Tantas letras P que implican la masculinidad: P del poder patriarcal, de privilegios y permisos, de la olla a presión de la masculinidad estoica, de pasadas experiencias. Acaso como graduados de la "Academia James Bond" donde el mundo "se les enseña" como un hobbie personal.
Recetarios sencillos de masculinidad: competitividad, fuerza, hipersexualidad, heterosexualidad, dinero, saber, buen status público y ejercicio de la violencia. Quizás sea interesante pensar que la masculinidad y la feminidad no sean conceptos unificados y que se encuentran llenos de mensajes contradictorios y contrarios, diversos según los contextos étnicos, clasistas, geográficos, ceñidos por normas legales y sociales. No son diferencias sencillas, son divisiones sociales radicales que refieren a diferencias de poder y situaciones históricas donde los hombres han tenido el poder, en lo social y en la práctica, para definir a las mujeres.
El problema de la violencia sexual masculina contra las mujeres plantea agudamente varios dilemas. Es útil repensarlo como la representación ritual del significado sexual sobre el sexo y buscar la explicación en las condiciones sociales y psíquicas donde se adquiere la masculinidad. La violencia sexual masculina no es el resultado de una biología no problemática sino de prácticas sociales y estructuras psíquicas complejas. Producir cambios implica procesos múltiples: nuevos métodos de crianza de los hijos, condiciones económicas, legales y sociales radicalmente diferentes para las mujeres. La diferencia sexual no es inevitable ni inmutable. El poder es un asunto delicado en los análisis del sexo intergeneracional, en el sadomasoquismo consensual, en la erotización del poder en sí. Preguntas que nos conducen a debatir los límites o las fronteras de la actividad sexual válida, las formas eróticas del odio.
La secularización de la sexualidad llevó a involucrar más el sexo con el mercado. La sexualidad polimórfica y polisémica, plantea mayores posibilidades de explotación y romantización de la violencia sexual. La mayor liberalización produjo cambios en el esquema de las relaciones con efectos desiguales. La sexualidad esta íntimamente vinculada al clima social y político en que vivimos. ¿Política del sexismo o política del deseo? Los valores sexuales no pueden desentenderse de los valores sociales que apoyamos y éstos en sí son cada vez más diversos. El pluralismo moral y social nos remite a saber que no se trata de una construcción monolítica de la sexualidad. Es relevante estudiar los placeres privados y las políticas públicas.