Se frota las manos y asegura que no se despega de los televisores que tiene prendidos en su casa. “Pascuala” Guardo, como la conocen en el barrio Diagonal Sur a Heladia, la suegra de Esteban García -el buzo que está en el submarino ARA San Juan-, vive a la distancia la ansiedad de no saber qué está pasando. “Hablamos todos los días con mi hija (Gabriela Acosta), pero trato de que no sean largas las comunicaciones porque se pone mal y llora”, comenta la mujer, quien hoy viajará a Mar del Plata donde reside su hija con sus dos nietos, Nahuel, de 1 año; y Agustín, de 3.

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En la mesa de su casa, junto a uno de sus hijos, Héctor, repasa estos cinco días y lanza el dato que más la alarma: “dicen que pueden estar bien durante siete días sin salir a la superficie”. Hace silencio. “Esteban es un muy buen chico. Se había recibido de buzo y al año pasado había comenzado a navegar en submarino”, relata.

Su hija Gabriela y él se conocieron hace varios años y hace cuatro que están casados y viven en Mar del Plata. Esteban llegó a esa ciudad de la costa como voluntario de la Marina y con el tiempo comenzó a perfeccionarse, recuerda Pascuala.

“Apenas se casaron él se fue a la Antártida. Estaba 20 días ahí y 20, en Ushuaia”, explica. Estaban acostumbrados a las separaciones largas. De hecho -enfatiza Pascuala- esta travesía en submarino iba a ser la más larga porque la fecha de regreso estaba prevista para el 10 de diciembre. “Después Esteban le dijo a mi hija que iban a regresar antes, alrededor del 28 de noviembre. Y después, cuando se supo de que había un desperfecto, iban a volver hoy (por ayer)”, cuenta Pascuala.

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Esa había sido la última comunicación que tuvieron Gabriela y Esteban. No eran comunicaciones directas, sino mensajes a través de un intermediario de Comunicaciones, precisa Pascuala.

“Uno no pierde las esperanzas. Espera alguna señal de vida”, asegura, ya con la voz entrecortada por la angustia.

La última vez que los vio juntos fue en julio, cuando regresaron a Tucumán durante las vacaciones. Pero en general las visitas son esporádicas, una o dos veces al año. Mañana, se cumplirá una semana de que el ARA San Juan perdió contacto.

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LOS HECHOS

El submarino ARA “San Juan”, de 65 metros de eslora y siete metros de diámetro, navegaba desde la Base Naval Ushuaia hacia su apostadero habitual de la Base Naval Mar del Plata, a unos 400 km. al sur de Buenos Aires. El miércoles, a las 7.30, reportó su última ubicación en el Golfo San Jorge, a 240 millas náuticas (432 km.) de la costa, al sudeste de la Península Valdés y a unos 1.300 km. al sur de la capital argentina. Se hallaba sumergido y viajaba a cinco nudos de velocidad (9,26 km/h). Desde ese momento no se volvieron a tener noticias.

LA BÚSQUEDA

El viernes, la Armada declaró el “estado de búsqueda y rescate” (SAR) del submarino. Aviones y barcos militares -y también pesqueros- de Argentina y otros países iniciaron el rastrillaje una zona de 482.507 km² en el Atlántico Sur.

INTENTOS DE COMUNICACIÓN

El sábado, el Ministerio de Defensa informó que se habían recibido siete comunicaciones satelitales que podrían ser del submarino. Las llamadas no habían llegado a ser enlazadas. Ayer se descartó que proviniesen del navío.

LA ADVERTENCIA

La Armada reveló ayer que el submarino había advertido antes de desaparecer un “principio de avería” en su sistema de energía por baterías; pero que luego comunicó que el problema había sido “subsanado y reparado”.

SITUACIÓN ESTRUCTURAL DEL NAVÍO

El “San Juan” fue construido en Alemania en 1985 y trasladado a Argentina. En 2007 fue sometido a un proceso de reparación para aumentar su vida útil en unos 30 años. Fueron puestos en condiciones todos los sistemas operativos de la nave y reparadas las 960 baterías que lo hacen funcionar. Volvió a navegar en 2014.

MALAS CONDICIONES METEOROLÓGICAS

La búsqueda del “San Juan” se realiza en medio de un fuerte temporal que ocasiona olas de hasta seis metros de altura en el Atlántico. Las condiciones meteorológicas “son pésimas, las peores en los últimos días”, y no mejorarán hasta mañana, expresó la Armada. Se baraja la posibilidad de que el comandante del submarino haya decidido soportar el temporal sumergido porque en la superficie las inclemencias son más difíciles de soportar.

LAS HIPÓTESIS

Las autoridades navales sostienen que un defecto en el sistema de comunicación podría ser la causa de la pérdida de contacto con el submarino. Pero si hubiera ocurrido eso, el protocolo indica que el “San Juan” debió haber emergido. La Armada no desestima que el problema haya sido eléctrico, lo que podría haber afectado también la propulsión de la nave. Pero también precisa que si hubiese ocurrido algo de gravedad, se habría emitido una señal especial, lo cual no ocurrió. El jueves había trascendido como versión, que no fue confirmada oficialmente, que podría haber habido un incendio en el submarino.

LA AUTONOMÍA DEL SUBMARINO

Según las autoridades de la Armada, el submarino tiene una autonomía de 15 días para navegar sin rumbo en caso de emergencia. También su tripulación tiene agua y alimentos para dos semanas. Según la Armada, no hay preocupación por la supervivencia, ya que se cuenta con “agua, comida y aire”. Sin embargo, se desconoce si los tripulantes enfrentan otro tipo de dificultades. (DPA)