sigue así, creo que no vamos por buen camino.

- ¿Qué creés que puede salir de todo esto?

- Pueden salir mejores deportistas y personas. Primero, porque nunca hemos tenido tanto tiempo para detenernos a pensar. Uno tapa huecos saliendo, entrenándose, y no se detiene a ver las cosas que no hace bien. O es reincidente ante algunos hechos que no puede manejar o controlar. Es el lado positivo que le veo a la pandemia. Personalmente, me he dado cuenta de muchas cosas. Y cómo deportista, pensar qué es lo que estuve haciendo mal, volver a los registros físicos y técnicos que uno tenía antes. Cuando en un futuro sea entrenador, me parece que será muy importante esta pausa porque me sirvió para ordenar muchísimo todo.