Deslucida y con algo de polvo, la magnífica obra al óleo sobre masonita de “Las conchas del concejal Merriam” que describía las experiencias e identidad de la célebre artista surrealista Gertrude Abercrombie yacía en uno de los rincones oscuros de la casa de un médico difunto en Michigan, cuya herencia estaba liquidándose en un remate de bienes patrimoniales en julio. Un adquirente de segunda mano con buen ojo para el arte de calidad decidió arriesgar unos U$S 30 para luego descubrir que el valor era de unos U$S 1,35 millones en una posterior comercialización.
Christa Pike sobrevivió a la pena de muerte: los otros casos de ejecuciones fallidas en Estados UnidosUn cuadro de apenas 20x28 centímetros conseguido por apenas U$S 30 por un afortunado cazador de tesoros resultó ser una de las célebres obras ocultas de Gertrude Abercrombie, que permaneció en reserva durante casi 75 años. Su descubridor, "un coleccionista empedernido de discos y muebles de mediados de siglo", según la casa de subastas Freeman’s lo encontró entre el patrimonio de un médico que estaba siendo rematado. Allí lo halló "escondido en un rincón oscuro de un pasillo que conduce al garaje, sin que ningún otro postor lo viera ese día".
El viaje de investigación y la prueba del catálogo
El perspicaz comprador detectó en la esquina inferior izquierda la discreta firma de la artista: “Abercrombie, '51”. Intrigado por el hallazgo, decidió emprender un viaje familiar hacia el Museo de Arte de Milwaukee, donde casualmente se exhibía una muestra dedicada a la pintora. En el catálogo oficial, un recorte de prensa del Chicago Tribune de 1952 despejó todas las dudas: aparecía la fotografía exacta del cuadro junto a las conchas marinas reales que sirvieron de inspiración.
La historia detrás de la obra es tan singular como su redescubrimiento. Finalizada en 1951, la pieza representa diez conchas marinas que pertenecieron a Robert Merriam, un concejal del barrio de Hyde Park, Chicago, zona donde la pintora residía y solía organizar célebres tertulias culturales junto a leyendas del jazz como Dizzy Gillespie y Charlie Parker. Abercrombie nunca puso a la venta este óleo, sino que prefirió entregárselo a su doctor personal, John T. Reynolds de Kalamazoo, Michigan, como parte de pago por sus servicios profesionales en 1952. Tras la muerte del galeno, la joya surrealista quedó olvidada en el pasillo que conducía al garaje de la propiedad.
Una subasta récord
Para verificar la autenticidad, la obra de 8x11 pulgadas fue llevada ante Susan Weininger, especialista en Abercrombie y profesora de la Universidad Roosevelt, quien confirmó que mantenía incluso su marco original. Posteriormente, el restaurador Julian Baumgartner llevó a cabo una delicada limpieza de la superficie. “Estaba apagado, sin vida, pero ahora que lo hemos limpiado, retocado y barnizado, está vivo y radiante”, detalló el especialista tras remover el polvo acumulado por décadas.
Aunque la casa de subastas Freeman’s había estimado inicialmente que el valor del lote oscilaría entre los U$S 150.000 y los U$S 250.000, la puja en la sede de Manhattan superó todas las expectativas. La venta final alcanzó la cifra récord de U$S 1,35 millones, superando el máximo histórico anterior de la artista establecido por la obra "Mensaje para la Misericordia", vendida en Sotheby's por U$S 1,02 millones. “Obviamente estamos eufóricos con este resultado; ¡menuda rentabilidad para una inversión de 30 dólares!”, celebró Zachary Wirsum, vicepresidente sénior de la firma subastadora.