Por José María Posse
Abogado / escritor / historiador
En la céntrica esquina de San Martín y Laprida se yergue un imponente edificio, donde funcionó durante décadas el Banco de la Provincia de Tucumán. Sin lugar a dudas es una construcción emblemática de nuestra ciudad, que pudo ser visitada ayer durante la Noche de los Museos, dentro del Circuito Virasoro, y que incluyó también al Correo Central de la Provincia.
Ambas son obras del célebre arquitecto Alejandro Virasoro, un verdadero innovador de la arquitectura de la década de 1920 en la Argentina. Tanto el solar como el edificio tienen su historia, que merece ser conocida.
Crónicas del viejo Tucumán: de guerreros, gobernantes y filántroposLos orígenes
Según el recientemente fallecido investigador Juan García Posse, en tiempos del traslado de la ciudad desde Ibatín, la ochava noreste de la esquina de la actual Plaza Independencia fue un solar dado en Capellanía al Maestro Ángel de Pedrero por Leonor Bohórquez, esposa de Juan de Espinosa.
Ya en el siglo XIX, según la Memoria Histórica y Descriptiva de Tucumán publicada en 1872 por el Dr. Arsenio Granillo, allí se levantaba una suntuosa casa, propiedad de don Felipe Posse Tejerina. La describe: De un piso, con dos grandes patios, el primero de ellos octágono, rodeados ambos de elegantes galerías de columnas esbeltas. Tiene doble galería en la comunicación de los patios y en su entrada principal, pudiéndose registrar desde la puerta hasta su extremo que está ocupado por un lindo jardín cultivado con gusto y ordenado con esmero.
Crónicas del viejo Tucumán: la vida de Bernabé Aráoz; ¿héroe o villano?El caserón, según el mismo autor, fue el primero que se pintó al óleo en Tucumán. Para el inglés Tomás J. Hutchinson, la casa de Posse era la más importante que había visto en sus viajes por el noroeste, tal como no he visto otra hasta llegar a Córdoba.
Paul Groussac, durante su etapa tucumana (1871-1882), se alojaba en unos cuartos de propiedad de don Felipe y vecinos a su casa, sobre la actual calle San Martin. Las crónicas de la época recuerdan que se enamoró sucesivamente de dos de sus hijas, pero que a don Felipe no le agradó este candidato que poco respetaba a la religión. Actualmente una placa de bronce, sobre calle San Martín, recuerda su lugar de hospedaje en nuestra provincia.
El propietario
Nacido en 1806, don Felipe era el menor de los hijos de la heroína tucumana doña Águeda Tejerina de Posse. Su padre, don Manuel, era un gallego enriquecido con el comercio de ultramar. Enrolado en el partido unitario, en Junio de 1834, don Felipe junto al coronel Gerónimo Helguera, el doctor Ángel López y el coronel José Ignacio Murga fue encarcelado con el cargo de ser el cabecilla de una revuelta contra el gobernador federal Dr. Alejandro Heredia.
El intento había podido ser desbaratado gracias a una delación. Con fuerte custodia, se lo llevó al cantón de Lules, donde recibieron sentencia de muerte. Providencialmente, el castigo no se cumpliría. Durante el festejo del 9 de Julio en la Casa de la Independencia, el joven Juan Bautista Alberdi, recién llegado de Buenos Aires y protegido de Heredia, pedirá al gobernador por los cautivos a la hora del brindis. Heredia accedió a conmutar la pena de vida por la de destierro.
Así don Felipe y sus amigos partirían al exilio. A su regreso, se volcó a la actividad azucarera, fundando el Ingenio San Felipe, en los Aguirre, figurando entre los pioneros de la maquinización de la industria. En uno de sus viajes a Buenos Aires, se hizo retratar por los pintores Carlos Morel y Fernando García del Molino; el óleo fue un regalo para su madre.
Es una magnífica tela, reveladora de la gallardía de su figura: mozo de ojos celestes y mentón romántico, sin duda fue uno de los más codiciados por las niñas, en la aldea de su juventud.
Crónicas del viejo Tucumán: la provincia en la historia de la Industria NacionalEn 1862, fue uno de los electores tucumanos que votaron a Bartolomé Mitre para la Presidencia. Además de ser miembro frecuente de la Legislatura, presidió comisiones oficiales de importancia. Ya maduro, se casó con su sobrina carnal, doña Rafaela Posse Insúa, distinguida dama que figuró entre las fundadoras de la Sociedad de Beneficencia de Tucumán en 1858. Falleció en San Miguel de Tucumán el 30 de Julio de 1878, a los 72 años. Su esposa lo sobreviviría casi 40 años.
