Se conocieron en marzo de 2004 en el Centro Educativo Terapéutico para la Infancia y la Adolescencia (Cetpia) del Instituto Leo Kanner. Desde entonces, Augusto Contreras, de 16 años, y Juan Felipe Jiménez Vera, de 17, jamás dejaron de hacer buenas migas. Ambos padecen diferentes grados y características de autismo y cursan el secundario en los colegios Santísima Trinidad y Nueva América, respectivamente, que promueven la integración escolar. Augusto y Juanfe (así lo llaman a su amigo) lograron demostrar que sentimientos tan puros -como la amistad y hasta el amor- también tienen cabida en esa manera tan particular de percibir y sentir el mundo que los rodea.

"Me cuesta prestar atención, entender los que los otros me dicen... Tengo varios amigos en el colegio, como Ramiro, Lucas y Germán, pero no a todos les hago preguntas y los entiendo como a Juanfe. Trato de que no esté mucho tiempo en la compu, le enseño juegos de mesa, a entretenernos de otra manera...". Augusto asume una actitud protectora cada vez que se refiere a su par. Y como quiere ser actor y director de cine en Hollywood, habla con el mismo acento centroamericano que usan en el doblaje de las películas. Juanfe intenta terciar en la charla, pero Augusto, mientras se acomoda los anteojos con aire intelectual, le pone una mano en la rodilla y con la otra le hace señas para que no interrumpa. "Me gustan -acota- las películas románticas, las de acción, ficción, aventuras, pero no como la 2012. Es una estupidez que un director muestre hechos violentos que aún no ocurrieron...", reflexiona. "A mí me gustó Avatar. Pero me puse muy mal cuando vi en la tele el terremoto de Japón, cómo el agua se llevaba las casas, la gente, las calles y puentes...", contó Juanfe, que se comunica con lengua de señas y muchos gestos porque tienen gran dificultad para expresarse con lenguaje verbal.

Su madre, Mariana Sigstad, contó que cuando tenía tres años vivían en Noruega donde le habían diagnosticado erróneamente sordera profunda, le colocaron audífonos, pero Juanfe se los sacaba y los rompía. "Es que me molestaban porque vos y papá me gritaban mucho y eso me ponía mal, no soportaba", le responde Juanfe.

Tiempo después, en España, le diagnosticaron autismo con agnosia verbal (no reconoce la palabra), razón por la cual no se le entiende muy bien cuando habla. Su fonética es por momentos gutural, como la de un extranjero.

De pronto, Juanfe - más disperso que Augusto, pero pícaro- muestra una tremenda cicatriz en su rodilla y pierna izquierda. "Estaba jugando con mi gato -recordó- y me llevé por delante una puerta balcón con vidrios. No sabía que me había lastimado (no siente el dolor) pero lloré cuando me hicieron 20 puntos" (se impresionó cuando lo suturaron). Los chicos conversaron con nuestro diario más de una hora.

Tocaron varios temas y no faltó el amor. "Me gusta Eliana, pero me pongo muy nervioso y no sé qué decirle", cuenta Augusto. "La mía es muy bonita pero no voy a decir su nombre", retruca Juanfe.