Grace Kelly no tenía sangre azul, pero la merecía. ¿O no lucía en la pantalla como una verdadera princesa del cine? Su casamiento con Raniero III fue el cuento de hadas del siglo XX. Una plebeya en el trono de Mónaco, sí, pero ¡qué plebeya! Máxima Zorreguieta está lejos del glamour de Grace Kelly. Nunca cruzó una mirada con Gary Cooper a la hora señalada. Pero es tan plebeya como aquella diosa de Hollywood que se mató a los 52 años en un accidente de auto. Idéntica muerte a la de Diana Spencer, la Lady Di de los corazones solitarios. 


Si existen los cuentos es porque sólo un hada podía conseguir lo imposible: que un príncipe pisara el fango para rescatar a una soñadora de carne y hueso del universo onírico y sentarla en un trono. ¿A quién se le ocurría? Una plebeya en la corte... ¡que Dios no lo permita! En la fantasía y nada más.

La cuestión es que los tiempos han cambiado. Los glóbulos azules son un bien que escasea. No hay princesas (ni príncipes) para meter en un bolillero y elegir. La realeza avanza hacia una hibridación inevitable apelando a los seres comunes y un poco silvestres que utilizan (¡horror!) el transporte público.

Máxima, un genuino producto del porteñísimo colegio Northlands, no es la peor de la clase, a pesar de que en Holanda no aceptaron ni aceptarán que su papá haya sido un colaborador de la última dictadura militar. Hay cosas que las casas reales -por más relativismo que impere- no piensan negociar.

Pongamos el caso de Mette-Marit Tjessem Høiby, esposa de Haakon Magnus y futura reina de Noruega. Hija de un periodista y de una empleada bancaria, Mette-Marit se enganchó con un traficante de cocaína llamado Morten Borg. Quedó embarazada y en esa condición apareció en un reality de la TV noruega buscando novio. Después fue mamá del pequeño Marius. Nada de esto le importó al príncipe Haakon: desde que conoció a Mette-Marit en un festival de rock la introdujo en la familia real. Será reina.

¿Y qué se puede decir de Daniel Westling? El marido de la princesa Victoria, futura reina de Suecia, era... su personal trainer. La sociedad sueca -y la familia real- quedaron horrorizados por esta relación. Hasta que Victoria le torció el brazo a su papá -el rey Carlos XVI Gustavo- y la boda se concretó. Hoy Daniel recibe el tratamiento de Alteza Real. Y eso que todavía no le dieron el cetro. Mary Donaldson es bella y distinguida, pero de noble no tiene nada. ¿Habrá pensado la australiana que un día sería reina de Dinamarca? Pues bien, durante los Juegos Olímpicos de Sydney, en 2000, conoció al príncipe Federico, lo flechó y a otra cosa. Mary lo está haciendo realmente bien: además de haberle dado cuatro herederos a Federico, es la figura más popular de la casa real danesa. La quieren. En ese sentido su historia tiene puntos de contacto con la de Máxima.

Distinto es el caso de Letizia Ortiz, esposa de Felipe de Borbón y futura reina de España. Su biografía, superescrutada día a día, destaca en el copete que está divorciada de un profesor de Literatura llamado Alonso Guerrero. Afortunadamente para Letizia y para su pasado de periodista estrella en el que la prensa no se cansa de hurgar, el descrédito de la casa real española es tan alto que ella quedó en un segundo plano. A su concuñado Iñaki Undargarin, marido de la infanta Cristina, le siguen la pista por un rosario de estafas.

"Los plebeyos han salvado a las casas reales de Europa a base de tender puentes entre el pueblo y sus respectivas monarquías", escribió el periodista Andrew Morton. Interesante lectura, que al mismo tiempo conduce a una original deducción: en el siglo XXI el cuento pasó a ser la unión de dos miembros de la nobleza. Sólo un hada lo haría posible.

LA CENA DEL ADIÓS 
Una noche con elegancia y clima distendido

Caminaron juntos y las sonrisas se mantuvieron durante todo el trayecto de la larga alfombra roja. La reina Beatriz, Guillermo y Máxima llegaron al mismo tiempo a la gala del Rijksmuseum, donde anoche agasajaron a los jóvenes príncipes y princesas de las 18 casas reales. Esos invitados también asistirán hoy a la ceremonia de investidura. La Princesa de Orange lució su viejo vestido rojo de Valentino, strapless y con volados plisados (lo usó en otras ocasiones). Con las joyas apostó a lo seguro: eligió la tiara de diamantes que pertenece a las joyas de la Corona holandesa y el colgante con el diamante Stuart, que perteneció a María Estuardo. Entre los asistentes especiales estuvieron Carlos y Camilla; los príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, y Alberto de Mónaco (que asistió sin su mujer), entre otros.

COMITIVA 
Lazos culturales y comerciales

La senadora Beatriz Rojkés de Alperovich acompañó al vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, en la comitiva argentina que viajó a Holanda. Ambos recorrieron el museo Casa de Ana Frank, y Boudou destacó la importancia de la investidura de Máxima para estrechar "lazos culturales y comerciales entre los dos países".