El Águila
Luego de la muerte de don Felipe y la liquidación de su ingenio, la familia vendió la casa, que fue sufriendo modificaciones con el tiempo; se le agregó una planta alta, que durante breve tiempo alojó al Club Social, y finalmente se abrió allí, en una fecha no precisada anterior al 1900, la “Confitería del Águila”.
El dueño era un español de trato agradable, don Jaime Escofet, de grato recuerdo entre los tucumanos de entonces. Según el Dr. Carlos Páez de la Torre fue un establecimiento muy afamado y bastante lujoso, como se ve en algunas fotografías. Su salón de bar, según los avisos, se especializaba en “cocktails de todas clases” y atendía “servicios de banquetes, lunchs y tertulias”. El sector confitería ofrecía “gran surtido de bombones, chocolates y dulces de todas clases, así como “vinos finos de oporto, jerez, málaga, etcétera”.
El mismo autor nos relata que El 6 de junio de 1915, consternó a los tucumanos la noticia de que don Jaime se había quitado la vida. “El Águila” desapareció al demolerse toda la esquina para levantar el Banco de la Provincia de Tucumán.
Virasoro
En 1927, durante la progresista gobernación del Dr. Miguel Campero, el Estado Provincial compró el terreno para erigir un edificio monumental, dada la relevancia económica del Tucumán industrial de aquellos años. Seguidamente se llamó a un concurso nacional de anteproyectos, al cual se presentaron los más prestigiosos estudios de arquitectura del país.
El ganador fue el arquitecto porteño Alejandro Virasoro (1892 -1978), reconocido como una de las figuras más influyentes del movimiento Art Déco en nuestro país. Una estricta modulación realizada a partir de “trazados reguladores”, una sucesión de formas elementales para resolver los principales espacios, volúmenes cúbicos y compactos hacia el exterior y ornamentos de formas geometrizadas, son elementos propios de su obra. En 1926, publicó “Tropiezos y dificultades al progreso de las nuevas artes”, polémico manifiesto vanguardista con el que generó un avivado debate teórico, en tono crítico hacia arquitectos y comitentes quienes, en su opinión, con su actitud ligada a ideas conservadoras, no propiciaban el desarrollo de una nueva arquitectura. Fue asimismo un precursor en la introducción del taylorismo en arquitectura, mediante una reducción en los plazos y costos a través de una adecuada organización de la obra y distribución de tareas. También introdujo nuevos sistemas de prefabricación (Liernur, J. & Aliata, F. -2004-. Diccionario de arquitectura en la Argentina: estilos. Obras. Biografías. Instituciones. Ciudades. S-Z. Buenos Aires: AGEA).
Crónicas del viejo Tucumán: cuando fuimos potenciaSus diseños de líneas planas y la geometría que proponía en sus obras fueron muy comentadas en su época, al punto que con los años se reconoció sus innovaciones como un “nuevo lenguaje técnico”. Sus obras más notables en Buenos Aires son La Equitativa del Plata, el Banco El Hogar Argentino y la Casa del Teatro. También realizó numerosos trabajos en Mar del Plata, Rosario y Tucumán (Correo Central).
El banco
La ejecución de la obra (1927/1928) significó un verdadero hito para la ingeniería pública local por su sorprendente velocidad. El proceso, que incluyó la demolición total del inmueble antiguo, las profundas excavaciones de los sótanos y el levantamiento de la estructura de 7.406 metros cuadrados tomó tan solo un año de construcción. Participaron constructores locales.
El diseño del banco tucumano incluyó un imponente hall central octogonal coronado por una espectacular cúpula escalonada. También innovó rompiendo el estilo francés que se imponía en los edificios monumentales alrededor de la plaza. El flamante edificio fue inaugurado oficialmente con grandes celebraciones el 14 de abril de 1928.
Crónicas del viejo Tucumán: Martín Miguel de Güemes, más allá del mitoDurante décadas, fue el corazón financiero de la provincia hasta 1996, año en que el Banco de la Provincia de Tucumán fue privatizado. A partir de allí, el colosal inmueble pasó a manos del Estado provincial. En 1998 fue cedido provisionalmente a la Defensoría del Pueblo y posteriormente se convirtió en la sede de la Secretaría de Estado de Hacienda y de diversas dependencias judiciales. En dos años, se convertirá en un edificio centenario y son muchas las instituciones y personas que bregan por darle una nueva función como museo provincial. Actualmente existe un anteproyecto avalado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI) para su restauración integral y refuncionalización cultural.