Juan Carlos De Pablo trazó un diagnóstico crítico sobre la economía argentina y puso el foco en una característica que, a su juicio, suele quedar relegada en los análisis: la heterogeneidad de la realidad económica. Según el economista, cualquier estrategia de política económica requiere primero un diagnóstico preciso, porque las situaciones varían significativamente según el sector y la región.

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“La realidad es totalmente heterogénea. Yo te puedo decir que hablo con 20 personas por día y tengo 20 discursos, 20 relatos; es una heterogeneidad que desafía los sectores y la geografía”, sostuvo.

Una calma del dólar que no debe darse por sentada

Al referirse a la evolución del dólar y la inflación, De Pablo pidió no interpretar la estabilidad cambiaria como una situación necesariamente permanente. Consideró que se trata de un fenómeno relativamente nuevo cuya duración todavía resulta difícil de determinar.

“Estamos delante de un fenómeno nuevo. Transitorio o permanente, no tengo cómo saberlo”, señaló.

En ese escenario, planteó que, ante la incertidumbre, los agentes económicos pueden adoptar conductas preventivas. “Por la duda, parece bastante prudente que vamos a entrar en esa condición y decir: ‘Compro’”, afirmó, en referencia a la posibilidad de una mayor demanda de dólares.

Según De Pablo, la discusión no debería limitarse a intentar anticipar un precio puntual del dólar, sino a comprender qué factores están detrás de la demanda de divisas y de la estabilidad actual.

La “enfermedad holandesa” y el problema de la competitividad

Uno de los conceptos que el economista recuperó para analizar la situación argentina fue el de “enfermedad holandesa”, un fenómeno asociado a la apreciación de la moneda de un país como consecuencia de un fuerte ingreso de divisas generado, por ejemplo, por el auge de una actividad exportadora.

De Pablo recordó el caso de los Países Bajos durante la década de 1960, tras el descubrimiento de gas en el Mar del Norte. El incremento de las exportaciones produjo una caída del tipo de cambio que terminó afectando la competitividad de determinados sectores industriales.

“Se empezó a exportar, cayó el tipo de cambio, apareció el fenómeno de desindustrialización. Es decir, algunas industrias que tenían, digamos, cerraron. Esa es la idea de la enfermedad holandesa”, explicó.

A partir de ese antecedente, advirtió que la Argentina debe prestar atención a los efectos que una eventual apreciación cambiaria podría tener sobre determinados sectores productivos. Sin embargo, remarcó que el problema de fondo no puede resolverse exclusivamente mediante el tipo de cambio.

“Esto no se va a resolver con tipo de cambio. A ver qué hacés vos, interiormente, con la estructura de costos, qué hace la política con el sistema impositivo, con las regulaciones, con los juicios, cosas por el estilo”, planteó.

En esa línea, también reivindicó la importancia de anticipar escenarios de riesgo. “Cuando vos sos asesor, nunca sos penalizado por alertar contra cosas que no ocurren. Pero sos penalizado por no haber alertado contra cosas que ocurren”, sostuvo.

La política económica y el “momento de la verdad”

De cara al escenario electoral, De Pablo relativizó la posibilidad de que la próxima campaña esté dominada por debates técnicos y racionales sobre política económica.

“Nadie va a pensar que vamos a tener una campaña racional. Va a ser una campaña de eslóganes, de esto, de lo otro... y Dios sabe cómo se hace para ganar una elección”, afirmó.

El economista también describió el desafío que enfrentará quien llegue a la Presidencia en 2027, independientemente de quién resulte ganador. Ese momento, según su visión, llegará cuando termine la campaña y el próximo mandatario tenga que hacerse cargo de la gestión cotidiana de la economía.

“Ese es el momento en el cual el presidente de la Nación se cansó de dar la mano a los dignatarios extranjeros, pidió un café, mira el cementerio que le dejó el otro y dice: ‘Ahora qué carajo hago’”, graficó.

Consumo, indicadores y una Argentina difícil de resumir

El economista también cuestionó las interpretaciones de la economía basadas exclusivamente en indicadores generales, particularmente en torno al consumo. Según De Pablo, extrapolar la experiencia individual o la de determinados grupos al conjunto de la sociedad puede llevar a conclusiones equivocadas.

“La tentación de explicar lo que pasa en la Argentina por lo que nos pasa a mí o por los habitantes es entendible”, sostuvo. En ese sentido, advirtió que los cambios en los hábitos de consumo y la sustitución entre distintos canales pueden distorsionar la lectura de los datos.

“Si yo tengo sustitución entre canales, no me venga con un dato. Porque un dato no es indicador de lo que es la Argentina”, señaló. Su planteo apunta, en definitiva, a evitar que un único indicador sea utilizado para describir una economía marcada por diferencias profundas entre sectores, regiones y niveles de ingresos.

El déficit fiscal y el discurso electoral

Por último, De Pablo se refirió a las expectativas que puede generar la campaña electoral y descartó que sea probable que los principales candidatos defiendan abiertamente un regreso a las políticas de déficit fiscal.

“No me imagino, en la campaña electoral del año que viene, un candidato a presidente que diga: ‘Viva el déficit fiscal, volvamos a la joda’”, afirmó. Pero inmediatamente introdujo un matiz: que un candidato no reivindique explícitamente determinadas políticas durante la campaña no significa necesariamente que no pueda modificarlas una vez en el poder. “Porque entendamos, la lógica de una campaña es que decís cosas”, concluyó.