En el primer partido del Mundial, Victoria Sauze no entró y, cuando volvió a la habitación, lloró. Sintió bronca y tristeza, pero puso en práctica algo que ya había aprendido en su recorrido con Las Leonas: aceptar la frustración, procesarla fuera del grupo y acompañar a la compañera que ocupaba su lugar en la cancha.
Victoria Sauze y el sacrificio para llegar a Las Leonas: “Dejé 15 años de vida en Tucumán”En una entrevista con Federico Van Mameren en Panorama Tucumano, Sauze habló sin rodeos sobre una de las tensiones más difíciles del deporte de alto rendimiento: todas entrenan para jugar, pero ninguna tiene garantizado hacerlo. Llegar a Las Leonas supone imponerse en una competencia individual; una vez adentro, esa ambición debe convivir con un objetivo que pertenece a todo el equipo.
Victoria Sauze volvió a casa: las fotos del emotivo homenaje en Tucumán Rugby“Somos un plantel grande y todas queremos estar en la lista de 18 o 20 jugadoras para jugar un Mundial y sumar minutos. El secreto está en el detalle del día a día, entendiendo que la de al lado te potencia. Aunque compita con mis compañeras, yo compito conmigo misma para ser mi mejor versión”, explicó.
Entre la gloria mundial y la realidad del amateurismo: el análisis de "Vicky" Sauze sobre el hockey argentinoCuando el entrenador decide que una jugadora no estará en la cancha, aparecen emociones que no se resuelven apelando únicamente al espíritu colectivo. Sauze lo admite: “Te enojás con el entrenador que toma la decisión, con vos misma o con la situación”, reconoció. Su aprendizaje no consistió en evitar esas reacciones, sino en aceptar que también forman parte de la experiencia. “El primer paso es la aceptación: sentir la emoción, respirar, bajar un cambio y estar tranquila de que diste todo lo que estaba a tu alcance. A veces los egos son grandes, pero entender el juego de esa manera hace la diferencia en un equipo”.
Durante el Mundial tuvo que poner en práctica ese ejercicio. “En el primer partido no me tocó estar adentro y lloré”, reveló. Para atravesar ese momento buscó un espacio por fuera del grupo: habló con su familia y con su psicóloga y coach en la habitación.
No se trataba de esconder lo que sentía, sino de encontrar como procesarlo. “Descargarse en el grupo es complicado porque otra compañera está jugando en ese lugar. Lo más genuino es apoyar desde el banco”, señaló.
Allí aparece una dimensión del equipo que no siempre se observa desde afuera. No alcanza con que el entrenador distribuya los lugares o establezca las reglas. Según Sauze, el propio grupo también regula los egos cuando todas sus integrantes están alineadas detrás de un mismo objetivo.
“Es un logro individual que luego ponés al servicio de algo mayor, que es el equipo”, sintetizó. Ese aporte tampoco se limita a lo que sucede dentro de la cancha. Puede consistir en jugar, pero también en acompañar, transmitir experiencia o ayudar a que otra compañera llegue mejor preparada al partido.
Sauze, una de las mayores del plantel, encontró allí una función propia. “Haber vivido cosas más allá del deporte ayuda a ver todo con otra impronta. Este año me tocó a veces estar en cancha y a veces no, pero lo importante fue entender mi rol en cada momento y potenciar a mis compañeras”.
Aceptar ese lugar no significó dejar de querer jugar ni disimular la decepción. Significó reconocerla sin convertirla en un problema para quien estaba dentro de la cancha. En esa convivencia entre el deseo personal y la necesidad colectiva también se construyó el equipo que terminó levantando la Copa del Mundo.