A Mario Rapoport le interesa pensar las cosas -en este caso, las respuestas- en términos económicos, políticos, sociales, históricos y comparados. Instalado en el sillón de la sala de su departamento porteño, elabora respuestas complejas y se permite el lujo de irse por las ramas del pasado. En 80 minutos de diálogo deja claro que no es peronista pero que, con el tiempo, se hizo anti antiperonista. También afirma que descree de las distinciones entre derecha e izquierda, y de los consensos. Al respecto cita a Antonio Gramsci: "una política consensuada a larga lleva a la dictadura".

El licenciado en Economía Política, doctor en Historia y padre de muchos libros, acuerda en general con las decisiones económicas del kirchnerismo. Nada más empezar la conversación, recuerda que Néstor se propuso poner en contraste el modelo económico de la década previa con el que empezaba a delinearse en el discurso inaugural de su presidencia. En ese momento fundacional, según su criterio, la retórica presidencial retomó diversos aspectos de la experiencia del país durante la industrialización sustitutiva; el objetivo del pleno empleo; el desarrollo de la industria nacional; la recomposición del mercado interno; la reivindicación de la soberanía política, el afán de emancipación de intereses extranjeros representados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y favorecidos por la gran deuda externa.

El académico de la Universidad de Buenos Aires interpreta el anuncio de ese programa a la luz de "Llorar por la Argentina", el artículo que el estadounidense Paul Krugman, premio Nobel de Economía, publicó en enero de 2002. "El autor señalaba allí que la fracasada economía argentina llevaba el sello 'made in Washington' impreso en todas partes y proponía una devaluación ordenada, que es lo que ocurrió. Además, pronosticaba que el nuevo Gobierno haría retroceder el reloj y pondría cuotas de importación; daría la espalda a los mercados mundiales y regresaría al antiguo discurso antiestadounidense. Y Krugman predecía que esa política iba a funcionar", relata.

Esta premonición se reveló real, según Rapoport, que cita el crecimiento al 8 o 9% anual con una baja en 2009, sin perjuicio de las dificultades del presente, y analiza que Kirchner coincidió con los planteos que en 2000 había formulado el Grupo Fénix (colectivo de economistas heterodoxos al que él pertenece). "Algo de eso recogió, aunque no lo dijo explícitamente. Y Kirchner en primer lugar se embarcó en el desendeudamiento, que, para algunos, podría responder a presiones de los acreedores, pero que más bien fue una forma de eliminar la restricción externa, que siempre resultó un tema crítico para Argentina", evalúa.

Y de denostar la convertibilidad ("demostró la falsedad del culto al dólar", define) pasa a censurar con todavía más ahínco la costumbre de los ahorristas de sacar sus fondos del país: "prefieren convertir las ganancias en dólares y enviarlas al extranjero antes que invertirlas en el mercado interno. Esta conducta viene especialmente desde la dictadura militar..." Y cuando toca redondear, Rapaport elogia que los Kirchner se hayan alzado contra las corporaciones económicas: "este no es un Gobierno del 'establishment' y no se lo perdonan".

- ¿Qué utilidad tienen medidas como el control de cambio y la restricción de divisas (el llamado "cepo cambiario")?

- Esto no es nuevo en la economía argentina: fue implantado por los gobiernos conservadores en la década de 1930. (José Félix)Uriburu aplicó por primera vez el control de cambios para salvar los intereses agroexportadores. (Juan Domingo) Perón recurrió a esa herramienta para favorecer al sector industrial; (Arturo) Illia hizo lo mismo...

- ¿Se podría decir que no se generaron las condiciones de confianza para que esos dólares se queden por sí solos en el territorio?

- ¿Cuál es el problema de confianza en un país que crece durante seis o siete años al 8%? ¿Cuál es la confianza en meter los dólares en Lehman Brothers y que este banco después quiebre? ¿O poner los dólares en casas en Miami que al poco tiempo valen la mitad? El país crece cuando el mundo se viene abajo y la gente sigue sin confiar. Los brasileños no hacen eso: tuvieron problemas similares a los de Argentina y, sin embargo, invierten en Brasil, no "fugan" las divisas y eso que allá también hay restricciones para acceder a los dólares.

- ¿Y por qué existe esa diferencia entre Argentina y Brasil?

- Porque en Argentina hay una antigua tradición de dependencia externa que no se ha superado, que es cultural y que viene de la vieja oligarquía sometida a Gran Bretaña, donde todo lo que venía de afuera era mejor que lo de adentro. Y eso se traslada a la no inversión en la industria y al mantenimiento del modelo agroexportador. Esa cultura rentística se proyecta a los sectores medios y, pese a que después hubo un movimiento industrializador importante, este fue cortado por una dictadura militar convencida de que esta era la causa de las alianzas populistas que fundaron el peronismo. Evidentemente que nos falta una burguesía nacional. En 1921, Alejandro Bunge denunció ese déficit en la Unión Industrial retratando a "los cosmopolitas", que son aquellos que comen y visten como en el extranjero, y desprecian lo vernáculo.

- ¿Políticas como la del "cepo cambiario" han de ser limitadas en el tiempo?

- El Gobierno cometió un grueso error: debió haber aplicado la restricción mucho antes. No puede ser que durante varios años cualquiera podía sacar dos millones de dólares diarios del país. Hay leyes de la dictadura militar que no cambiaron y que son claves: una es la de inversión extranjera, que garantiza a las compañías transnacionales el derecho a llevarse sus utilidades cuando deseen. Es decir, no están obligadas a reinvertir en Argentina.

