Es probable que Dominique Strauss-Kahn, el defenestrado director del Fondo Monetario Internacional (FMI), sobre quien pesan cargos por intento de violación a una camarera de un hotel neoyorquino (más otras acusaciones por episodios anteriores) se esté preguntando por qué el cristal de la impunidad se ha quebrado justo para él, un incomprendido que, diría Foucault, no soportaba las noches monótonas de la burguesía victoriana.

Es probable que el político francés, en su debacle narcisista, no se haya percatado de que no es el único en la pendiente. En Italia, esta semana, las urnas ya le dieron su castigo al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, acusado por mantener relaciones sexuales con una prostituta menor de edad. El "Cavaliere" perdió esta semana en los comicios locales en su Milán natal.

En Israel, hace tres meses, el ex presidente israelí Moshe Katsav fue condenado a siete años de cárcel, después de que un tribunal lo considerara culpable de violar a una mujer y de abusar sexualmente de otras dos. El escándalo político por acusación de agresión sexual no perdona raza, religión ni ideologías.

Lo que yo quiero
¿Cómo explicar estos suicidios políticos por acoso o "travesuras" sexuales, que hasta hace unos años parecían más circunscriptos a la victoriana tradición anglosajona? Como señala el psicoanalista tucumano Jaime Najles, en los Príncipes Modernos (en el sentido de Maquiavelo) a la constante de la guerra se le suma la del sexo como símbolo de omnipotencia. En la misma dirección, la directora clínica del Sexual Recovery Institute en Los Ángeles, Sharon O?Hara, afirma que existen innumerables casos de hombres con un implacable apetito sexual cuyas vidas fueron arruinadas por esa pulsión.

"Se trata de una cualidad psicópata: Se hace lo que yo quiero, cuando yo quiero, pues soy muy poderoso. Siempre se trata de poder", añade la experta.

Desde la psiquiatría, el tucumano Rubén Calduch opina que la lucha entre los dos sexos es antigua como el mundo. "Robert Graves, el experto en mitos, nos recuerda que reinaban sobre el mundo las diosas, pero que se impusieron finalmente los dioses; la transgresión, el deseo fatal que logra traspasar las vallas que le pone la norma, la civilización, ha existido siempre. Pero ahora estas situaciones se conocen gracias a los medios", apunta Calduch.

Es, en parte, lo que dice el sociólogo británico John Thompson, autor de "Escándalo político. Poder y visibilidad en la era de los medios", un libro que lleva más de diez años pero que mantiene la vigencia de los clásicos y en el que se traza una caracterización del escándalo político en tres variantes: de poder, sexual y financiero.

Bienvenido el escándalo
Contrariando el sentido común, Thompson le da la bienvenida al escándalo. El entiende que ese es el modo de que un caso de corrupción o de acoso sexual salga a la luz. Estos escándalos, afirma, disparan las preguntas acerca de en qué medida la vida privada de los políticos es relevante para su función pública. Hasta hace unas décadas, la consigna en todo el mundo (incluida Tucumán) era que vicios privados y virtudes públicas eran paralelas que no se tocaban. En la Norteamérica hipócrita de los años 60, la de los glamorosos Kennedy, ello fue posible, dice Thompson, gracias a un pacto de silencio de los medios que duró hasta 1978. El escándalo del Watergate, señala el sociólogo, llevó a la sanción de una ley de Etica en el ejercicio de los cargos públicos. En palabras de Calduch, la norma, la ley, es la que le pone freno a la atracción fatal.

Señala Thompson que no hay escándalo (del griego, skandalon, sentido figurado para hablar de trampa o causa de un tropiezo moral) sin los medios de comunicación: es la existencia de esos medios lo que permite que la trangresión a la ley por parte del poderoso se haga visible, pública.

El experto de Cambridge aporta otros argumentos para entender estos vientos de cambio que llevan a los políticos incontinentes al banquillo de los acusados.

Entre esos argumentos, señala el declive gradual de la política ideológica y la creciente importancia de la "política de la confianza". Tras las crisis de los partidos políticos, lo que cuenta es el vínculo entre el candidato y el ciudadano, y ya no "las ideas". Entonces, las cuestiones de la vida privada no son irrelevantes. Thompson añade que el espíritu de la época está teñido por la fuerza social y política de los movimientos de mujeres, protagonistas activas en las cuestiones relacionadas con la violencia de género, incluyendo el impulso a la legislación pertinente.

En esa dirección, el FMI acaba de publicar su nuevo código oficial de conducta. Lo hizo el jueves, el mismo día en que Dominique Strauss-Kahn renunciaba a la conducción del organismo para enfrentar cargos por presunta agresión sexual. Por cierto, el FMI lo indemnizará con U$S 250.000 y pensión vitalicia.

Las nuevas reglas de ética del organismo internacional, que fijan normas en el lugar de trabajo sobre relaciones y acoso sexual, fueron aprobadas el 6 de mayo.

Sin embargo, esa normativa fue publicada recién el jueves, por razones no especificadas, según informó la agencia AFP.

Acaso un intento un poco tardío de calmar las aguas en 17 street, la calle que en Washington DC alberga los edificios del FMI y del Banco Mundial y a la que las malas lenguas, dice la prensa local, han rebautizado como el Bulevar de la Mala Conducta.

ALGUNOS CASOS
Dominique Strauss Kahn
El político socialista, hasta hace unos días firme candidato a la presidencia de Francia, tuvo que reununciar la semana pasada a su cargo de director  del FMI, acusado por acoso sexual por la mucama de un hotel neoyorquino. No es la primera denuncia de esta índole que pesa sobre él. 

Moshé Katsav
El ex presidente israelí fue condenado en marzo a siete años de cárcel, después de que un tribunal le considerara culpable de violar a una mujer y de abusar sexualmente de otras dos. Las acusaciones se remontan a los años noventa, cuando era ministro de turismo del conservador partido Likud.

Silvio Berlusconi
En el "rubro sexo" (tiene otras cauas por abuso de poder), el primer ministro italiano está acusado por el delito de prostitución de menores, por haber mantenido relaciones sexuales a cambio de dinero con la marroquí ?Ruby Robacorazones? cuando ésta aún no había alcanzado la mayoría de edad.

Bill Clinton
En 1997, el entonces presidente de los Estados Unidos tuvo que asumir ante la Justicia que había mantenido una "relación inapropiada" con la entonces pasante de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky. Acusado por perjurio por el fiscal Kenneth Starr, finalmente fue liberado de esos cargos.   

John Kennedy
En toda esta saga sobre sexo y poder, fue acaso el único político que no fue juzgado públicamente por sus conductas sexuales "inapropiadas" (en particular, por su relación tortuosa con Marilyn Monroe). El sociólgo John Thompson afirma que hubo un "acuerdo" entre los medios para apañarlo.