El papa León XIV celebró este viernes su primera misa en Uruguay, en la Catedral Metropolitana de Montevideo, donde fue recibido por autoridades de la Iglesia local. Durante la homilía, destacó la labor de los sacerdotes y las congregaciones religiosas y puso el acento en los gestos cotidianos de solidaridad, acompañamiento y servicio a los demás. “Qué hermosas son las manos que han envejecido haciendo el bien”, expresó.
“Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos”: el mensaje de León XIV en UruguayLa ceremonia religiosa se realizó en el primer día de su viaje a Sudamérica. Antes de arribar al templo, el Pontífice había recibido las llaves de la capital uruguaya durante un acto celebrado en el Cabildo de Montevideo.
A su llegada a la Catedral Metropolitana, León XIV fue recibido por Milton Luis Tróccoli Cebedio, obispo de Maldonado-Punta del Este y Minas y presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay. En su bienvenida, el prelado destacó el trabajo de los integrantes de la Iglesia en “una tierra que amamos” y manifestó el deseo de anunciar la fe “con respeto, alegría y libertad” en un país donde conviven distintas creencias.
León XIV dijo que su visita a la Argentina será un homenaje a Francisco: "Voy con mucha alegría"También recordó el testimonio de Jacinto Vera, primer obispo de Uruguay, y sostuvo que la Iglesia local busca renovar su compromiso con la misión evangelizadora. “Santo Padre, esta Iglesia lo recibe con gratitud. Bienvenido a su casa, bienvenido al Uruguay”, concluyó.
Primera homilía en Uruguay
En sus primeras palabras, pronunciadas en español, León XIV hizo referencia a la historia del templo y recordó que allí recibió el bautismo José Gervasio Artigas.
Durante la homilía, el Papa centró su reflexión en la cercanía de Dios frente al sufrimiento humano y en la manera en que Jesús manifestó su amor a través de gestos concretos. “Él ve el sufrimiento de su pueblo y escucha su clamor”, afirmó.
Para explicar esa mirada, evocó distintos pasajes de la vida de Jesús, como cuando “extendió la mano para tocar a un leproso y bendijo a los niños que se le acercaban”. También recordó el pedido de perdón que pronunció desde la cruz por quienes lo habían llevado a la muerte. “Así es nuestro Dios”, resumió.
El Pontífice dirigió luego un mensaje a los obispos, sacerdotes y religiosos presentes, a quienes reconoció por haber transmitido el amor de Cristo a distintas generaciones a través de su trabajo pastoral. “En Jesús hemos conocido cómo nos mira y cuánto nos ama (cf. Jn 14,9). Queridos hermanos, ese amor de Cristo ha querido llegar a tantas personas también por medio de ustedes”, sostuvo.
En ese sentido, describió las tareas cotidianas que realizan quienes dedican su vida al servicio de la Iglesia. Habló de quienes acompañaron a personas enfermas, prepararon alimentos, escucharon situaciones difíciles y asistieron a quienes ya no podían caminar. “Sus ojos han visto crecer a generaciones enteras y han descubierto lágrimas que pasaban inadvertidas. Sus oídos han acogido confidencias difíciles de pronunciar”, expresó. También se refirió a quienes encuentran en el confesionario un espacio de escucha y reconciliación. “¡Cuántas personas han llegado al confesionario con temor y han salido gozosas por el perdón recibido!”.