Francia volvió a vivir este sábado una jornada de tensión social, con protestas en distintas ciudades y fuerzas de seguridad que utilizaron gases lacrimógenos para dispersar manifestaciones no autorizadas. Las movilizaciones, protagonizadas por chalecos amarillos, estudiantes y sindicatos, se produjeron una semana después de los disturbios que conmocionaron al país y pusieron al gobierno de Emmanuel Macron bajo presión.
Francia se prepara para la marcha de los chalecos amarillos: helicópteros, blindados y soldadosAnte el temor de que se repitan las escenas de violencia y saqueos de los últimos días, las autoridades desplegaron un amplio operativo de seguridad. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, anticipó una respuesta firme frente a los desórdenes: “Seremos intransigentes”, advirtió al presentar el dispositivo, que contempla la participación de 70.000 agentes, unidades policiales de élite, soldados de la misión Sentinelle y blindados de la gendarmería, además de helicópteros y drones.
Emmanuel Macron restringirá las manifestaciones en Francia tras las protestas socialesEl Gobierno atribuyó los episodios de violencia a “grupúsculos de ultraizquierda”, entre ellos antifascistas, anarquistas y grupos anarcoautónomos. Según las autoridades, a esos sectores se habrían sumado jóvenes y otros supuestos “delincuentes oportunistas”, señalados por participar en saqueos de comercios.
Francia e Italia recurren a las fuerzas armadas para contener la ola de disturbios y saqueosComo parte de las medidas para recuperar el control, desde el lunes se dispusieron restricciones nocturnas en barrios de grandes ciudades y se prohibieron determinadas manifestaciones. El presidente Macron sostuvo que las convocatorias de protesta deben provenir de actores considerados “legítimos”, como los sindicatos.
Mélenchon exigió que Macron ceda ante los reclamos
En paralelo al despliegue policial, el dirigente de izquierda Jean-Luc Mélenchon elevó la presión política sobre el Presidente. El líder de La Francia Insumisa le reclamó que acepte las demandas de los manifestantes y advirtió que, de persistir el conflicto, podría quedar frente a una situación que lo obligue a dimitir.
“Aún tiene tiempo de ceder”, afirmó Mélenchon durante una movilización en París, al referirse a los reclamos de los estudiantes de secundaria, cuyo descontento estuvo en el origen de las protestas. “Después de eso, no le quedará más remedio que dimitir”, agregó.
El dirigente elogió la respuesta de los manifestantes y destacó lo que describió como una movilización masiva, marcada por la disciplina colectiva y el autocontrol, pese a los disturbios registrados el sábado anterior.
“Es un momento muy hermoso en la historia de los movimientos populares de nuestro país. Esto se repetirá cada semana”, pronosticó. También advirtió que una huelga general, convocada para el 5 de noviembre, podría agravar el escenario si el Gobierno no modifica su postura.
“O bien el señor Macron cede de inmediato, o se verá obligado a hacerlo en circunstancias mucho más arriesgadas”, sostuvo.
Cruces por las restricciones a las manifestaciones
Mélenchon también cuestionó las decisiones de las autoridades para controlar las protestas, en particular las restricciones al derecho de manifestación y los cambios en el recorrido previsto para la movilización parisina.
A su juicio, las medidas oficiales contribuyen a profundizar el conflicto en lugar de contenerlo. “El poder” reúne “las condiciones para el desorden”, afirmó, antes de advertir que “todo está ahí para provocar una explosión”.
El dirigente llamó a las autoridades a detener las medidas que considera provocaciones y apeló a la responsabilidad colectiva de los manifestantes para evitar nuevos episodios de violencia.
La nueva jornada de movilizaciones expone así el desafío que enfrenta el Gobierno francés: contener los disturbios y garantizar la seguridad sin profundizar el enfrentamiento con los sectores que mantienen sus reclamos en las calles.