Silvina Rodríguez Curletto nació por primera vez hace 36 años. Su segundo nacimiento fue exactamente hace tres años. Era una mujer totalmente sana y su vida cambió de repente y sin aviso en una sola noche. Estaba durmiendo y se despertó rara. Sintió que su corazón había dejado de latir. Luego, vinieron las palpitaciones. Hasta que se desmayó. Su diagnóstico era muerte súbita. Pero la resucitaron en un sanatorio después de varias descargas eléctricas de un desfibrilador externo.

Cuando Silvina volvió de la muerte el panaroma era bastante demoledor: descubrieron que genéticamente sufría arritmia y que tenía una fibrosis en el corazón, sumado a una falla estructural del músculo más importante del cuerpo. En otras palabras, eso significaba que la muerte iba a estar al acecho de su vida. Y así fue. Porque después de eso tuvo varias paradas cardíacas y debió ser resucitada. La medicaron y le hicieron una ablación para tratarle las zonas que le generaban anomalías eléctricas. Sin embargo, el peligro nunca cesó. Hasta ahora, que los médicos decidieron ponerle un desfibrilador dentro de su cuerpo. Así, cada vez que la “parca” amenaza, el aparato se activa, ella siente una descarga y sigue con su vida, como si nada.

Otro dato curioso de esta historia es que Silvina -que es cordobesa- tuvo que volver a vivir a Tucumán después de varios años para poder tratarse, ya que en nuestra provincia le ofrecían la mejor opción para su enfermedad. Y su implante se convirtió en el primero del tipo (cardiodesfibrilador subcutáneo) implantado en todo en todo el norte argentino. Fue el cardiólogo especializado arritmias, Luis Aguinaga, quien le ofreció este dispositivo después de analizar este caso en profundidad.

El dispositivo

Rodríguez Curletto es oriunda de Río Cuarto. Cursó sus estudios en la UNT, donde se recibió de arqueóloga. Después regresó a Córdoba y realizó allí un doctorado en Ciencias Antropológicas. En la actualidad es investigadora del Conicet. Específicamente estudia la violencia interpersonal previa a la llegada de los Incas. Su trabajo de campo es en la Puna de Jujuy y Santiago del Estero, donde debe buscar evidencias en restos óseos y arte rupestre.

Hasta hace un mes vivía en Río Cuarto, donde están sus padres y sus hermanos (ella es la menor de tres). Mientras estudiaba en Tucumán conoció a su actual esposo, Bruno Caringelli. Fue él quien averiguó en nuestra provincia si había mejores opciones para tratar a su esposa. Así fue que contactó al doctor Aguinaga y le trajo toda la historia clínica de su esposa.

“Cuando me enfermé, empecé a tratarme en Córdoba. Realmente tuve ese evento tan grave hace tres años y nunca me recuperé del todo. Vivía asustada. Fui a parar varias veces a las guardias médicas por las arritmias. No podía realizar mis investigaciones porque me habían contraindicado viajar a la Puna; creo que eso fue lo peor de todo”, cuenta Silvina. Para Aguinaga era el caso perfecto para colocar este dispositivo nuevo. El y su equipo se estaban entrenando desde dos años antes. Solo restaba aplicar lo estudiado.

“La mayor utilidad de este desfibrilador subcutáneo es para tratar pacientes que han sido resuscitados. Es decir, personas con muy elevado riesgo de morirse súbitamente ante la recurrencia de la arritmia que provocó el primer episodio. Optamos por este dispositivo que se introduce debajo de la piel en la zona torácica y permite sensar el ritmo cardíaco y dar una descarga cuando detecta una arritmia maligna que pone en riesgo la vida del paciente”, detalla Aguinaga. El equipo médico con el que trabajó estuvo integrado por Alejandro Palazzo y Alejandro Bravo, en un proyecto conjunto de las instituciones Hemodinamia del Parque y el Centro Privado de Cardiología. Señaló que es un gran avance para la provincia ya que hay muy pocos de estos aparatos en el país.

CON LOS MÉDICOS. SILVINA JUNTO CON LOS ESPECIALISTAS QUE LA TRATARON. LA GACETA / FOTOS DE ANTONIO FERRONI.-

El cardiodesfibrilador es un dispositivo (marcapasos desfibrilador) que se utiliza ampliamente en el mundo para prevenir la muerte súbita arrítmica. El aparato convencional consiste en un generador y electrodos que van insertados a través de las venas en el corazón. La diferencia con este nuevo aparato que ahora lleva Silvina es que no necesita ingresar a los vasos sanguíneos ni al interior del corazón.

“Otra cuestión importante es que reduce el riesgo de infecciones que pueden afectar las válvulas cardíacas y la estrechez de las venas que llegan al corazón; al mismo tiempo que evita remover catéteres en el futuro frente a posibles desplazamientos, que en el caso de un dispositivo convencional se encontraría dentro del corazón.

“Mi hija es una luchadora, tiene muchas ganas de vivir. Necesitaba esta oportunidad. Era una cuestión de vida o muerte”, dice la mamá de Silvina, Stella Maris Curletto. Sus ojos se llenan de lágrimas cuando recuerda el último episodio en que tuvieron que resucitar a la joven. Fue en enero. “Vivíamos atemorizados, con la sensación de que podía ocurrir lo peor”, confiesa.

Silvina se emociona. Agradece a sus amigos Jimena y Alvaro Medina Chuecas, que hicieron todo lo posible desde lo legal para que su obra social le cubriera el tratamiento en Tucumán. Ahora no se quiere mover de la provincia. Tiene un montón de proyectos. Para empezar, volver a la Puna sin pensar en que tendrá que salir corriendo a un hospital para que la resuciten en cualquier momento. Y cumplir con otro sueño postergado por su enfermedad: ser mamá. Siente que puede lograr cualquier cosa ahora que su corazón late más fuerte que nunca.