En la vida del futbolista hay momentos dulces y amargos. La ilusión se contrapone a la frustración en forma constante, y eso vale para todos, incluso hasta para la más encumbrada de las figuras. Aprender a lidiar con los sinsabores del fútbol es para un jugador tan necesario como saber parar una pelota y entregársela al compañero. Y eso también le cabe a los juveniles, quienes a veces tienen la dicha de ser convocados a participar de pretemporadas con los profesionales. Por una u otra razón, a veces se trata de una fantasía fugaz, y la vuelta a la realidad se hace difícil.

En la actual pretemporada, el técnico Rubén Darío Forestello llevó a los trabajos que se realizaron en Perico al arquero Patricio Albornoz (18 años) y al volante Agustín Prokop (17), quienes cargaron en sus bolsos la ilusión de poder demostrar sus condiciones y hacer que la semana en tierra jujeña sea el comienzo de una nueva etapa.

“Estoy muy contento, no sólo por la citación, sino también porque en lo físico pude conocer las exigencias que significa trabajar a nivel profesional. Sé que todavía tengo mucho que aprender y estoy dispuesto a escuchar todos los consejos que me permitan crecer no sólo como futbolista, sino también como persona”, destacó Albornoz. Al igual que Prokop, el joven cuidapalos fue sometido al ritual de la maquinita durante la pretemporada en Perico. Ahora ambos lucen sus cabezas rapadas.

Transición

Para algunos chicos, que en su momento eran verdaderas promesas, tener que regresar a la vida de un juvenil en el plantel de Liga luego de haber formado parte del firmamento de los profesionales, es un golpe duro de asimilar.

Un buen caso para graficarlo es el de Tomás González. Hoy con 20 años, cuando tenía 16 fue convocado por Darío Tempesta para entrenarse con el primer equipo. “Tomy” tuvo incluso la posibilidad de jugar en la Copa Argentina con Sebastián Pena. Sin embargo, de la noche a la mañana desapareció de la escena y volvió a trabajar con las inferiores. “En la primera citación me había ilusionado mucho, porque era el salto de calidad que esperaba. Cuando Pena me volvió a citar, lo tomé con más tranquilidad. Lo que me golpeó mucho fue que Diego Cagna no me tuviera en cuenta. Es indudable que no estaba preparado para recibir un golpe así, me costó demasiado superar ese trance. Pero como todos dicen, el fútbol siempre te da revancha y yo estoy esperando la mía”, se planta el volante, que integrará el plantel de Reserva de la AFA.

Si hay una palabra autorizada para hablar del tema, es la de Jacinto Eusebio Roldán, tanto por lo que representó como jugador, como por su labor actual como entrenador de las inferiores del club de La Ciudadela. “Es algo inevitable que el chico al que lo suben al plantel profesional y luego vuelve a las inferiores se sienta golpeado en lo anímico. Ellos tienen que comprender que, como en todos los órdenes de la vida, en el fútbol se deben ir quemando etapas y que lo que vivieron en esos días tiene que servirles para su formación, tanto física como futbolística” subraya la histórica figura de los “Santos”.