La lluvia fue una de las protagonistas al comienzo de la jornada, pero quedó rápidamente en segundo plano cuando la música tomó el escenario del Norte Rock. Desde la energía de El Plan de la Mariposa hasta los clásicos de Ratones Paranoicos y el cierre de Ciro y Los Persas, el predio Castillo atravesó distintas generaciones, canciones y formas de vivir el rock frente a un público que acompañó cada presentación.
El Norte Rock 2026 ya está en marcha: todo lo que tenés que saber para disfrutar del festivalEl Plan de la Mariposa fue una de las primeras bandas nacionales en encender la jornada. Vestidos con pilotos azules, los siete integrantes aparecieron juntos sobre el escenario. Sebastián Andersen, cantante principal, estuvo acompañado por sus hermanos Camila, Valentina, Santiago y Máximo, además de Andrés Nor y Julián Ropero. Desde el comienzo, la formación mostró una energía arrolladora, con desplazamientos constantes, saltos y una conexión inmediata con la multitud.
Llegó el día del Norte Rock 2026: a qué hora se abren las puertas para el público y qué bandas estarán“El Ángel del 152” abrió el show y provocó un grito generalizado. El repertorio continuó con “Mar argentino”, “Romance con el desapego”, “Serenata de una ruta larga” y otros temas que reunieron a tucumanos y fanáticos de todo el NOA frente al escenario.
¿Vas a la cancha o al Norte Rock? Preparate porque así estará el tiempo en TucumánUno de los momentos más esperados llegó con “El Riesgo”. Los integrantes se ubicaron al borde del escenario, saltaron y saludaron a la multitud, mientras “Sebas” Andersen se inclinaba hacia quienes cantaban desde las primeras filas. Después, “Túnel de la Vida” convirtió el predio en un coro multitudinario con la frase “hay un cielo para ver de la ventana del avión… hay otro para ir a conectarme con vos”.
Entre quienes cantaban estaba Luciana Hernández, que ya había visto a la banda durante su anterior visita a Tucumán. “Me encantó volver a verlos. Es la segunda vez, ya que los había visto cuando vinieron al Club Floresta. Son mágicos los chicos y no podía dejar de cantar ‘Túnel de la Vida’. Los amo”, expresó.
La intensidad también se reflejó en la respuesta de quienes estaban frente al escenario. Cada cambio de ritmo provocó nuevos saltos y oleadas de aplausos, mientras las voces del público se imponían por momentos sobre la música. Andersen aprovechó una pausa para agradecer esa entrega. “Muchas gracias por permitir este espacio. Gracias por cantar así, que hayan venido a estar, a ponerle el cuerpo”, expresó.
Los clásicos
Después llegó Ratones Paranoicos. Juanse apareció con una chaqueta de cuero brillante y la guitarra en mano. Frente a él, las banderas, los silbidos y los aplausos acompañaron un show sostenido por canciones que forman parte de la historia del rock argentino.
Las guitarras marcaron el pulso y los primeros saltos llegaron con los solos. En “Rock del pedazo”, el público reconoció la canción apenas apareció su frase más conocida. Después sonaron “Lluvia de héroes”, “Ya morí”, “Vicio” y “Damas negras”. Esta última encontró la escena justa: era sábado por la noche y nadie parecía dispuesto a abandonar el predio.
Después del segundo tema, Juanse lanzó una frase inesperada. “Gracias, Tucumán, por el aguante. Este es nuestro último show”, dijo. No aclaró si se refería a la provincia, al Norte o a una etapa de la banda. Tampoco hubo un anuncio posterior: la música volvió a ocupar el centro casi inmediatamente.
Entre quienes siguieron el recital estaba Rosario. “La energía fue muy buena”, contó después de la presentación. Para ella, las incomodidades de la jornada no alcanzaban para opacar la experiencia. “A pesar de todo, es una vez al año, no todos los días se hace el Norte Rock”, resumió sobre la posibilidad de encontrarse con una de las bandas históricas del rock argentino.
Historias y canciones
El tramo final tuvo a Ciro y Los Persas como protagonistas. “Ciro, Ciro, Ciro”, comenzó a bajar desde distintos sectores de la multitud y se convirtió en una de las postales del recital. “Caminando” abrió el show y rápidamente puso a cantar al público. Después llegaron “Desde lejos no se ve”, uno de los clásicos de Los Piojos, y “Ruleta”, antes de que “Antes y después” provocara una de las grandes explosiones de la noche.