- ¿Tienen razón los que dicen que el kirchnerismo desprecia la seguridad jurídica?

- El país con menos seguridad jurídica del mundo es Estados Unidos. ¿O qué pasó con las hipotecas "subprime"? ¡Fue una estafa total que afectó a la economía internacional! ¿Qué seguridad personal hay con leyes que flexibilizan las detenciones? ¿Y la cárcel de Guantánamo? Ellos quieren la seguridad jurídica que les permita hacer los que se les dé la gana: no invertir, llevarse el dinero, no pagar impuestos... Estoy harto de escuchar esa crítica. Más corrupción que la que hubo en la Italia de Silvio Berlusconi y la que exhibe la monarquía española, ¿dónde? Aquí nadie hace análisis comparado, es un pensamiento provinciano. Hay un cosmopolitismo superficial: se viaja pero no se ve nada.

- ¿Por qué Néstor y Cristina no pudieron armar equipos económicos solventes?

- El ex ministro Miguel Peirano fue un tipo muy capaz, lo mismo que Axel Kicillof, que es uno de los más grandes conocedores que tenemos sobre teoría económica. Estos no son improvisados, aunque es probable que los haya habido, que hayamos tenido cierto cholulismo y elecciones desafortunadas, como el caso de Martín Lousteau. No sé (Hernán) Lorenzino, no sé de dónde salió. Desde que asumió, Cristina incursionó en una política de confrontación con determinados sectores económicos que correspondía hacer. Es utópico pretender un consenso general para todos los temas. Cuando los productores agropecuarios se llevan un excedente extraordinario como el que se estaban llevando, era necesario imponer retenciones.

- Y ya que habla de confrontación, ¿puede ser que las maneras cuestionables de Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, hayan perjudicado al Gobierno?

- Estamos diciendo estupideces. Moreno tendrá su personalidad, y uno podrá o no estar de acuerdo con lo que hace, pero que el tipo diga algunas cosas firmemente no tiene nada de malo siempre que uno pueda replicarle. No hay un problema de maneras, sino de políticas. ¿O tenía mejores maneras (el dirigente ruralista Alfredo) De Ángelis? ¿La gorda (Elisa) Carrió las tiene? Es la política más salvaje de la Argentina. El Estado debe intervenir en la economía, ya lo dijo (Joseph) Stiglitz. ¿Molesta que lo haga? Lo contrario es el consenso de Washington y la desrregulación que hizo estragos en todo el mundo.

- ¿Cómo interpreta la propuesta para blanquear ahorros en dólares no declarados?

- Estoy a favor de la pesificación porque creo que hay que romper la cultura del dólar y no concuerdo con esta idea, pero los que la objetan son justamente los que "fugaron" las divisas. Es una hipocresía total. Y aprovechan cada oportunidad para criticar porque sin duda este no es un Gobierno del "establishment". Habrá tenido sus errores y ligerezas, pero no respondió a las corporaciones y estas no se lo perdonan. En Argentina existe una inequidad muy grande en materia de ingresos, y una masa de dinero que podría dar vuelta absolutamente la economía nacional y que está guardada en cajas fuertes, paraísos fiscales o invertidas en empresas de afuera. Aquí hubo 25 años de un neoliberalismo salvaje que hundió al país y Kirchner tuvo el mérito de haberlo sacado de esa encrucijada.

- ¿Cuál es su posición respecto de la intervención al Indec?

-Fue un error del kirchnerismo. Esa decisión obedeció en parte a la necesidad de reducir el costo de los intereses de los bonos en pesos, que estaban indexados por la inflación. El tema de las estadísticas es muy complicado en todas partes y, sin embargo, no disculpo la situación.

- ¿Y qué dice acerca de la inflación?

- Desde 1945 hasta el presente sólo hubo inflación del 3% durante el Gobierno peronista de 1953 y 1954. Después, sacando los momentos de deflación, hubo índices superiores al 25% anual. La situación actual es razonable desde la perspectiva histórica, sobre todo si se considera que el salario real no bajó.

- ¿Y por qué el oficialismo oculta la inflación si esta está dentro de los parámetros normales?

- Hay una campaña... La inflación cero es del neoliberalismo de Milton Friedman. En esta década se recuperaron valores que estaban perdidos como la economía productiva; el valor del empleo; la mejor distribución de los ingresos; la defensa de los salarios de trabajadores y de las jubilaciones... Para hacer eso necesariamente hay que tocar intereses creados. Espero que la Argentina del futuro respete la herencia kirchnerista. Hay que evitar que vuelvan a abrir las compuertas del país para que entre la crisis nuevamente. No estoy de acuerdo con la falta de alternancia en el poder pero tengo miedo de que un (Mauricio) Macri o una Carrió anulen las conquistas de este período. No hay plan alternativo. ¿Vamos a volver a (Domingo) Cavallo? Si quieren deshacer lo que se hizo, se armará el gran quilombo.

PERFIL
Un heterodoxo con formación interdisciplinaria

Mario Rapoport es licenciado en Economía Política (Universidad de Buenos Aires) y doctor en Historia (Universidad de París I-Sorbona), y se desempeña como docente universitario e investigador del Conicet. Pertenece también el Grupo Fénix, formado por economistas heterodoxos como Aldo Ferrer y Mercedes Marcó del Pont, y dirige la Maestría en Historia Económica y de las Políticas Económicas (Universidad de Buenos Aires). Es autor de una veintena de libros, entre ellos, "Argentina-Brasil, de rivales a aliados" y "Las grandes crisis del capitalismo contemporáneo".