El cierre del evento anual organizado por el Consejo de Profesionales Vitivinícolas del NOA (Coprovi) tuvo un momento que detuvo el tiempo en la noche del sábado. En medio del clima distendido de la degustación, mientras los presentes puntuaban los vinos preparados para la ocasión, la pantalla gigante del patio del Centro de Convenciones de Cafayate se encendió con las imágenes de Rolando "Rolo" Díaz, el reconocido hacedor de vinos de Colalao del Valle había fallecido el pasado 13 de octubre.
Los acordes de "Oración del remanso" (Jorge Fandermole) empezaron a sonar y el murmullo se apagó. Fue el inicio del homenaje a un personaje admirado y querido en el mundo vitivinícola de los Valles Calchaquíes. Hubo lágrimas de emoción, abrazos entre los principales actores del vino de esta región del país y los aplausos de los presentes acompañaron respetuosamente. Cristina Díaz y Edgar Díaz, los hermanos de "Rolo", recibieron una botella gigante de vino con un mensaje de los técnicos que forman parte de Coprovi: "Que en cada copa perdure tu espíritu y en cada brindis tu recuerdo".
Qué es el Coprovi y por qué su filosofía de cooperación distingue a los Valles Calchaquíes"Fue algo muy lindo para nosotros. Particularmente es algo que a mí me llena el corazón de orgullo saber que lo querían tanto a mi hermano, que siempre fue un ser especial para mí, para nosotros", dijo Cristina, visiblemente conmovida a LA GACETA. Y agregó: "Le doy gracias a la gente del mundo del vino, porque se portaron muy bien cuando él estuvo enfermo, siempre preguntando, estando atentos a ver cómo estaba, en qué podían colaborar. Esas cosas no tienen nombre".
Sus palabras no fueron solo de agradecimiento, sino también de compromiso. "Yo por mi parte estoy tratando de seguir este legado, honrándolo a él y después aprendiendo a ver cómo vivir sin mi hermano del alma".
Daniel Heffner, enólogo e integrante de Coprovi, fue uno de los que no pudo contener las lágrimas. "Fue muy emotivo, todos nos emocionamos. El 'Rolo' fue algo muy importante en la historia del valle. Una persona muy carismática, que tenía su club de fans y que posicionó a Tucumán desde un perfil muy humilde, con un corazón enorme. Siempre estaba feliz", recuerda.
Para Heffner, la pérdida trasciende lo profesional: "Es una pérdida muy grande para la vitivinicultura, para lo que es el Coprovi. Fue un golpe al corazón, nadie esperaba que sucediera esto. Se lo va a extrañar muchísimo; era una belleza de persona, con la que nos juntábamos a comer un asado y a jugar al truco. Un ser humano tremendo".
Josefina Carro: “Tucumán tiene una identidad vitivinícola propia que queremos mostrar al país”De las damajuanas a la alta gama
Para entender la dimensión del legado de "Rolo", hay que retroceder en el tiempo. La historia empezó con un viñedo chico en Colalao del Valle. Don Javier Díaz, padre de Rolo y Delia Cristina, elaboraba un vino patero que vendía en damajuanas. Era un hacer artesanal, sin pretensiones comerciales, pero con el oficio de quien conoce la tierra.
En 2003, a partir de una idea de Cristina, los hermanos decidieron retomar la actividad familiar con el objetivo de producir vinos de calidad capaces de expresar el terroir de altura de La Ciénaga.
Juntos reciclaron las instalaciones de su padre y fundaron Altos La Ciénaga, un proyecto que desarrollaron durante las dos décadas siguientes con una visión conceptual y una apuesta por la planificación que los distinguió de la mayoría de los emprendimientos de la zona.
Díaz no fue solo un enólogo. Fue un pionero. En una región donde la vitivinicultura de altura estaba en pañales, él y su familia demostraron que se podía hacer vino de calidad en Colalao, con una mirada que combinaba el respeto por el terroir, la rigurosidad técnica y una sensibilidad especial para interpretar el paisaje.
Su partida dejó un vacío profundo en la comunidad vitivinícola. Pero el homenaje del Coprovi, con la música de "Oración del remanso" y las imágenes de su vida, demostró que su legado trasciende las botellas.