Para Salvador Bellomio, de 15 años, estar allí tenía un significado especial. La pasión por Los Piojos forma parte de su historia familiar: su mamá Miriam es fanática de la banda desde los 90 y fue quien le transmitió ese vínculo. La influencia llegó incluso al nombre de uno de sus hermanos, Ciro, elegido en homenaje al cantante. Salvador, además, comenzó a tocar la armónica a los 11 años inspirado por su ídolo.
Antes del recital, Salvador y Sofía Chebaia, de 17 años, habían conseguido encontrarse con Ciro durante su estadía en Tucumán. Ambos se conocieron en un tributo a Los Piojos y después formaron una banda. Salvador pudo abrazar al cantante, conversar con él y hacer que le firmara su armónica.
Sofía, bajista, también se encontró con Luciana “Luli Bass” Valdés, integrante de Ciro y Los Persas y del regreso de Los Piojos. La música le dejó una frase que difícilmente olvide: “Si la música es tu pasión, no bajes los brazos”.
Entre el público también estaba Jazmín Vargas Mopty, de 20 años, que había llegado especialmente por Ciro y esperaba escuchar “Héroes de Malvinas”. El cierre terminó dándole otra dimensión a esa expectativa. En las pantallas aparecieron imágenes de la selección argentina, la final del Mundial, los goles y distintos momentos del torneo, hasta llegar a la bandera de las Islas Malvinas que los jugadores mostraron durante los festejos.
Así terminó una noche atravesada por tres propuestas distintas. El Plan de la Mariposa hizo del escenario una celebración colectiva, Ratones Paranoicos recuperó parte de la historia del rock argentino y Ciro y Los Persas cerró con canciones que, para muchos de los presentes, están ligadas también a historias familiares, recuerdos e identidades construidas alrededor de la música.
Precios del festival
- Merchandising. Afuera del predio se ofrecieron remeras, pines, pañuelos y buzos vinculados con las bandas. Los precios iban desde $2.000 los pines, $10.000 los pilosus, hasta $60.000 los buzos.
- Comida. Dentro del predio, las distintas opciones gastronómicas costaban entre $6.000 los panchos, $14.000 las papas y hamburguesas desde $12.000.
- Bebidas. La cerveza que se vendió dentro y costó $8.000.
- Pilotos de lluvia. En los puestos externos se ofrecían a $20.000.
Dos formas de hacer rock en Tucumán
La Belisario y La Llorona llevaron improntas diferentes a la apertura del festival
La Belisario y La Llorona tuvieron la tarea de abrir el escenario más importante del NOA y lo hicieron desde lugares muy distintos: una con la energía de un grupo de amigos que creció sin perder la lógica de la juntada; la otra, con una voz y una presencia capaces de convertir hasta la lluvia en parte del espectáculo.
La Belisario fue la primera en aparecer, con el clima relajado y mientras el público terminaba de ingresar y el predio empezaban juntarse , el primer golpe de guitarras de la tarde quedó en manos tucumanas. Seis años atrás eran amigos tocando en una casa de la calle Belisario Roldán, cerca del Parque Centenario. Hubo cambios de integrantes, ensayos entre horarios de trabajo y facultad, audios de WhatsApp que después se volvieron canciones y varias idas y vueltas. Este sábado, todo ese recorrido desembocó en el escenario del Norte Rock.
“Apareciste” y “Canciones tristes”, dos temas que resumen parte de esa identidad.
Después llegó La Llorona y su Jardín de Dragones. Camila Plaate entró con un grito de -“¡Viva la libertad!”- y, casi al mismo tiempo, comenzó a llover. La coincidencia parecía escrita para el show. Lejos de bajar la intensidad, la cantante respondió con más cuerpo, más voz y más energía. “Bailemos en la lluvia”, lanzó desde el escenario. A partir de ahí, el agua dejó de ser una amenaza y se convirtió en escenografía.
La banda avanzó por un sonido áspero, potente y sin demasiadas concesiones. “Lloviendo”, “Cosas sagradas” y “Magnífica” aparecieron dentro de un show que se sintió físico: no alcanzaba con escucharlo, había que dejarse atravesar por la batería, las guitarras y una voz que podía tensarse hasta parecer al borde del quiebre. Plaate no buscó protegerse del clima. Cuanto más llovía, más parecía afirmarse sobre el escenario.
En esa forma de cantar con todo el cuerpo se entienden el rock como una actitud antes que como una etiqueta. Hay incomodidad, potencia y una decisión de no suavizarse para caer bien. Camila llevó esa energía al Norte Rock con una identidad propia, acompañada por un Jardín de Dragones donde conviven músicos de distintas generaciones.