Yubrán Gosne se interesó por la caligrafía gracias a su abuelo, un inmigrante libanés que vino al país en octubre de 1936 y al que recuerda caminando con los brazos atrás, sonriente y cantando en su idioma. Le enseñó a escribir en árabe, lo que le permitió además de aprender el idioma, sumar recursos estéticos y técnicos a la hora de practicar caligrafía. Muchos años después sumaría el hebreo. Su mamá lo recuerda de niño ejercitándose mediante la copia de los titulares de los diarios. Siendo adolescente cursó un año en un colegio técnico de la ciudad de Alberdi donde tenían en la currícula la materia “Caligrafía”, lo que le permitió profundizar en la técnica.Tras una pausa, Yubrán volvió a interesarse por los estilos caligráficos y el lettering. Estudió diseño gráfico y conoció a Rafael Soto, un docente salteño que le daría el último empujón a la práctica profesional. Las herramientas con las que vuelca su arte en el papel son las plumas, los plumines, las felpas, los fibrones, los pinceles y las tintas. En los talleres que dicta, Yubrán ha notado que la falta de la práctica caligráfica se manifiesta en la escritura por la perdida de legibilidad, en las escalas de las letras. “Los alumnos no han observado la forma de las letras pese a haberlas escrito desde niños”, sostiene.