Al árbol le faltan hojas a propósito. Lo armaron Kiara Navarro y Ana Moyano, de 18 y 17 años, con relatos y fotografías de La Escuelita de Famaillá para recordar a las personas desaparecidas durante la última dictadura militar. Formó parte de la Muestra Pedagógica y Concurso Los jóvenes hacen historia, realizada el sábado 31 de octubre. Allí, ellas y sus compañeros del Colegio Santa Rita, de Banda del Río Salí, presentaron el libro “Memorias de lo inmóvil”.
El proyecto interdisciplinario de Lengua y Literatura y Trabajo y Ciudadanía, acompañado por la profesora Viviana Pérez, comenzó con dos visitas: a La Escuelita de Famaillá y al Pozo de Vargas. Una de las experiencias que más los movilizó fue conocer que las familias plantaban un árbol cada vez que se identificaban los restos de un ser querido. “Quisimos que falten hojas para entregar a las personas que faltan y todavía sienten ese vacío”, explicó Kiara mientras mostraba el trabajo.
Ana, de 17 años, contó que escuchar a los familiares les permitió conocer otra dimensión de lo ocurrido. “Vimos otra perspectiva de todos los hechos”, dijo. Oír directamente a quienes perdieron a sus seres queridos cambió su manera de acercarse al tema e incluso los inspiró. Para Yonathan Chejolan, también de 17 años, el proceso fue una experiencia de trabajo colectivo. “Nos pusimos de acuerdo por primera vez”, recordó.
La publicación implicó otro desafío: conseguir el dinero para pagar la impresión y los gastos editoriales. Los estudiantes organizaron rifas y reunieron fondos por su cuenta. También consiguieron el apoyo del intendente de Banda del Río Salí, Gonzalo Monteros, quien colaboró con casi el 50% de los costos.
“Los chicos se pusieron al hombro un gran proyecto”, destacó Pérez. La publicación llegó justo cuando el grupo se prepara para egresar. Para Yonathan, eso le da un significado especial al trabajo. “Me da un poco de tristeza dejar el colegio. Voy a extrañar a todos mis compañeros”, reconoció. Sin embargo, sabe que algo de ese último año quedará en las aulas: “Va a ser algo importante para las próximas generaciones”.
Investigaciones desde las escuelas tucumanas
La muestra se realizó en el Espacio para la Memoria La Escuelita de Famaillá y reunió 38 trabajos, con la participación de 77 docentes. Treinta y tres propuestas fueron del nivel secundario y cinco al superior. Llegaron desde más de 23 localidades y 12 departamentos tucumanos. La mayoría provino del interior.
La actividad fue organizada por el Espacio para la Memoria y el Centro Educativo Ana María Sosa, como cierre de un itinerario de formación docente que comenzó en marzo. La propuesta surgió a partir del trabajo con Fronterita cuenta su historia, un libro de Ana Sofía Jemio, Silvia Gabriela Nassif y Daniela Wieder que reúne testimonios de sobrevivientes y familiares vinculados con el Ingenio La Fronterita.
Según explicó Bruno Bonilla, coordinador de la iniciativa, uno de los aspectos más valiosos fue el encuentro entre generaciones. “Poder llegar a esa transmisión intergeneracional con chicos que no han vivido ni siquiera cerca estos períodos y que ellos puedan preguntar, investigar, trabajar y llegar a estos proyectos es una alegría”, expresó.
Los proyectos que recibieron el primer puesto
En artes visuales y audiovisuales, ganó Biblioteca Nicolás Avellaneda: Memoria y Patrimonio de Concepción, del Conservatorio Provincial de Música, anexo Concepción. La profesora Hilda Apaza propuso investigar lugares históricos de sus localidades. Los estudiantes eligieron el Ingenio La Corona y la vieja estación de Aguilares, hoy convertida en un espacio cultural. Uno de ellos pintó a un cañero y luego entrevistó a un trabajador de La Rinconada.
En narrativa de no ficción, el primer puesto fue para La esperanza entre las ruinas, de la Escuela Secundaria Wenceslao Posse. Alumnos de cuarto año investigaron sobre el ex Ingenio La Esperanza, en Delfín Gallo, junto a los docentes Jerónimo Pino Coviello (Turismo), Carlos Fernando Ruiz (Lengua) y Walter Barroca (Geografía).
Visitaron el predio, entrevistaron a antiguos obreros y crearon una audioguía interactiva. A través de un código QR, los visitantes pueden escuchar testimonios, música y sonidos de distintos sectores del lugar. También consultaron el archivo de LA GACETA. “La intención era recuperar las voces de quienes habían trabajado en el ingenio y acercar esas experiencias al presente”, explicó Carlos.
En la categoría de cuento, poesía y dramaturgia, ganó Memorias que pisan el surco: Terrorismo de Estado, Operativo Independencia y transposición teatral en Simoca, de la Escuela Agrotécnica de Simoca. Los primeros puestos recibieron un viaje a San Miguel de Tucumán con un recorrido histórico y libros para todo el curso, donados por la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán (EDUNT).
“Escribí el libro que necesitaba leer”: sufrió bullying y hoy recorre escuelas para contar su historiaOtras formas de contar la memoria
Entre las producciones también hubo pinturas, videos y collages realizados por estudiantes de educación especial. Eliseo Daniel Quintero, de 13 años, pintó un cuadro sobre memoria, verdad y justicia en menos de una semana. Su profesora, Estela Gisell Rodríguez, contó que eligieron juntos una imagen y avanzaron paso a paso. “Las actividades se adaptaron a los tiempos y los intereses de cada alumno. Vamos y volvemos a un tema”, explicó.
En La Madrid, estudiantes del Instituto Juan Pablo II investigaron sobre el ferrocarril y entrevistaron a Aníbal Heraldo Tejeda, un docente jubilado oriundo de esa localidad. El trabajo reconstruyó la vida alrededor de la estación, donde las familias vendían comida y artesanías durante las paradas del tren, que duraban entre 10 y 15 minutos. “Era un medio de subsistencia”, explicaron los docentes Ana Apestey y Damián Concha. También recuperaron el impacto del cierre del servicio: muchas familias emigraron al conurbano bonaerense y llevaron consigo parte de la cultura tucumana.
En el Instituto Carlos Pellegrini, cuatro alumnas de sexto año —Catalina Casey, Juliana Espíndola, Martina Vallejo e Itatí Sosa— trabajaron sobre la Guerra de Malvinas. Reunieron testimonios de un vecino del barrio Sur, un excombatiente y un profesor jubilado que era estudiante durante la guerra. Con ese material hicieron un mural físico y otro virtual, además de una propuesta interactiva: “Pasás por boletería, te dan un boleto al azar, seguís las huellas hasta el relato que te toca y lo podés escuchar mientras ves el video o mientras observás el mural”, describieron.
Alrededor de 15 compañeros participaron del proyecto, que tuvo como antecedente una feria de ciencias sobre memoria realizada el año anterior. Para los estudiantes de Santa Rita, el libro también será parte de ese legado: esperan que las próximas generaciones puedan leerlo, conocer esas historias y seguir preguntando.