El tiempo perdido, los cargos sorpresa, y los trámites diseñados para agotar. Todo esto configura lo que se conoce como la “economía del fastidio”. La burocracia tiene un costo para el bolsillo de los argentinos. Y Focus Market la cuantificó. De acuerdo con la consultora, a cada hogar argentino, todo eso le cuesta, un promedio de $ 23.912 mensuales. El costo puede ser considerado no muy elevado, pero, ¿quién se hace cargo del tiempo que cada persona le dedica a luchar contra aquella burocracia? Y, sobre todo, el mal momento que cada individuo pasa.
“La economía del fastidio se volvió una categoría silenciosa pero muy presente en la Argentina actual: costos ocultos, trámites interminables, servicios imprevisibles y tiempo perdido que terminan afectando tanto el consumo como la productividad. En un contexto donde la inflación dejó de ser el único problema visible, empieza a pesar también el desgaste cotidiano de operar en una economía friccionada”, expresó Damián Di Pace, director de Focus Market.
Burocracia estatal en la construcción privada: en Tucumán, un proyecto puede demorar un año en aprobarse y costar $55 millones en trámitesQuería dar de baja su línea de celular. Lo que siguió fue una hora de su vida que no va a recuperar. Lo derivaron de un operador a otro, cada uno solicitándole los mismos datos desde el principio. Cuando finalmente alguien inició el proceso de baja, le preguntó el motivo. Para cortar con la conversación, respondió que se mudaba a Noruega. La respuesta del operador fue impecable: que podía cederle la línea a un familiar, expone la consultora. La escena podría ser el argumento de una comedia, pero es una experiencia real. Eso es la Economía del Fastidio.
El concepto fue acuñado por los economistas Chad Maisel y Neale Mahoney en un informe publicado en 2025 por Groundwork Collaborative. Lo definen como el conjunto de costos que los consumidores pagan en tiempo, dinero e irritación para navegar su vida cotidiana: horas en espera con atención al cliente, tarifas sorpresa que aparecen en el último paso del checkout, suscripciones que se renuevan solas a precios que nadie recordaba, trámites diseñados para agotar antes que para resolver. No se trata solo de ineficiencia: muchas de estas prácticas son deliberadas. Las empresas hacen fácil lo que les conviene y difícil lo que el consumidor necesita.
La Libertad Avanza Tucumán celebró la aprobación de la reforma laboral: "Menos burocracia, más trabajo"Lo más irritante
¿Dónde duele más? Para saberlo, Focus Market relevó a 2.640 consumidores con una pregunta concreta: ¿cuál de estas prácticas les resulta más irritante al momento de la compra? Los resultados no dejan lugar a dudas. El primer puesto, con el 46% de las menciones, lo ocupa la letra chica y las condiciones ocultas: requisitos poco visibles, cantidades mínimas no informadas, combinaciones de productos que no quedaron claras. Casi la mitad de los encuestados señala que el problema no es el precio en sí, sino que el precio real aparece después, cuando ya se invirtió tiempo y atención en la decisión. En segundo lugar, con el 28%, aparecen las ofertas y promociones confusas: el “solo por hoy”, el descuento condicionado a una tarjeta específica, el beneficio que tiene tantas excepciones que en la práctica no aplica a casi nadie. La urgencia artificial y la ilusión del ahorro son herramientas de marketing tan extendidas que los consumidores ya las identifican como una forma de engaño. El tercer fastidio más frecuente, con el 13%, es el costo de envío inesperado: ese cargo que no figura en el precio anunciado y que aparece en el último paso del proceso de compra, cuando el consumidor ya dedicó tiempo a armar su pedido. Una práctica tan habitual en el comercio electrónico que muchos la dan por descontada, aunque no la toleran.
El Bajo padece la burocracia del Municipio capitalino y de la Provincia“El consumidor posterga decisiones, las empresas absorben ineficiencias y el humor social se deteriora. El desafío no es sólo estabilizar variables macroeconómicas, sino reducir la carga de incertidumbre y complejidad que atraviesa la vida diaria. Porque cuando el fastidio se vuelve estructural, también se transforma en un costo económico”, indicó Di Pace.